Caza real con Z

Autor: Javier Luque \ Arturo Daussá
Editorial: JL - Perdonen el atrevimiento
Número de páginas: 252
ISBN:
Categoría: 🕵️ Novela negra costumbrista · detectives improbables, tercera edad y humor barcelonés
Valoración: ✰✰✰✰
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Argumento
En Caza real con Z, Arturo Daussà y Javier Luque construyen una novela policiaca profundamente marcada por el humor, el costumbrismo urbano y una mirada especialmente afectuosa hacia un grupo de jubilados barceloneses que, casi sin proponérselo, terminan involucrados en una investigación detectivesca tan absurda como inesperadamente seria.
La historia gira alrededor de una peculiar "agencia" improvisada formada por personajes mayores que sobreviven entre partidas de parchís, campeonatos de dominó, cafés compartidos y pequeñas miserias económicas mientras intentan esclarecer un caso relacionado con un ascensor, un vecino encarcelado y una serie de circunstancias cada vez más turbias.
El punto de partida tiene algo de comedia vecinal mediterránea, las ferias para mayores, con conversaciones cargadas de pullas, discusiones sobre bastones plegables, azucarillos robados de cafetería o problemas de pensiones. Sin embargo, poco a poco, bajo esa superficie aparentemente ligera, la novela va desplegando una intriga donde la investigación criminal se mezcla con la precariedad, la soledad, las rutinas de barrio y una Barcelona muy reconocible, alejada de postal turística y mucho más cercana a la vida cotidiana de quienes envejecen en ella.
Silverio, Feliciano, Cipriano, Restituta, Pilar o Benancio forman un grupo profundamente coral donde cada personaje aporta una voz propia, construyendo una dinámica que convierte la novela en algo más amplio que un simple misterio: un retrato humano sobre la amistad tardía, el paso del tiempo y la dignidad de quienes parecen invisibles para el resto del mundo.
Gooseopinión
Leer Caza Real con Z produce una sensación curiosa y bastante agradable, la de encontrarse con una novela que no intenta parecer más sofisticada de lo que es y que, precisamente por eso, encuentra una voz bastante genuina dentro de un tipo de narrativa que suele oscilar entre el thriller excesivamente oscuro y la comedia ligera sin demasiado cuerpo. Arturo Daussà y Javier Luque optan por otra vía; una mezcla de novela negra costumbrista, humor muy de barrio y personajes ancianos tratados no como caricaturas entrañables, sino como individuos llenos de pequeñas miserias, ironías y humanidad.
Lo mejor del libro está claramente en sus personajes y en los diálogos. Ahí la novela respira con muchísima naturalidad. Las conversaciones entre Cipriano, Feliciano, Restituta o Silverio tienen ritmo, mala leche afectuosa y una oralidad muy reconocible, especialmente para quien conozca ciertos ambientes urbanos mediterráneos y esa sociabilidad tan concreta de jubilados que viven entre el bar, el mercado, las rutinas del barrio y las pequeñas obsesiones cotidianas. El libro entiende muy bien algo importante como es la comicidad real , que casi siempre nace del detalle mínimo, no del chiste forzado. Y aquí aparecen continuamente detalles pequeños que funcionan precisamente porque parecen escuchados en la vida real.
Uno de los mayores aciertos es la elección de protagonistas mayores dentro de una trama detectivesca. La novela no romantiza la vejez, pero tampoco la convierte en puro deterioro melancólico. Sus personajes están cansados, arrastran problemas económicos, manías y limitaciones físicas, pero siguen teniendo deseo de participar, opinar, investigar y sentirse útiles. Hay algo muy interesante en cómo el libro devuelve centralidad narrativa a personas que normalmente aparecen relegadas al decorado social. Resulta muy eficaz el retrato de Barcelona. Y aquí conviene subrayarlo, no es la Barcelona turística, culturalmente empaquetada o aspiracional de muchas novelas contemporáneas. Es una ciudad mucho más reconocible, popular y cotidiana, hecha de metro, bares, ferias locales, vecinos y conversaciones aparentemente intrascendentes. Esa dimensión urbana aporta muchísima autenticidad al libro.
Narrativamente, la intriga funciona más como estructura de cohesión que como thriller puro y duro. El verdadero interés no está tanto en la sofisticación del misterio como en acompañar a estos personajes y ver cómo se relacionan mientras intentan entender qué está ocurriendo. Esto es importante porque quien espere un noir extremadamente oscuro o una investigación hipercompleja probablemente entre en el libro desde el lugar equivocado. Aquí pesa más la atmósfera coral y el humor humano que el suspense constante. Y precisamente ahí la novela encuentra su verdadera personalidad. Porque debajo de la ligereza aparente hay bastante observación social. La precariedad económica de muchos mayores, la invisibilidad social, las rutinas vacías tras la jubilación o la necesidad de sentirse todavía parte activa de algo atraviesan constantemente el texto sin necesidad de discursos grandilocuentes.
El humor funciona bien porque evita el sentimentalismo excesivo. Los personajes se pinchan continuamente entre ellos, se burlan de sus miserias y sobreviven gracias a una ironía muy reconocible. Esa mezcla entre ternura y mala leche probablemente sea uno de los elementos más conseguidos del libro. Hay momentos donde la novela podría apretar más la tensión narrativa o profundizar algo más en ciertas zonas de la trama criminal, pero da la sensación de que los autores saben perfectamente cuál es el verdadero corazón de la historia, el grupo humano. Y aciertan priorizándolo.
Resulta refrescante encontrarse con una novela negra que no necesita construirse desde el trauma extremo, la violencia constante o la oscuridad psicológica permanente. Caza Real con Z apuesta por otra tradición, la del misterio vecinal, el detective accidental y la observación costumbrista con humor. Y dentro de ese registro, funciona con bastante personalidad, terminando por ser mucho más que una intriga detectivesca simpática. Es un retrato muy humano de la amistad tardía, de las pequeñas resistencias cotidianas y de esa generación que sigue intentando encontrar un lugar en un mundo que parece haber decidido dejarla al margen, por eso sus personajes resultan tan fáciles de recordar, porque no parecen construidos para impresionar al lector, parecen gente que uns podría encontrarse perfectamente tomando el vermú cualquier sábado en Barcelona.
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Lectores que disfrutan de novelas como las de Eduardo Mendoza más costumbristas y disparatadas, ciertos casos de Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán por su Barcelona cotidiana y popular, o ficciones corales donde el humor vecinal y la observación social pesan tanto como la intriga. También puede conectar con lectores de El abuelo que saltó por la ventana y se largó por su tratamiento irreverente de personajes mayores alejados de clichés.
Una novela negra ligera, muy dialogada y profundamente humana que convierte la tercera edad, el barrio y las pequeñas miserias cotidianas en el escenario perfecto para una investigación tan absurda como entrañable.
Y ahora tú...
¿No será que muchas veces las personas que el mundo considera acabadas son precisamente las que todavía conservan más capacidad para mirar la vida sin tanta pose?