Donde habita tu reflejo
Argumento
Clara Campoamor está en Lausanne, enferma, casi ciega y lejos de España. Han pasado los años desde aquel 1 de octubre de 1931 en el que su nombre quedó unido para siempre a uno de los debates parlamentarios más importantes de nuestra historia, el que enfrentó dos posiciones sobre el sufragio femenino y que terminaría con la aprobación del derecho al voto de las mujeres españolas. Pero la mujer que ahora contempla su propia vida desde el exilio siente que todavía queda algo por contar. Campoamor entrega a su fiel Antoniette Guinche unos manuscritos autobiográficos en los que recuerda su infancia, su trayectoria política, aquel célebre debate parlamentario y el doloroso camino que la llevó fuera de España. No quiere quedarse únicamente con la imagen de la heroína que ha construido la historia. Quiere recuperar también a la mujer que existía detrás del símbolo, con sus dudas, sus heridas, sus decisiones y sus contradicciones.
La llegada de Anne Bishop introduce otra pieza en esta reconstrucción. La periodista ha encontrado documentos de los servicios de espionaje británicos en los que aparece el nombre de Campoamor y quiere averiguar qué hay detrás de ellos. Será entonces cuando Clara decida que Anne sea quien dé forma a la historia que ella misma ha comenzado a escribir y la ponga en contacto con Victoria Kent. Porque Kent no es simplemente la mujer que se enfrentó a Campoamor en aquel famoso debate. Es también su antagonista, su adversaria política y, de alguna manera, su reflejo. Dos mujeres que defendían la igualdad pero que discreparon profundamente sobre cuándo y cómo debía llegar el sufragio femenino. Dos trayectorias que terminaron separándose y que, sin embargo, compartían mucho más de lo que ninguna de las dos quiso admitir durante años.
Gooseopinión
Hay personajes históricos que han terminado convertidos en estampitas. Los colocamos en el lado correcto de la historia, les quitamos las dudas, las contradicciones, los enfados, las equivocaciones y hasta las partes incómodas, y después los recordamos como si hubieran sabido desde el principio exactamente qué estaban haciendo. Clara Campoamor es uno de esos personajes. La conocemos por el voto femenino, por aquel discurso de 1931, por su enfrentamiento con Victoria Kent y por una fotografía mental bastante limpia de lo que significa ser una mujer que luchó por los derechos de las mujeres. Donde habita tu reflejo empieza precisamente por desmontar esa imagen demasiado perfecta.
Ana G. Herráez construye una novela que utiliza un episodio histórico perfectamente reconocible como punto de partida, pero que está mucho más interesada en las mujeres que hay detrás de la historia que en volver a contarnos aquello que ya sabemos. El famoso debate sobre el sufragio está ahí, por supuesto, pero no funciona únicamente como acontecimiento histórico. Se convierte en la herida alrededor de la cual gira una relación mucho más compleja entre dos mujeres que, desde posiciones distintas, perseguían una transformación similar. Y ahí está uno de los mayores aciertos de la novela. Resulta muy fácil convertir a Campoamor y Kent en dos caricaturas enfrentadas, la feminista que defendía el voto inmediatamente frente a la mujer que consideraba que las circunstancias políticas aconsejaban retrasarlo. La historia, cuando se cuenta demasiado deprisa, hace el resto. Una tiene razón, la otra se equivoca y asunto terminado. Herráez se detiene precisamente en ese lugar donde las cosas dejan de ser tan cómodas. ¿Qué ocurre cuando dos mujeres que quieren avanzar en la misma dirección no están de acuerdo sobre el camino?
La novela también juega con algo especialmente interesante, la distancia entre la persona y el personaje histórico. Clara sabe que se ha convertido en un símbolo, pero los símbolos tienen un problema bastante serio; dejan poco espacio para la humanidad. La Clara que aparece en Lausanne está cansada, enferma, exiliada y enfrentada a su propio pasado. Desde ahí, reconstruir su vida significa también intentar recuperar aquello que quedó fuera del relato oficial; y la estructura elegida para hacerlo permite que la novela se mueva entre distintos tiempos y perspectivas sin limitarse a una reconstrucción biográfica convencional. Los manuscritos, la intervención de Anne Bishop, los documentos relacionados con el espionaje británico y el reencuentro narrativo con Victoria Kent introducen una dimensión de intriga que hace avanzar la historia más allá del terreno estrictamente político. La propia Espasa define la novela como una combinación de intriga histórica, política, exilio y espionaje.
