El club de las modernas
Argumento
En El club de las modernas, Eva Cosculluela reconstruye la historia del Lyceum Club Femenino, fundado en Madrid en 1926, en plena dictadura de Primo de Rivera, por un grupo de mujeres que se negaron a aceptar el lugar secundario que la sociedad de su tiempo les tenía reservado. En una España todavía profundamente marcada por la tradición, casi quinientas socias crearon un espacio propio de pensamiento, cultura, debate y acción pública.
El Lyceum Club no fue solo un salón elegante ni una reunión de mujeres ilustradas. Fue un lugar de encuentro donde se discutieron cuestiones decisivas para la emancipación femenina: el sufragio, el acceso a la educación, la profesionalización, la presencia de las mujeres en la vida cultural y la necesidad de construir redes de apoyo más allá del ámbito doméstico. De sus iniciativas surgieron proyectos como la Casa de los Niños o el Comité del Libro para Ciegos, y por sus salones pasaron nombres fundamentales de la España de la Edad de Plata.
María de Maeztu, María Lejárraga, Clara Campoamor, Victoria Kent, Elena Fortún o Zenobia Camprubí forman parte de una constelación de mujeres que, desde posiciones ideológicas no siempre coincidentes, compartieron una convicción común; la cultura podía ser una herramienta de transformación política, social y personal.
A través de una investigación rigurosa y documentación inédita, Cosculluela rescata el legado de unas pioneras cuya labor quedó abruptamente interrumpida por la Guerra Civil y posteriormente relegada por décadas de silencio. El resultado es una crónica histórica y cultural sobre un proyecto colectivo que marcó un antes y un después en la historia del feminismo español.
Gooseopinión
Hay lugares que no son solo lugares. Son grietas abiertas en una época. Espacios donde, de pronto, lo que parecía imposible empieza a tener una mesa, una silla, una biblioteca, una conversación y una lista de socias dispuestas a no pedir permiso. El Lyceum Club Femenino fue uno de esos lugares.
El club de las modernas parte de una historia fascinante y todavía insuficientemente conocida, la de un grupo de mujeres que, en el Madrid de 1926, decidió crear un espacio propio para pensar, debatir, leer, organizarse y participar en la vida pública. La palabra "club" puede sonar hoy ligera, casi social, pero en aquel contexto tenía una potencia enorme. Significaba salir del salón doméstico para construir una institución. Significaba convertir la conversación femenina en acción cultural y política. Eva Cosculluela reconstruye ese mundo con una mirada que combina rigor documental y pulso narrativo. El libro no se limita a enumerar nombres ilustres ni a levantar un monumento conmemorativo. Lo que hace es mostrar cómo se formó una red de mujeres que entendieron que la igualdad no se conquistaba únicamente desde los discursos, sino también creando infraestructuras concretas como espacios, comités, bibliotecas, conferencias, proyectos educativos, vínculos profesionales y complicidades sostenidas en el tiempo, siendo lo más poderoso del libro esa idea de comunidad. Tendemos a contar la historia cultural a través de nombres individuales, casi siempre convertidos en excepciones brillantes. Clara Campoamor, Victoria Kent, María Lejárraga, María de Maeztu, Elena Fortún o Zenobia Camprubí aparecen muchas veces como figuras aisladas, cada una en su pequeña vitrina. El club de las modernas permite ver algo mucho más interesante, la trama que las conectaba. Y esa trama importa muchísimo. Porque ninguna mujer avanzamos sola del todo. Ni siquiera las más brillantes. Detrás de cada nombre que consigue sobrevivir en los manuales suele haber redes, debates, amistades, tensiones, desacuerdos, salones, cartas, asociaciones y espacios compartidos. Cosculluela acierta al mostrar que el Lyceum fue precisamente eso, una habitación propia colectiva en la que muchas mujeres pudieron ensayar formas nuevas de presencia pública. El contexto histórico aporta una densidad extraordinaria. La dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y la Guerra Civil no aparecen como simple fondo, sino como fuerzas que condicionan cada avance, cada discusión y cada límite. El club nace en una década de enorme efervescencia cultural, pero también en un país lleno de resistencias. La modernidad de estas mujeres no era decorativa. Era incómoda, discutida y, para muchos, directamente amenazante.
