Asesinato en el Monte Fuji
Argumento
Hay familias en las que pasar las fiestas de Año Nuevo significa comer juntos, intercambiar regalos y fingir que todo va estupendamente. Y después están los Watsuji.
Ichijo Harumi tiene veinticinco años, sueña con convertirse en dramaturga y se gana la vida dando clases particulares de inglés a Mako, una joven heredera de una de las familias empresariales más poderosas de Japón. Cuando acepta pasar con los Watsuji las fiestas de Año Nuevo al pie del monte Fuji para ayudar a su alumna con su tesis, probablemente espera encontrarse con una familia acomodada, alguna que otra cena incómoda y poco más. Lo que no espera es que Mako aparezca cubierta de sangre y confiese haber matado a Yohe, el patriarca del clan. Según la joven, ha actuado en defensa propia después de que su abuelo intentara agredirla. La familia decide entonces hacer lo que cualquier familia preocupada por su reputación haría en una situación semejante: guardar silencio y ocultar el cadáver.
El problema es que las cosas no tardan en dejar de encajar. Porque cuando aparecen las preguntas, también aparecen los secretos, las rivalidades y las razones que cada miembro de la familia podría tener para querer muerto al patriarca. Y Harumi, que inicialmente solo estaba allí para ayudar a Mako con una tesis, empieza a sospechar que quizá el verdadero misterio no sea quién mató a Yohe, sino cuántas personas tenían motivos para hacerlo.
Gooseopinión
He encontrado algo deliciosamente clásico en Asesinato en el monte Fuji, una casa familiar aislada, un patriarca muerto, varios posibles culpables, secretos que nadie quiere contar y una protagonista que empieza a darse cuenta de que cuando todo el mundo parece estar ocultando algo, probablemente nadie está contando la historia completa.
Shizuko Natsuki construye su misterio desde ahí, pero lo interesante es que el asesinato no termina siendo más que la puerta de entrada. No estamos ante una novela que intenta averiguar quién mató a Yohe, sino una novela sobre lo que una familia está dispuesta a hacer para protegerse a sí misma, donde el concepto de honor adquiere un peso mucho mayor que el de una simple reputación familiar. La decisión de los Watsuji de ocultar lo ocurrido coloca a todos los personajes dentro de una especie de pacto de silencio en el que la verdad deja de ser algo objetivo para convertirse en algo que cada uno necesita administrar según sus propios intereses. El cadáver está ahí, los hechos han ocurrido, pero lo verdaderamente curioso es comprobar cómo cada personaje intenta construir una versión de esos hechos que le permita seguir viviendo con ellos.
Harumi funciona bien como punto de entrada para el lector porque no pertenece realmente a ese mundo. Está cerca de Mako, pero no forma parte de la familia; conoce algunas cosas, pero no todas; observa desde dentro, aunque conserva una cierta distancia, donde esa posición resulta fundamental para que podamos entrar en la casa Watsuji sin convertirnos inmediatamente en cómplices de sus secretos. Además, Harumi no llega allí como detective. Su papel no consiste inicialmente en resolver un crimen, sino en acompañar a una joven a la que conoce y en quien confía. Por eso el descubrimiento de que Mako afirma haber matado a su abuelo introduce una cuestión mucho más personal que la simple curiosidad por descubrir al asesino: ¿hasta dónde estás dispuesto a creer a alguien que quieres?
Y algo todavía más complicado: ¿qué haces cuando empiezas a sospechar que esa persona puede no estar contándote toda la verdad?
La novela aprovecha muy bien ese conflicto para introducirnos en una familia donde las relaciones están atravesadas por intereses, rivalidades y jerarquías. El patriarca no es solamente la víctima de un asesinato, su muerte altera el equilibrio de poder dentro del clan y hace que las relaciones entre sus miembros puedan leerse de otra manera. Lo que antes parecía una discusión familiar puede convertirse en un móvil. Lo que parecía una lealtad puede esconder miedo. Y lo que parecía protección puede ser simplemente una manera de controlar el relato. Una buena novela criminal no debería limitarse a preguntarnos quién lo hizo, sino conseguir que empecemos a preguntarnos por qué todos parecen tener algo que perder si descubrimos la respuesta. Natsuki juega con una tradición muy reconocible dentro del misterio clásico, pero lo hace desde un contexto japonés que aporta otra capa al conflicto. El peso de la familia, las apariencias, la reputación y el honor no funcionan únicamente como elementos decorativos, sino como fuerzas que condicionan las decisiones de los personajes, haciendo que el escenario sea mucho más que una postal japonesa con el monte Fuji al fondo. De hecho, el propio paisaje es totalmente apropiado para esta historia, una casa familiar, las fiestas de Año Nuevo, el aislamiento y la presencia constante del Fuji construyen un espacio cerrado en el que nadie parece poder escapar demasiado lejos de los demás ni de aquello que sabe. Es el escenario perfecto para que los secretos empiecen a pesar.