Me interesa especialmente que el libro no utilice el feminismo como una etiqueta contemporánea colocada encima de personajes históricos para hacerlos inmediatamente reconocibles para el lector actual. Lo que plantea es bastante más incómodo, el feminismo también nació lleno de desacuerdos, estrategias diferentes, egos, tensiones y decisiones difíciles. Y eso no lo hace menos valioso. Lo hace humano. Además, hay una cuestión que sobrevuela toda la novela y que me parece especialmente potente: el precio de la victoria. Campoamor consiguió defender una de las conquistas políticas fundamentales para las mujeres españolas y, sin embargo, su trayectoria posterior estuvo marcada por la derrota política, el exilio y una larga distancia respecto al reconocimiento que hoy le concedemos. La novela parece interesarse precisamente por esa paradoja, ganar una batalla histórica no significa necesariamente ganar la propia vida, aquí el título cobra todo su sentido. Victoria Kent funciona como ese reflejo incómodo en el que Campoamor puede reconocerse y, al mismo tiempo, descubrir todo aquello que las separa. Dos mujeres que fueron convertidas en antagonistas por un momento político concreto y cuya relación permite cuestionar la comodidad de pensar que quienes luchan por una misma causa tienen necesariamente que pensar igual.
Lo que más me gusta de Donde habita tu reflejo es precisamente que no necesita convertir a ninguna de las dos en una santa para que entendamos la importancia de lo que hicieron. No hace falta quitarles las contradicciones para reivindicarlas. Y eso, tratándose de dos mujeres cuya memoria ha sido tantas veces utilizada para construir discursos perfectamente empaquetados, me parece una decisión literaria especialmente acertada.
La novela tiene, además, un componente emocional que funciona bien porque no se queda únicamente en la reivindicación histórica. El exilio, la enfermedad, la memoria y la necesidad de decidir qué parte de nuestra propia historia queremos dejar escrita introducen una dimensión íntima que hace que la pregunta ya no sea solamente qué ocurrió, sino quién tiene derecho a contar lo ocurrido y qué hacemos con aquello que la historia decidió olvidar.
Eso sí, la propia amplitud de la propuesta tiene un pequeño coste. La novela quiere abarcar bastante, Campoamor, Kent, el debate parlamentario, la memoria personal, el exilio, el espionaje, la reconstrucción histórica y una intriga que necesita mantener al lector avanzando. En determinados momentos, esa combinación puede hacer que la parte más íntima y literaria de la historia compita con la necesidad de hacer avanzar la trama. Y, personalmente, creo que cuando la novela se queda con sus dos protagonistas y con esa relación llena de matices es cuando tiene más fuerza. Pero el balance es muy positivo. Donde habita tu reflejo no se limita a recuperar a Clara Campoamor como figura histórica ni a recrear el famoso enfrentamiento con Victoria Kent. Hace algo bastante más interesante, preguntar qué ocurre cuando dejamos de mirar a las mujeres que hicieron historia como monumentos y empezamos a mirarlas como personas. Y entonces el reflejo cambia. Ya no vemos únicamente a la heroína. Vemos a la mujer. aquí es donde empieza la verdadera historia.
Recomendado para...
Lectores de novela histórica que disfrutan cuando la ficción se mete de lleno en los pliegues de la historia política y, especialmente, para quienes se quedaron con ganas de seguir tirando del hilo después de conocer a Clara Campoamor. Puede acompañarse muy bien con La mujer que vivió un año en la cama no por argumento, sino por esa exploración de identidad femenina y transformación personal; y, si queremos quedarnos estrictamente en la novela histórica española, con La madre de Frankenstein, de Almudena Grandes, por su manera de utilizar un periodo histórico convulso para hablar también de las mujeres que lo vivieron desde dentro.
El veredicto de Halford
Yo tengo una cosa bastante clara, dos mujeres discutiendo sobre quién tiene razón me parece perfectamente normal. Lo preocupante sería que alguna pretendiera tenerla siempre. Campoamor y Kent me caen bien por una razón sencilla, ninguna parece dispuesta a convertirse en decoración histórica. Y eso lo respeto. Ahora, lo del espionaje británico me interesa menos porque los espías suelen tener la mala costumbre de aparecer donde no les llaman y complicarlo todo. Yo prefiero las historias en las que uno puede esconderse detrás de una cortina y nadie sospecha nada.
Y ahora tú...
Clara Campoamor y Victoria Kent defendían la igualdad, pero no estaban de acuerdo en cuándo ni cómo debía llegar el voto femenino. ¿Crees que dos personas pueden luchar por la misma causa y, aun así, estar profundamente enfrentadas sobre la manera de conseguirla?
