Dopaminados. Cómo gestionar la frustración infantil

Autor: Elisa Molina \ Francisco Huerta @educarencalma
Editorial: Plataforma Editorial
Número de páginas: 234
ISBN: 9791388080661
Categoría: ⚫ Crianza Y Educación
Valoración: ✰✰✰✰
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Argumento
Esperar se ha convertido en una de las grandes dificultades de la infancia. Niños acostumbrados a pantallas, estímulos constantes y recompensas inmediatas que tienen cada vez más problemas para esperar, aceptar un no, tolerar el aburrimiento o asumir que las cosas no siempre suceden cuando ellos quieren. Las rabietas pueden hacerse más intensas. La espera puede convertirse en una batalla. Y el fracaso, en algo que parece imposible de soportar.
En Dopaminados, Elisa Molina y Francisco Huerta parten de la neurociencia y de su experiencia como docentes y padres para explicar qué sucede en el cerebro infantil durante los momentos de desregulación emocional y ofrecer herramientas concretas para acompañar esas situaciones. El objetivo no es conseguir niños que nunca se frustren, sino ayudarles a desarrollar recursos para atravesar la frustración. Y ahí entra también el adulto, porque educar en calma implica aprender a gestionar nuestra propia frustración, acompañar sin rescatar constantemente y establecer límites desde la empatía, la firmeza y la serenidad.
Gooseopinión
Hay una escena que probablemente se repite en miles de casas. Un niño quiere algo, lo quiere ya. No puede ser. Explosión. Llanto. Gritos. Negociación. Amenazas. Y entonces aparece el adulto intentando apagar el incendio mientras piensa, más o menos, ¿Pero por qué no puede entender que no? Pues porque es un niño. Y una de las cosas que más tendemos a olvidar cuando hablamos de crianza es precisamente esa, que no nacemos sabiendo tolerar la frustración, eso se aprende, y se aprende, entre otras cosas, frustrándose.
Ese es el punto de partida de Dopaminados, un libro que pone el foco en una dificultad muy contemporánea, estamos criando a nuestros hijos en un entorno construido alrededor de la inmediatez. Un clic, una pantalla, un vídeo, una recompensa, un estímulo detrás de otro... Todo sucede rápido, demasiado rápido, pero luego pretendemos que un niño de cuatro, seis u ocho años sea capaz de esperar tranquilamente veinte minutos porque el adulto ha decidido que "ahora no toca", pues igual estamos pidiendo al niño que haga algo que nosotros mismos hacemos cada vez peor, porque este libro habla de los niños, sí, pero también habla de nosotros. De padres que queremos evitarles el sufrimiento. De adultos que confundimos acompañar con solucionar. De la necesidad de llenar cada silencio. De la incomodidad que nos produce ver a nuestro hijo enfadado. Y de esa tendencia tan humana a pensar que si conseguimos que deje de llorar, hemos resuelto el problema, aunque esto no necesario, A veces simplemente hemos conseguido que deje de llorar, pero la frustración sigue ahí, y tendrá que volver, ya que la vida, por desgracia, no tiene servicio de atención al cliente.
No siempre conseguimos lo que queremos, no siempre ganamos, no siempre nos eligen, no siempre llega lo que esperábamos. Hay que esperar, perder, aburrirse, aceptar un no, equivocarse, y aprender todo eso durante la infancia probablemente sea bastante más útil que intentar construir una infancia en la que nada resulte incómodo.
Y esto es lo que más me llama la atención de todo el libro, acompañar la frustración no significa eliminarla. Y parece una diferencia pequeña, pero no lo es. Podemos validar que un niño esté enfadado sin darle aquello que reclama, comprender su emoción sin convertir la emoción en una orden, decir «entiendo que estés enfadado» y mantener el «no», estar cerca sin rescatar, poner límites sin humillar, pero sobre todo podemos enseñar calma sin exigir que alguien que todavía está aprendiendo a regularse se comporte como un adulto perfectamente regulado. Esa es otra de las trampas de la crianza que nadie nos enseña antes de ser progenitores.
Queremos niños emocionalmente sanos, pero a veces esperamos que aprendan regulación emocional mientras nosotros perdemos la nuestra. El niño grita, el adulto grita; el niño se desregula, el adulto se desregula; Y después nos preguntamos qué ha pasado. Pues ha pasado que somos dos seres humanos con el sistema nervioso haciendo horas extras, y es por ello que me parece interesante que el libro incluya también la gestión de la frustración de los propios padres.
