Cuando la Historia se puede caminar

30.09.2026

Encuentro con Sergio Martínez, autor de Normandía 1944. Guía del campo de batalla

Conocemos lugares antes de haberlos pisado. Los hemos visto en películas, documentales, fotografías. Los hemos recorrido sobre un mapa y hemos leído sobre ellos hasta que sus nombres empiezan a resultarnos familiares. Pero una cosa es saber que una playa tiene doscientos metros de arena antes de alcanzar una posición elevada y otra muy distinta encontrarse allí y comprender, de golpe, qué significaban realmente esos doscientos metros.

De eso hemos hablado con Sergio Martínez, historiador, divulgador, creador de contenido y autor de Normandía 1944. Guía del campo de batalla, durante nuestro encuentro.

La primera sorpresa con la que nos hemos encontrado es justamente esa; el libro no nace de una editorial diciéndole a un divulgador "vamos a hacer una guía sobre Normandía". Nace de algo mucho más orgánico como es cuantos años lleva el autor viendo qué necesita la gente cuando llega allí.

Sergio lleva entre seis y siete años viajando a Normandía. Ha organizado viajes con los seguidores de su canal, ha trabajado allí como guía y ha vivido tres veranos en la región —más de un año en total— atendiendo a visitantes. Calcula que ha acompañado sobre el terreno a más de 670 personas. Y eso, inevitablemente, cambia la manera de escribir una guía.

No es lo mismo conocer una batalla que saber qué necesita quien llega a ella

¿Cómo se escribe una guía histórica que tiene que funcionar simultáneamente como libro y como herramienta de viaje?

Para Sergio, la respuesta empieza mucho antes de sentarse a escribir. "Una vez que conoces el perfil, sabes sus necesidades, porque son los que te preguntan a ti" Su experiencia previa le ha permitido detectar algo que una guía histórica convencional no siempre puede solucionar, el visitante no necesita únicamente información. Necesita saber qué hacer con esa información cuando llega al lugar y por eso Normandía 1944 combina el acontecimiento histórico con la visita.

No solamente explica qué ocurrió en determinado sector, sino que intenta responder a las preguntas que aparecen cuando estás físicamente allí, ¿qué merece la pena ver? ¿cómo recorrer una posición? ¿qué no deberías perderte? y cómo aprovechar el tiempo disponible.

Es, en realidad, una evolución bastante lógica del trabajo que Sergio ya llevaba años haciendo. Primero fue la divulgación, luego llegaron los viajes, y finalmente el libro. "Es como una evolución natural para cubrir una necesidad".

Salir del libro y entrar en el paisaje

Hay una frase que Sergio repite a las personas que viajan con él y que resume bastante bien lo que pretende conseguir con sus viajes:

"Es salir del libro, salir de la película, salir del videojuego y meterte ahí, en aquel lugar que llevas tanto tiempo investigando y viendo"

La frase podría servir también para explicar qué intenta conseguir con la guía. Porque incluso después de haber vivido más de un año en Normandía, reconoce que la sensación de estar allí sigue siendo difícil de explicar. "De alguna manera te sientes como parte de la historia". No porque la Historia deje de ser pasado, evidentemente, sino porque el espacio físico introduce una información que ningún texto puede transmitir por completo.

En un libro puedes leer que una posición estaba a determinada distancia, que había una elevación, un acceso concreto o una determinada configuración del terreno. Hasta que llegas. Entonces aparece ese momento que Sergio describe de una manera muy sencilla: "Lo ves y dices: ah, vale. Así era".  Es cuando el paisaje deja de ser una ilustración de la Historia y empieza a formar parte de ella.

El problema que enseñaron los viajeros

Hay algo que me interesaba preguntarle porque es, probablemente, uno de los puntos que distinguen esta guía de una obra histórica convencional.

¿Qué errores o frustraciones de los viajeros le enseñaron realmente a escribirla?

