Cuestión de voluntad

14.02.2026

Autor: Jessa Hastings

Editorial: Contraluz

Número de páginas: 583

ISBN:: 9791387810276

Valoración: ✰✰✰✰

Nota: esta reseña incluye enlaces de afiliado. 

Argumento

Tras el fenómeno de Magnolia Parks, Jessa Hastings regresa con Cuestión de voluntad, una novela que vuelve a situarse en el territorio del romance intenso y emocionalmente complejo. La historia gira en torno a una relación marcada por la atracción inevitable y la resistencia constante: dos personajes que, pese a la química evidente, intentan convencerse de que no deben —o no pueden— estar juntos.

Entre diálogos cargados de tensión, dinámicas de poder afectivo y un entorno sofisticado donde las emociones se viven con intensidad casi performativa, Hastings explora la voluntad como campo de batalla: querer no siempre significa poder, y amar no siempre significa elegir bien.

Gooseopinión 

Leer Cuestión de voluntad es entrar en ese universo emocional marca Jessa Hastings: personajes magnéticos, diálogos que chisporrotean y relaciones que funcionan como tormentas controladas —o descontroladas, según el capítulo. Si en Magnolia Parks el amor era un bucle de dependencia y fascinación, aquí la autora afina el foco hacia algo más concreto: la voluntad como límite y como excusa.

Lo interesante de la novela no es simplemente la historia romántica, sino la psicología que la sostiene. Hastings vuelve a construir personajes que aman mal, pero sienten fuerte. Hay orgullo, inseguridad, heridas no resueltas y una necesidad constante de ser elegidos. La voluntad aparece como una máscara: "no quiero" significa muchas veces "tengo miedo", "no debo" significa "no sé sostener esto".

El núcleo del libro está en esa tensión entre deseo y autocontrol. La autora trabaja bien la idea de que la atracción no es suficiente para construir algo sano, pero tampoco se rinde al discurso moralizante del "si duele, no es amor". En lugar de eso, se instala en la ambigüedad. Sus personajes no son modelos emocionales; son jóvenes privilegiados, a veces inmaduros, que intentan negociar sus emociones en un entorno donde todo se vive con intensidad estética.

Porque sí: el universo Hastings tiene algo de estilización constante. La moda, los espacios, el lenguaje, incluso el drama, están ligeramente elevados, casi cinematográficos. Esto puede resultar adictivo o excesivo, según el lector. Pero es coherente con su propuesta: el amor no como calma, sino como experiencia total.

La novela también dialoga con una cuestión generacional: la dificultad para sostener vínculos cuando el yo está todavía en construcción. Hay una exploración interesante sobre la autosuficiencia mal entendida, sobre el miedo a depender y sobre la confusión entre libertad y evasión. La voluntad no es solo decidir estar o no estar con alguien, sino asumir la responsabilidad emocional que implica quedarse.

En términos narrativos, Hastings mantiene su sello: ritmo ágil, frases cortantes, tensión bien administrada y escenas que buscan el impacto emocional. No es una novela de introspección lenta, sino de intensidad sostenida. Puede parecer reiterativa en algunos conflictos —la dinámica push-pull es marca de la casa—, pero funciona para el lector que busca ese tipo de montaña rusa sentimental.

Diría que Cuestión de voluntad no pretende reinventar el romance contemporáneo, pero sí consolidar un estilo muy reconocible: relaciones imperfectas, personajes complejos y una exploración honesta —aunque dramatizada— de la vulnerabilidad. No es un manual de amor sano, es un retrato de cómo a veces elegimos lo que nos desestabiliza porque también nos hace sentir vivos.

Un romance intenso, emocionalmente volátil y fiel al universo de Jessa Hastings. Ideal para lectores que disfrutan de relaciones complicadas, diálogos afilados y dramas sentimentales con estética sofisticada.