La estructura cuenta con ese placer tan reconocible del misterio clásico que tanto me gusta, sospechar de todos, cambiar de opinión, volver sobre una conversación anterior y preguntarte si aquel detalle que parecía insignificante quizá no lo era tanto. Pero Asesinato en el monte Fuji no necesita correr para mantener el interés. La intriga avanza mientras vamos conociendo las relaciones entre los personajes y entendiendo poco a poco que el verdadero problema de los Watsuji no es solamente que haya muerto el patriarca. Es que su muerte puede hacer que todo lo que habían construido empiece a resquebrajarse. Y cuando una familia lleva demasiado tiempo sosteniendo las apariencias, basta con que aparezca una grieta para que empiece a salir todo lo que había detrás.
Publicada originalmente en 1982 y recuperada ahora para el público español, la novela permite además acercarse a una autora fundamental del misterio japonés, cuya obra permanecía inédita en nuestro idioma. Natsuki fue una autora extraordinariamente prolífica y recibió, entre otros reconocimientos, el Premio de los Escritores de Misterio de Japón y el Japan Mystery Literature Award por el conjunto de su trayectoria.
Y me resulta especialmente interesante que la primera puerta que se abra en español sea precisamente esta, un misterio clásico que utiliza el crimen para hablar de aquello que las familias esconden cuando lo importante no es la verdad, sino quién tiene derecho a contarla.
Recomendado para...
Lectores que disfrutan de los misterios clásicos, las familias llenas de secretos, las casas donde todo el mundo parece sospechoso y las novelas en las que el crimen sirve para levantar la alfombra y descubrir qué llevaba años escondido debajo. También para quienes quieran acercarse a la novela criminal japonesa sin entrar directamente en propuestas excesivamente oscuras o violentas.
Si disfrutas de Agatha Christie, los misterios de habitación cerrada y las historias de reparto coral en las que todos tienen algo que ocultar, aquí encontrarás muchos elementos familiares, pero dentro de un contexto cultural diferente que aporta su propia personalidad al conflicto. Y si después quieres seguir explorando la novela negra japonesa, Asesinato en el monte Fuji puede ser una buena puerta de entrada para descubrir a Shizuko Natsuki, una autora con una trayectoria mucho más amplia de la que su llegada tardía al mercado español podría hacer pensar.
"Un clásico redescubierto para que todos lo disfrutemos"
Y esta vez el calificativo de "clásico" no es solamente una etiqueta publicitaria: estamos ante una novela publicada originalmente en 1982 que llega ahora por primera vez al español.
El veredicto de Halford
Halford ha llegado al monte Fuji, ha conocido a la familia, ha visto el cadáver, ha escuchado las versiones, y ha llegado a una conclusión muy clara: si una familia tiene que ponerse de acuerdo para esconder un asesinato, probablemente esa familia necesita menos reuniones familiares y bastante más terapia. Halford, por supuesto, no piensa quedarse a comprobar quién es el asesino. Dice que él ya sospecha de todos, incluido el gato. Especialmente el gato.
Y ahora tú...
Hay algo tremendamente satisfactorio en una novela de misterio que te invita a desconfiar de todo el mundo sin necesidad de gritarte constantemente que ALGO SOSPECHOSO ESTÁ PASANDO.
Asesinato en el monte Fuji juega precisamente con eso: una familia aparentemente perfecta, un crimen que parece tener una explicación sencilla y demasiadas personas empeñadas en proteger una versión concreta de lo ocurrido.
Pero las familias tienen memoria. Los secretos tienen memoria. Y los muertos, por mucho que alguien intente esconderlos, suelen tener la mala costumbre de dejar preguntas detrás. Así que prepara la lupa. Y desconfía de todos. Porque en casa de los Watsuji nadie parece exactamente quien dice ser.