La respuesta aparece rápidamente: Normandía abruma. Muchos visitantes llegan pensando que pueden resolver el desembarco en una mañana, una tarde o, como mucho, un día. Omaha, el cementerio americano, un museo... Y listo.

Pero Normandía no funciona así. "La principal frustración de la gente es llegar allí y darse cuenta de que hay tanto por ver que ni estando allí tres, cuatro o cinco días les daría tiempo a verlo todo"

Y aparece otro problema: no todos los integrantes de un viaje tienen necesariamente el mismo interés. Puede viajar una familia en la que una persona sea apasionada de la Segunda Guerra Mundial mientras que otra prefiera visitar un castillo, conocer la naturaleza o hacer otro tipo de actividad.

De repente, el problema ya no es cuánto sabes de Normandía. Es cómo organizas el tiempo. Ahí es donde la guía encuentra su razón de ser. Porque una enciclopedia puede contarte prácticamente todo. Pero no necesariamente te dice dónde ir el martes por la mañana si solo tienes cuatro días.

Una guía para no perderse lo importante

Normandía 1944 está construida alrededor de tres itinerarios.

Sergio ha organizado el contenido pensando en recorridos concretos y en algo que parece muy sencillo, pero que requiere mucha experiencia: decidir qué merece la pena y qué puede esperar. "¿Dónde voy? ¿Qué merece la pena? ¿Qué no? ¿Cómo puedo optimizar más una mañana entera o un día entero? Pues eso es exactamente lo que la guía ofrece"

Hay aquí una diferencia fundamental respecto a una obra que simplemente cuenta la batalla. Esta guía no pretende acumular lugares, pretende ordenarlos para que tengan sentido, lo que implica también renunciar.

Una de las cosas más difíciles al escribir, reconoce Sergio, es precisamente discriminar: "Qué pones y qué no pones." Su criterio ha sido fundamentalmente práctico, incluir aquello que sabe que la gente quiere ver, lo más vistoso y lo que tiene mayor interés para el visitante. Y aprender de las reacciones de quienes ha llevado personalmente.

Hay lugares que a él pueden parecerle fascinantes y que, cuando los enseña, provocan una respuesta mucho más tibia. Eso también es información.

"Por su reacción veo: pues oye, mira, esto no ha gustado tanto. Vale. Entonces eso obviamente lo he excluido de la guía".

No está escribiendo una enciclopedia. Está escribiendo una herramienta.

Contar la Historia sin perder al lector

Pero una guía de campo tiene otro gran peligro como que el lector termine enterrado bajo nombres, unidades, movimientos militares y fechas. Sergio ha optado conscientemente por lo contrario. "Me intento adaptar a un lenguaje lo más simple posible, sin caer en cosas banales". La clave está en digerir la información, explicar lo necesario sin convertir al lector en especialista involuntario en cada división, compañía o regimiento que participó en la batalla.

Y hacerlo, además, con mapas y fotografías. Mapas actuales y de época. Imágenes actuales y fotografías históricas. El objetivo es que el lector pueda situarse, incluso aunque nunca llegue a viajar a Normandía. Porque esa es otra de las cosas interesantes que aparecen durante la conversación: la guía no depende completamente del viaje para funcionar.

Sergio recomienda hacer una primera lectura y después utilizarla in situ, siguiendo los itinerarios. Pero también quiere que quien no pueda viajar tenga la posibilidad de acercarse al campo de batalla a través del propio libro.

"Yo lo que deseo o lo que espero de la gente que la lee es que de alguna manera se meta dentro".

Omaha: cuando el terreno cambia lo que sabías

Le pregunto entonces si existe algún lugar que haya cambiado su manera de contar un episodio histórico después de haberlo pisado. La respuesta es Omaha. 

