El arte de la desobediencia

07.11.2024

Autor: Nelson Galtero Barchetta

Editorial: Carpenoctem

Número de páginas: 87.

ISBN: 9788412615487

Valoración:✰✰✰

Argumento:

Una narración trepidante, llena de mordacidad
y humor negro, que imagina un futuro en el que
salirse del guion puede costarte la vida.

Una mañana cualquiera, Berta se levanta y se dispone a acudir al trabajo como cualquier otro día. Su vida, como la del resto de la humanidad, consiste en interpretar las acciones y los diálogos de un guion recibido la noche anterior, un método disciplinario con el que los líderes de la nación aspiran a evitar conflictos y lograr una sociedad ordenada y previsible. Sin embargo, ese día algo sucede: lo imprevisto. Un perro, una revelación, un gesto de rebeldía que la llevará a adentrarse en las entrañas de un sistema de opresión tan diabólico como hilarantemente absurdo.

El arte de la desobediencia es una narración adictiva y mordaz que podría ser un capítulo de una serie televisiva distópica, pero que ha salido de la imaginación y el talento de Nelson Galtero Barchetta.

Gooseopinión:

El arte de la desobediencia es un libro que se mueve en un terreno resbaladizo y, precisamente por eso, interesante: el espacio donde la rebeldía corre el riesgo de convertirse en consigna, y la desobediencia, en un gesto estético más que político. Desde el principio queda claro que el texto no busca neutralidad: es un libro que se posiciona, que interpela y que invita a repensar hasta qué punto obedecer se ha convertido en una forma cómoda —y silenciosa— de supervivencia contemporánea.

Lo más llamativo es la forma en que el libro plantea la desobediencia no como un acto explosivo, sino como una práctica cotidiana, casi íntima. No se trata únicamente de grandes gestos ni de épicas revolucionarias, sino de pequeñas fracturas: decir no, cuestionar normas asumidas, resistirse a narrativas impuestas. En ese sentido, el libro acierta al desplazar la desobediencia del imaginario heroico hacia el terreno de la conciencia individual.

Uno de los mayores valores del ensayo está en su capacidad de incomodar sin ofrecer refugios fáciles. No propone recetas ni manuales cerrados; plantea preguntas incómodas sobre conformismo, miedo y responsabilidad. Obliga a mirar con cierta sospecha nuestras propias zonas de comodidad y a preguntarnos hasta qué punto la obediencia se ha interiorizado como una virtud incuestionable.

El estilo es directo, a veces casi aforístico, con una clara vocación de sacudir más que de convencer. Esto funciona bien en muchos momentos, generando frases que se quedan resonando, aunque también implica un riesgo: por momentos, el discurso puede rozar la simplificación o apoyarse demasiado en la fuerza del concepto sin profundizar del todo en sus consecuencias prácticas. Es un equilibrio difícil entre provocación y profundidad, y no siempre se resuelve de forma perfecta.

Personalmente, lo que más me interesó fue cómo el libro dialoga con el presente sin nombrarlo explícitamente todo el tiempo. Es imposible no leerlo pensando en la vigilancia social, la autocensura, la corrección permanente y la necesidad —cada vez más difusa— de mantener una identidad "aceptable". En ese contexto, la desobediencia aparece no como una pose, sino como un acto de preservación de la autonomía personal.

Ahora bien, es un libro que funciona mejor como detonante que como desarrollo. Abre puertas, pero no siempre se detiene a explorar lo que hay detrás de ellas. Para algunos lectores eso será suficiente; para otros, una limitación. En mi caso, lo leí como un texto que invita a continuar la reflexión fuera del libro, más que como una obra cerrada en sí misma.

En conjunto, es una lectura estimulante, incómoda y muy acorde con el espíritu de la editorial: crítica, nocturna, poco complaciente. No es un libro definitivo sobre la desobediencia, pero sí un buen recordatorio de que obedecer sin pensar también es una forma de elección.

Un ensayo provocador y sugerente, valioso como punto de partida reflexivo, aunque algo contenido en profundidad y desarrollo.