Es bastante interesante que el libro no presente al Lyceum como un espacio idílico sin conflictos. Las mujeres que lo integraron no pensaban todas igual ni defendían exactamente las mismas estrategias. Algunas procedían de entornos privilegiados, muchas pertenecían a élites culturales o profesionales y sus posibilidades no eran las de todas las mujeres españolas de la época. Ese matiz es importante, porque evita convertir la historia en postal feminista sin aristas. Aun así, sería injusto negar la fuerza transformadora del proyecto. Desde ese espacio se discutió el sufragio femenino, se impulsaron iniciativas sociales y culturales y se tendieron puentes entre mujeres de sensibilidades distintas. En un país donde la presencia pública femenina todavía era observada con sospecha, el Lyceum funcionó como laboratorio de ciudadanía.
Desde Gooseando creemos que uno de los aspectos más valiosos del libro es la recuperación de una genealogía. El feminismo español no empezó ayer, ni nació únicamente de consignas contemporáneas, ni puede entenderse sin estas mujeres que pensaron, escribieron, organizaron y discutieron en condiciones mucho más adversas. Leer su historia permite comprender que muchas conquistas que hoy parecen evidentes fueron primero ideas ridiculizadas, luego proyectos frágiles y finalmente derechos disputados. La Guerra Civil aparece como la gran interrupción. No solo destruye trayectorias personales y políticas, sino que corta de raíz una red cultural que había empezado a transformar la vida intelectual española. Después vendrían el exilio, el silencio, la depuración, la invisibilización y esa forma tan eficaz de violencia histórica que consiste en hacer creer que las mujeres decisivas nunca estuvieron allí. Por eso este libro tiene una dimensión reparadora. No en un sentido sentimental, sino histórico. Cosculluela devuelve nombres, contextos y documentos a una conversación de la que habían sido expulsados o en la que habían quedado reducidos a notas al pie. Y lo hace recordando que la memoria cultural no consiste solo en añadir mujeres a una lista, sino en revisar la estructura misma del relato. El estilo busca ese equilibrio difícil entre la investigación exhaustiva y la narración accesible. No estamos ante un ensayo académico cerrado sobre sí mismo, sino ante una obra que quiere llegar a lectores interesados en la historia cultural, el feminismo, la Edad de Plata y las vidas de mujeres que ensancharon los márgenes de lo posible.
El club de las modernas es una lectura necesaria, estimulante y profundamente reveladora. Un libro sobre mujeres concretas, sí, pero también sobre la importancia política de los espacios compartidos. Sobre lo que ocurre cuando quienes han sido educadas para permanecer en segundo plano deciden abrir una puerta, sentarse juntas y empezar a hablar en voz alta, porque la modernidad no siempre llega con grandes manifiestos, a veces empieza con una mesa de reunión, una biblioteca, una conferencia y un grupo de mujeres convencidas de que la cultura también podía ser una forma de insurrección.
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Lectores que han disfrutado de Las Sinsombrero de Tània Balló, El voto femenino y yo de Clara Campoamor, Una habitación propia de Virginia Woolf o libros sobre la Edad de Plata, la Generación del 27 y las mujeres borradas de la historia cultural española. También resultará especialmente atractivo para quienes se interesan por la genealogía del feminismo en España y por los espacios donde la cultura se convirtió en una herramienta de emancipación.
Una obra imprescindible para recordar que antes de muchas conquistas hubo mujeres creando redes, defendiendo ideas y abriendo habitaciones donde nadie las esperaba.
Y ahora tú...
¿Cuántas veces la historia ha llamado "modernas" a mujeres que, en realidad, solo estaban reclamando el derecho elemental a pensar, crear y decidir por sí mismas?
