Cuando todo se tambalea
Argumento
Algunas fechas terminan convirtiéndose en una especie de frontera. Para muchas personas, marzo de 2020 es exactamente eso, el momento en que la vida cotidiana dejó de parecer previsible y aquello que ocurría en otros lugares empezó a entrar en nuestras casas, nuestros hospitales y nuestras conversaciones. Cuando todo se tambalea regresa a esos primeros meses desde una perspectiva muy concreta, la de un médico y gestor sanitario que tuvo que tomar decisiones mientras el sistema asistencial se enfrentaba a una situación para la que no existía un manual preparado.
Juan Abarca Cidón reconstruye en este libro cómo se vivieron los comienzos de la pandemia y las posteriores fases de desescalada desde el sector sanitario y, especialmente, desde la dirección de HM Hospitales. El relato se mueve entre la experiencia de aquellos meses, la incertidumbre, la falta de recursos, la presión sobre los profesionales y las decisiones que tuvieron que tomarse prácticamente sobre la marcha. El propio autor ha explicado que el libro recorre la primera ola y posteriormente la segunda y tercera hasta la llegada de la vacunación.
Pero el propósito no es únicamente recordar. Abarca utiliza aquella experiencia para preguntarse qué falló, qué funcionó y qué deberíamos hacer de otra manera si volviera a producirse una crisis sanitaria de semejante magnitud. Su análisis parte de las debilidades que observó tanto en el sistema sanitario como en la propia sociedad y de la necesidad de transformar aquella experiencia en aprendizaje.
Según el autor la pandemia no empezó realmente el día que llegó el primer paciente al hospital. Para Abarca, comenzó antes, cuando las señales ya estaban ahí pero buena parte de la sociedad continuaba viviendo con la sensación de que nuestra capacidad científica y tecnológica nos había protegido definitivamente frente a determinadas amenazas.
Gooseopinión
Resulta algo extraño leer a día de hoy sobre la pandemia; todavía está demasiado cerca para convertirse completamente en historia y, al mismo tiempo, lo suficientemente lejos como para que algunos de aquellos meses empiecen a parecer irreales. Hemos recuperado las rutinas, hemos vuelto a viajar, a llenar restaurantes, a quejarnos de cosas absolutamente normales y a comportarnos como si aquel paréntesis hubiera sido una pesadilla colectiva que dejamos atrás. Por lo que me ha resultado muy curioso que Cuando todo se tambalea no intente simplemente recordar lo que ocurrió, sino preguntarse qué hemos aprendido realmente de ello.
La perspectiva de Juan Abarca es necesariamente particular. No estamos ante una historia general del COVID-19 ni ante una reconstrucción científica de la pandemia, sino ante la experiencia de alguien que estaba en la dirección de un grupo hospitalario mientras el sistema sanitario se enfrentaba a una situación extraordinaria. Eso condiciona el relato, pero también constituye su principal interés ya que nos permite observar la crisis desde el lugar donde muchas decisiones tenían que tomarse sin disponer de toda la información que hoy tenemos.
Y es lo que consigue transmitirnos este libro, la diferencia entre gestionar una crisis con la información disponible en ese momento y analizarla cuando ya conocemos el desenlace. Desde el presente resulta muy sencillo señalar qué se debería haber hecho, qué señales se ignoraron o qué decisiones parecen evidentes retrospectivamente. Mucho más complicado es decidir cuando no sabes exactamente qué está ocurriendo, cuánto va a durar, qué recursos tendrás mañana o qué consecuencias tendrá la decisión que estás tomando hoy.
El relato recupera algo que se ha ido diluyendo con el paso del tiempo, la dimensión humana de aquellos primeros meses. El miedo, el agotamiento, la incertidumbre y la presión no fueron conceptos abstractos para quienes estaban dentro de los hospitales. Fueron jornadas interminables, decisiones difíciles y profesionales expuestos a una situación que cambiaba prácticamente a diario. Abarca pone el foco especialmente en ellos, y ese reconocimiento atraviesa todo el libro. Pero Cuando todo se tambalea no se queda en el homenaje. La segunda parte de su propuesta intenta mirar hacia delante ¿qué tendría que cambiar para que una próxima crisis no nos encuentre exactamente en el mismo lugar? El autor analiza las debilidades que la pandemia dejó al descubierto y plantea la necesidad de extraer conclusiones de aquella experiencia, y esto resulta especialmente relevante porque recordar una catástrofe únicamente para volver a contarla puede convertirse en una forma de nostalgia del desastre.