Sobre el papel sabemos que fue una de las playas más sangrientas del desembarco estadounidense. Conocemos las cifras, la geografía, las posiciones defensivas. Pero estar allí modifica la escala. Sergio habla de los aproximadamente 200 metros de arena que había que superar y de la elevación posterior. Y después compara Omaha con otras playas. La diferencia se vuelve evidente.

"Hasta que no llegas allí y lo ves, no te haces una idea del infierno que tuvo que haber sido desembarcar allí".

Es probablemente uno de los mejores ejemplos de lo que puede aportar el conocimiento del terreno. La información no cambia. Cambia la dimensión con la que la entiendes.

También aparecen en la conversación lugares como Pont-du-Hoc, donde todavía pueden verse los cráteres producidos por los bombardeos. Y ahí aparece otra imagen especialmente poderosa: personas que visitan esos lugares y pueden llegar a encontrarse con escenas casi cotidianas en medio de un espacio que conserva las huellas físicas de la batalla.

Yo misma le cuento una experiencia parecida: haber encontrado un cráter y descubrir que no era simplemente «un agujero» en el paisaje, sino el resultado de una bomba. La reacción inmediata es casi infantil: ¿Cómo de grande tenía que ser aquello? ¿Cómo debía de ser estar allí mientras caían las bombas?

Ese tipo de preguntas no aparecen necesariamente cuando contemplas una fotografía. Aparecen cuando tu cuerpo ocupa el mismo espacio.

Lo más difícil de escribir no fue Omaha

Curiosamente, el capítulo que más le costó a Sergio no fue el que contiene los lugares más conocidos. Fue el extra.

Los tres itinerarios principales estaban relativamente claros porque son recorridos que conoce y realiza habitualmente. Pero ¿qué haces con quien ya ha visto lo fundamental? Ahí entra ese cuarto bloque destinado a visitantes más especializados.

Personas que quieren ir más allá. Que quieren localizar posiciones menos conocidas, escenarios relacionados con personajes concretos o lugares vinculados a episodios curiosos. Sergio decidió utilizar ese espacio para introducir localizaciones menos conocidas del interior. Lugares que quizá no significan nada para alguien que empieza, pero que pueden resultar especialmente atractivos para quien ya conoce la historia y busca algo diferente.

La parte que más disfrutó escribiendo, sin embargo, fue el primer itinerario. No resulta difícil entender por qué. Omaha. El cementerio americano de Colleville-sur-Mer. La localización vinculada a Salvar al soldado Ryan. Arromanches. La batería de Longues-sur-Mer. Los lugares que concentran buena parte del interés de quien visita Normandía por primera vez.

Y también aquellos que sabe que alguien con un solo día probablemente elegirá.

¿Puede un campo de batalla convertirse en un parque temático?

Hay una pregunta que me parecía inevitable. ¿Existe el riesgo de que convertir un campo de batalla en un itinerario turístico termine haciendo que perdamos precisamente la dimensión humana de lo que ocurrió allí?

La respuesta de Sergio no esquiva el problema. Sí ocurre. Existen visitantes que buscan exclusivamente determinados escenarios cinematográficos, personajes o localizaciones concretas. Y también existen guías muy especializadas en ese tipo de recorrido. Pero su propuesta es otra. Él intenta ofrecer una visión global. Y aquí vuelve a aparecer la palabra que atraviesa toda la conversación: seleccionar. No se trata de incluirlo absolutamente todo. Ni de convertir el viaje en una carrera por acumular lugares. Se trata de elegir aquello que permita comprender mejor la batalla y, al mismo tiempo, responder a las necesidades reales de quien visita el territorio.

Normandía está muriendo de éxito

Hay otro fenómeno que resulta especialmente interesante porque Sergio lo está viendo desde dentro. El turismo bélico está creciendo. Mucho. Cuando comenzó a organizar sus primeros viajes a Normandía, en 2022, conseguir completar un grupo reducido de diez o doce personas no era sencillo. Hoy la demanda ha crecido de manera constante. Y no habla solamente de sus propios viajes. También observa cómo aparecen nuevas propuestas y cómo cada vez más personas quieren conocer estos escenarios. Sobre el terreno, el cambio resulta todavía más visible. Museos que amplían instalaciones. Parkings que crecen. Reformas. Más visitantes. Más oferta. "Normandía está en plena expansión turística".