Educar en calma no significa vivir en una casa en la que nadie levanta la voz, todo el mundo respira profundamente y las discusiones terminan con un abrazo, eso no es una familia, eso es un anuncio de yogures, la calma no consiste en no perder nunca los nervios, consiste en aprender qué hacemos después, y en entender que poner límites forma parte de cuidar. Aquí aparece otro equilibrio complicado, la empatía y la firmeza. Hemos pasado de una educación basada muchas veces en el miedo y la autoridad incuestionable a descubrir la importancia de escuchar las emociones de los niños. Perfecto. Pero escuchar una emoción no significa obedecerla; un niño puede estar furioso porque no le dejamos seguir jugando y nosotros podemos acompañar esa furia sin cambiar de decisión. Puede estar triste porque algo no ha salido como quería y podemos abrazarlo sin arreglarle el problema, puede sentirse frustrado porque tiene que esperar y podemos estar a su lado sin conseguirle inmediatamente aquello que desea. Eso también es educar, y probablemente sea bastante más difícil que decir simplemente que sí.
El título, Dopaminados, apunta precisamente hacia ese mundo de estímulos y recompensas inmediatas en el que están creciendo los niños. Pero yo tendría cuidado con convertir la dopamina en el nuevo villano de la crianza. No todo comportamiento infantil difícil se explica porque un niño esté «dopaminado». La infancia es compleja. El desarrollo emocional es complejo El contexto familiar es complejo. Y la tecnología puede influir, pero no explica absolutamente todo. Precisamente por eso creo que el libro resulta más interesante cuando nos lleva a una cuestión más amplia que la pantalla:¿qué estamos enseñando a nuestros hijos cuando intentamos evitarles constantemente la frustración?Porque quizá no necesitan una vida sin frustraciones, necesitan aprender que pueden sobrevivir a ellas, que pueden enfadarse y seguir adelante, que pueden perder y volver a intentarlo, que pueden esperar, que pueden aburrirse, que pueden escuchar un no sin que el mundo se termine, que una emoción intensa no dura para siempre, y sobre todo, que hay un adulto cerca que no necesita solucionar inmediatamente lo que están sintiendo. Eso sí me parece una herramienta para la vida, no conseguir niños permanentemente tranquilos, sino conseguir personas que sepan qué hacer cuando la vida no les da lo que quieren. Y eso, francamente, nos vendría bien a todos
Recomendado para...
🪿 Padres y madres que se preguntan por qué las rabietas parecen cada vez más difíciles de gestionar.
🪿 Familias que quieren poner límites sin recurrir al miedo, los gritos o el castigo constante.
🪿 Educadores y docentes que trabajan diariamente con niños y sus emociones.
🪿 Quienes quieren comprender mejor la relación entre estímulos, recompensa, espera y frustración.
🪿 Adultos que descubren que gestionar las emociones de sus hijos empieza, muchas veces, por aprender a gestionar las propias.
Para seguir tirando del hilo...
📚 El cerebro del niño, de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson — para profundizar en el desarrollo cerebral infantil y entender por qué determinadas reacciones no pueden interpretarse simplemente como «mal comportamiento».
📚 Disciplina sin lágrimas, de Daniel J.: Siegel y Tina Payne Bryson — para explorar cómo establecer límites sin convertir la disciplina en una batalla de poder.
📚 La crianza feliz, de Rosa Jové — para ampliar la mirada sobre acompañamiento, necesidades infantiles y respeto durante las distintas etapas del desarrollo.
📚 Educar sin miedo a escuchar, de Yolanda González — para profundizar en una crianza basada en la comprensión de las necesidades emocionales infantiles.
No necesitamos criar niños que nunca se frustren; necesitamos enseñarles que pueden frustrarse, atravesarlo y seguir adelante. Un libro cercano y práctico que pone sobre la mesa una cuestión muy necesaria: nuestros hijos no necesitan que les construyamos un mundo sin frustraciones, sino que les enseñemos a vivir en el mundo que existe.
El veredicto de Halford
«O sea, que resulta que cuando tu hijo monta el numerito porque le has dicho que no puede comerse otra galleta, la solución no es darle la galleta para que se calle. Qué giro de guion. Menos mal que alguien ha escrito un libro para explicarlo.»
🐭 HALFORD DICE: PON LÍMITES, ABRAZA AL NIÑO Y NO LE DES LA GALLETA.
Y ahora tú...
Porque quizá esta sea la pregunta incómoda que deja Dopaminados: ¿Estamos intentando enseñar a nuestros hijos a gestionar la frustración o estamos intentando conseguir que no se frustren para no tener que gestionar nosotros su frustración? No es lo mismo. Acompañar no significa solucionar. Validar no significa conceder. Poner límites no significa querer menos. Y dejar que un niño se aburra, espere, pierda o escuche un no no significa que estemos haciéndole sufrir. A veces significa exactamente lo contrario, estamos enseñándole que puede con ello.