El verdadero sentido de una memoria de crisis debería estar en preguntarnos qué hacemos con ella después. Abarca lo formula desde la gestión sanitaria, pero la pregunta es bastante más amplia, qué estructuras necesitamos, qué mecanismos de coordinación funcionan, qué recursos debemos prever y hasta qué punto una sociedad preparada para una emergencia depende también de su capacidad para aceptar que algo así puede volver a ocurrir.
Todo esto nos permite una reflexión de fondo que me parece especialmente interesante, nuestra sensación de invulnerabilidad. La pandemia no solo puso a prueba hospitales y sistemas sanitarios; también hizo saltar por los aires la idea bastante cómoda de que la tecnología y el progreso nos habían permitido mantener la naturaleza bajo control. En cuestión de semanas, algo microscópico consiguió alterar fronteras, economías, colegios, hospitales, familias y rutinas en prácticamente todo el planeta. No se tambaleó únicamente el sistema sanitario. Se tambaleó nuestra percepción de seguridad.
Ahora bien, la perspectiva del autor también tiene límites que conviene tener presentes. Al estar vinculada a la gestión de HM Hospitales y a su experiencia profesional, la mirada es necesariamente parcial. Es una crónica desde un determinado lugar del sistema sanitario, no una radiografía completa de la respuesta española a la pandemia. Para comprender el conjunto habría que incorporar también las experiencias de la sanidad pública, de otros centros y comunidades, de los profesionales de atención primaria, de pacientes y familiares y de quienes tomaron decisiones desde otros niveles, justamente por eso no creo que haya que pedirle a este libro que sea lo que no pretende ser. Su valor está en ofrecer un testimonio desde dentro de la gestión hospitalaria, acompañado de una reflexión sobre aquello que aquella experiencia puso en evidencia. Y esa perspectiva, por sí sola, resulta valiosa.
Me parece acertado que el autor no presente la pandemia como una historia perfectamente ordenada en la que unos supieron actuar y otros se equivocaron. Las crisis reales son mucho más incómodas, nos obligan a decidir con información incompleta, a cambiar de opinión, a improvisar y, en ocasiones, a equivocarse. Leerlas desde esa perspectiva nos resulta bastante más útil que construir retrospectivamente un relato en el que todo parece evidente; lo que queda de Cuando todo se tambalea no es únicamente la crónica de unos meses que todos recordamos. Es una pregunta bastante más incómoda ¿qué hacemos con lo que aprendimos cuando dejamos de tener miedo?porque recordar que ocurrió es relativamente sencillo, lo difícil es conseguir que la próxima vez —si llega— nos encuentre un poco menos desprevenidos.
Recomendado para...
Lectores interesados en conocer cómo se vivió la pandemia desde dentro de la gestión hospitalaria, en la organización sanitaria y en las decisiones que hubo que tomar durante una crisis de dimensiones desconocidas. También para quienes, varios años después, quieran volver a aquellos meses no solo desde la memoria personal, sino desde una perspectiva de gestión y análisis.
Puede resultar especialmente interesante leerlo junto a La pandemia de COVID-19 en España, coordinado por el Grupo de Análisis Científico de Coronavirus del Instituto de Salud Carlos III, si se busca complementar el testimonio personal y profesional con una perspectiva científica y epidemiológica más amplia
La pandemia terminó; la pregunta de si aprendimos algo de ella sigue abierta.
El veredicto de Halford
Yo recuerdo perfectamente marzo de 2020. De repente los humanos dejasteis de salir y, durante un tiempo maravilloso, las migas estuvieron mucho más tranquilas. Luego empezasteis a desinfectarlo todo como si el mundo entero fuera una mesa de cocina y ahí ya comprendí que la cosa iba en serio. Este libro vuelve a aquellos días desde un lugar que estaba bastante más cerca del problema que mi madriguera. Y tiene una pregunta incómoda ¿hemos aprendido algo o simplemente hemos esperado el tiempo suficiente para olvidarlo? Yo, por si acaso, sigo escondiendo queso para futuras emergencias.
🐭
Y ahora tú...
¿Crees que como sociedad hemos aprendido realmente algo de aquella pandemia o simplemente hemos recuperado nuestra antigua sensación de que "eso ya no puede volver a pasar"?