Incluso utiliza una expresión especialmente gráfica: "Está como en la frase: muere de éxito."

Yo también puedo comparar esa evolución con mis propias visitas. La primera vez que fui, en 2018-2019, la sensación era muy distinta. Había poca gente. Cuando regresé años después, el paisaje turístico ya había cambiado., dándonos de bruces con la pregunta que trasciende esta guía. ¿Qué sucede cuando un lugar de memoria se convierte también en un destino turístico masivo? No hay una respuesta sencilla. Pero sí merece la pena formular la pregunta.

El libro que quiere meterte dentro de la batalla

Le pregunto qué le gustaría que alguien se llevara después de seguir uno de sus itinerarios. Y su respuesta vuelve a separarse de la idea tradicional de una guía turística.

No quiere limitarse a decir: Aquí hay esto. Aquí hay aquello. Aquí ocurrió tal cosa. Quiere que el lector entre en el campo de batalla. "Esta guía está diseñada para que solo con leerla te adentres en el campo de batalla y comprendas la batalla" La diferencia está en la combinación. Historia. Narración. Mapas. Fotografías. Terreno. Y una explicación que no solamente informa sobre lo que ocurrió, sino que intenta situarnos dentro de aquello que ocurrió.

No es lo mismo leer una explicación sobre una posición que seguir un mapa mientras comprendes por dónde avanzaban los hombres que estuvieron allí.

Por eso Sergio define la experiencia que busca como una de las más inmersivas que puede proporcionar un libro, él no pretende sustituir el viaje, pretende acercarse a él todo lo posible.

El prejuicio del «libro del youtuber»

La conversación da entonces un giro interesante, Sergio no solamente ha tenido que demostrar que sabe de historia, también ha tenido que enfrentarse a la etiqueta de ser creador de contenido.

Antes de publicar su primer libro, percibió que algunas personas esperaban encontrarse con un producto superficial, repetitivo o concebido únicamente para monetizar una comunidad. Y aquí Sergio reivindica algo importante "Yo soy historiador de formación". No todo el que tiene un canal de Historia procede del mismo lugar. Él estudió Historia y estaba orientado inicialmente hacia la docencia. Después decidió montar su propio camino, reconociendo que le produjo especial satisfacción comprobar que quienes llegaron al libro con ese prejuicio terminaron encontrándose con otra cosa.

«Me ha gustado dar esa sorpresa a todo el mundo».

Es una cuestión especialmente interesante en un momento en el que cualquiera puede producir un vídeo de treinta minutos sobre prácticamente cualquier tema. La existencia de una audiencia no garantiza conocimiento. Y tener conocimientos tampoco garantiza saber comunicarlos. En Sergio, esas dos trayectorias se han ido encontrando.

¿Qué puede hacer un libro que no puede hacer un vídeo?

La respuesta de Sergio es inmediata: la pausa. El vídeo es estímulo, imagen, sonido, movimiento, ritmo... El libro exige otra disposición. "El hecho de estar con un libro al final no solo conlleva a estar con el libro, sino conlleva a estar en tu casa calmado, callado, en un lugar tranquilo, leyendo un libro y relajado, absorbiendo la información". No significa que el vídeo sea peor herramienta. De hecho, cuando le pregunto qué puede hacer un vídeo que un libro no puede hacer, responde justo en la dirección contraria: es más visual y más dinámico. Puedes mostrar mapas en movimiento, imágenes, recorridos, explicar mientras enseñas. La información entra por distintos canales simultáneamente, pero, para Sergio, hay una diferencia en la retención. El vídeo puede pasar rápidamente. El libro obliga a permanecer.

esa diferencia explica por qué ambos formatos siguen teniendo sentido. No compiten necesariamente. Se complementan.

