El llanto de los muertos
Argumento
Treinta años atrás, Sofie, Elena y Magdalena eran inseparables. Tres adolescentes que crecían juntas en Fjällbacka y que parecían tener por delante una vida entera en la que todo estaba todavía por suceder. Hasta que una noche Sofie desaparece sin dejar rastro. No hay cuerpo. No hay explicación. Y tampoco hay una verdad capaz de cerrar definitivamente el caso.
Treinta años después, la desaparición continúa formando parte de la memoria de la localidad, como esas historias que aparentemente pertenecen al pasado pero que nunca terminan de desaparecer. Cuando aparecen nuevos elementos relacionados con el caso, la policía decide reabrir la investigación y volver sobre unas preguntas que llevan décadas sin respuesta. Patrik Hedström se encuentra al frente de la investigación junto a sus compañeros de la comisaría de Tanumshede, mientras Erica Falck, escritora y esposa de Patrik, vuelve a hacer aquello que ya conocemos demasiado bien: meter las narices donde probablemente no debería.
Pero es que Erica no puede evitarlo. Investigar es también su manera de entender las historias, y esta vez el pasado parece esconder algo especialmente oscuro. En medio de todo aparece Aino, una anciana conocida como la plañidera, una mujer relacionada con los muertos y con una tradición que parece guardar una conexión inesperada con los acontecimientos del pasado.
Mientras Patrik y Erica intentan reconstruir lo sucedido, alguien está decidido a impedir que la verdad salga a la luz. Porque algunos secretos pueden permanecer enterrados durante décadas. Pero no desaparecen.
Gooseopinión
Hay algo que Camilla Läckberg sabe hacer especialmente bien y es convertir un lugar pequeño en un sitio donde absolutamente todo el mundo parece tener algo que ocultar. En una saga como Los crímenes de Fjällbacka, esto es casi una especialidad de la casa, porque el atractivo de estas novelas nunca está únicamente en descubrir quién mató a quién. Está en la relación entre el crimen y una comunidad concreta, en cómo el pasado familiar se mezcla con el presente y en esa sensación tan característica de que debajo de una localidad aparentemente tranquila hay décadas enteras de secretos, resentimientos, silencios y relaciones mal cerradas.
El llanto de los muertos vuelve a trabajar precisamente con ese mecanismo.Un crimen antiguo. Una desaparición que nunca se resolvió. Tres amigas adolescentes. Una comunidad que siguió viviendo como si nada. Y treinta años después, la posibilidad de que alguien todavía tenga motivos para impedir que se descubra lo ocurrido. Es una estructura que ya conocemos, y precisamente por eso la pregunta no es si Läckberg sabe construir un misterio. La pregunta es si consigue que queramos seguir leyendo cuando ya conocemos el mecanismo. Y aquí, para mí, lo consigue.
Lo más interesante de la novela está en esa distancia temporal. Treinta años. Treinta años son suficientes para que una persona cambie completamente, para que una familia se transforme, para que alguien se marche, para que alguien muera y para que una historia se convierta en una versión aceptada por todo el mundo, pero también son suficientes para que un secreto se haga mucho más difícil de desenterrar. La desaparición de Sofie no es solamente un misterio policial. Es una herida antigua. Y Läckberg aprovecha muy bien esa idea. Lo ocurrido en el pasado no permanece encerrado en el pasado. Sigue afectando a las personas que estuvieron allí, a quienes las conocieron y a quienes han heredado las consecuencias de decisiones tomadas cuando eran demasiado jóvenes para imaginar lo que vendría después.
Ese es uno de los elementos que mejor funcionan en la novela: el crimen no termina cuando desaparece la víctima. Sus consecuencias continúan. Y, en ocasiones, durante décadas. También funciona bien el contraste entre la investigación policial y la investigación de Erica. Patrik representa el procedimiento, la evidencia, las entrevistas y la necesidad de reconstruir los hechos de una manera que pueda sostenerse. Erica representa otra cosa, la curiosidad, la intuición, la capacidad de mirar el caso desde otro ángulo, y, naturalmente, esa tendencia suya a involucrarse personalmente en asuntos que probablemente sería mucho más sensato dejar en manos de la policía.
Pero si Erica se quedara tranquilamente en casa, tendríamos bastante menos novela. Y nosotros queremos novela. Así que adelante, Erica. Métete donde no te llaman. Otra vez.
La relación entre ambos sigue siendo una de las características que diferencian la saga de un thriller policial convencional. La investigación criminal no existe aislada de la vida personal de sus protagonistas, y eso permite que el lector conozca no solo cómo se resuelve un caso, sino también qué consecuencias tiene enfrentarse constantemente con el lado más oscuro de una comunidad. Uno de los elementos que más curiosidad despierta aquí es Aino, la plañidera. La figura de la mujer que llora a los muertos introduce una dimensión diferente en la novela y permite a Läckberg jugar con una tradición relacionada con la muerte, el duelo y la memoria. Y esto me parece especialmente interesante porque el título de la novela no funciona únicamente como una referencia al misterio. El llanto de los muertos tiene algo simbólico. Los muertos no hablan, pero dejan huellas. Y a veces esas huellas aparecen precisamente a través de quienes los recuerdan.