Todo empezó por casualidad

Llegamos a una de las partes que más me interesan de su historia, ya que cuando empezó el canal no estaba construyendo una estrategia profesional. No había un plan para convertirse en creador de contenido, organizar viajes, escribir libros o acabar trabajando sobre el terreno en Normandía.

Fue durante la cuarentena. Sergio estaba solo, recién independizado. Y, después de aburrirse, decidió hacer vídeos sobre algo que le había interesado desde niño: la Segunda Guerra Mundial. "No fue una cosa planificada". El canal creció. Después llegó el primer viaje a Normandía, en 2021, donde fue solo, sin intención de organizar viajes; simplemente quería conocer personalmente aquel lugar del que llevaba años leyendo y escuchando hablar.

Cuando volvió y contó la experiencia en su canal, ocurrió algo muy sencillo.

Los espectadores empezaron a decirle: "Si vuelves, avísame", "A mí también me gustaría" Y así nació el primer viaje. Lo demás fue llegando.

¿Y qué le queda por hacer?

Aquí esperaba una respuesta concreta, y, en cierto modo, la hubo. Pero más bien fue una declaración de intenciones.

Sergio ya ha trabajado en un documental sobre Normandía producido junto al departamento turístico de la región. Un proyecto que, según cuenta, superó los diez millones de visualizaciones entre las distintas redes y fragmentos publicados. Y hay algo que todavía le gustaría hacer. Una serie, no un documental de un capítulo, no una pieza que intente resumir toda la batalla en una hora y media, sino algo mucho más ambicioso. Cinco o seis episodios. Playa por playa. Lugar por lugar. Con tiempo para explicar la Historia desde el propio campo de batalla.

«Eso, a nivel de creador o divulgador, sería mi máxima meta».

Y entonces aparece otra cuestión. ¿Y después de Normandía?

Sergio me confirma que existe la posibilidad de una nueva guía, aunque todavía no hay nada cerrado. Berlín está entre las opciones que se están valorando, precisamente porque conoce bien la ciudad y porque, a diferencia de Normandía, permite otro tipo de viaje: llegas y tienes el escenario histórico prácticamente integrado en la propia ciudad. Pero la conversación todavía está abierta.

Quizá eso sea lo más coherente con la trayectoria que nos ha contado.

Porque si algo demuestra la historia de Sergio Martínez es que su siguiente proyecto probablemente no nació como un plan maestro hace diez años. Nació de una curiosidad, de una necesidad, de alguien que preguntó: "¿Y si hacemos esto?".

De la pantalla al terreno

Cuando terminamos la conversación, me quedo pensando precisamente en eso. En cómo cambia nuestra relación con la Historia cuando dejamos de verla como algo exclusivamente contenido en libros, documentales o películas.

Sergio empezó explicando la Segunda Guerra Mundial desde una habitación durante una cuarentena. Después quiso ver por sí mismo aquellos lugares,  llevó a otras personas,  descubrió que esas personas necesitaban una herramienta que les ayudara a entender el territorio. Y finalmente escribió esa herramienta.

Normandía 1944. Guía del campo de batalla es, por tanto, mucho más que una guía sobre dónde ir. Es el resultado de años de observar cómo miramos un lugar cuando llegamos a él por primera vez. Y por eso me llama tanto la atención. Conocer la Historia no significa necesariamente haberla comprendido, hace falta estar allí. Mirar una playa. Medir una distancia con los ojos. Bajar a un cráter. Ver una posición. Seguir un mapa.

Y descubrir que aquello que parecía perfectamente comprensible en una página cambia completamente cuando el paisaje deja de ser una fotografía y se convierte en el suelo que estás pisando.

Entonces la Historia deja de estar solamente delante de ti.

Por un instante, estás dentro de ella.

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