Aino representa esa memoria que permanece cuando todo lo demás ha cambiado. Una figura vinculada a los muertos que, de alguna manera, termina conectando el pasado con el presente. No hace falta entrar en explicaciones sobrenaturales para que el concepto funcione. El verdadero fantasma de esta novela es el pasado. Y aquí Läckberg vuelve a uno de sus temas recurrentes: la idea de que las apariencias engañan. Una localidad pequeña parece ofrecer seguridad. Todo el mundo se conoce. Todos saben quién es quién. Las familias llevan generaciones viviendo allí. Los secretos, sin embargo, pueden ser precisamente más profundos porque todo el mundo tiene una historia compartida. En una ciudad enorme puedes desaparecer entre millones de personas. En un pueblo pequeño, en cambio, todo el mundo recuerda. Y cuando alguien desaparece, la ausencia permanece, y por eso la desaparición de Sofie tiene tanto peso. No es solamente una persona que falta, es una pregunta que lleva treinta años instalada en la comunidad.
Ahora bien, también hay que reconocer las limitaciones del libro. Läckberg no está intentando revolucionar el género. No estamos ante una novela que vaya a reinventar el thriller policial ni ante una estructura narrativa especialmente experimental. La autora conoce perfectamente las herramientas que utiliza y las utiliza con eficacia. Hay investigación, hay secretos familiares, hay pistas, hay sospechosos, hay pasado y presente, hay giros, y hay personajes que saben más de lo que dicen. Es, en ese sentido, una novela muy consciente de pertenecer a una tradición.
Pero no creo que eso sea necesariamente un defecto.
Una buena novela de género no tiene por qué reinventar el género cada vez que se publica. Tiene que contar bien la historia que ha decidido contar. Y Läckberg sabe hacerlo. Además, hay algo particularmente efectivo en la manera en que el misterio va revelando que las relaciones entre las tres adolescentes no eran necesariamente tan sencillas como parecían. La amistad adolescente tiene una característica peligrosa: puede ser absoluta. A esas edades, las amistades parecen definitivas. Las personas que forman parte de nuestra vida entonces parecen destinadas a permanecer para siempre. Y luego llega la vida. Y aparecen los secretos. Los celos. Las diferencias. Las decisiones. Los caminos que se separan. En ese sentido, la desaparición de Sofie funciona también como el punto de ruptura de una amistad que parecía indestructible.
Treinta años después, lo que queda no es solamente la pregunta de qué le ocurrió a Sofie. También queda la pregunta de qué ocurrió realmente entre aquellas tres chicas antes de que una de ellas desapareciera. Y esa segunda pregunta es la que mantiene buena parte de la tensión.
Me gusta también que la novela no convierta el pasado en una simple excusa para construir un misterio. El pasado tiene textura. Tiene consecuencias. Las personas que eran adolescentes entonces son adultas ahora. Y esa transformación permite a Läckberg jugar con una idea muy interesante: conocemos a las personas que sobrevivieron, pero no podemos saber quiénes habrían sido si aquella noche no hubiera sucedido nada.
Sofie quedó congelada en el tiempo. Los demás siguieron viviendo. Y esa diferencia es terrible. Una persona desaparecida no envejece. No cambia. No tiene oportunidad de convertirse en otra versión de sí misma. Los que se quedan sí. Y tienen que vivir con todo lo que ocurrió después.
Como thriller, El llanto de los muertos funciona bien cuando deja que la investigación avance poco a poco y no intenta resolverlo todo demasiado pronto. El interés está en reconstruir. En volver atrás. En comparar lo que la gente recuerda con lo que realmente pudo haber ocurrido. Y, sobre todo, en preguntarse cuánto de lo que recordamos después de treinta años es verdad y cuánto hemos ido modificando para poder vivir con ello. Porque la memoria tampoco es una testigo perfecta. Y en una historia construida alrededor de una desaparición tan antigua, eso importa muchísimo.
Para quienes ya conocemos a Erica y Patrik, además, hay un atractivo adicional. No empezamos desde cero, ya sabemos cómo funcionan. Sabemos que Erica terminará involucrándose. Sabemos que Patrik intentará mantener la investigación dentro de los cauces oficiales. Sabemos que el equilibrio entre ambos forma parte de la identidad de la saga. Y eso genera una sensación curiosa: no estamos únicamente leyendo un nuevo crimen. Estamos volviendo a un universo conocido. Y una buena saga consigue precisamente eso. Que quieras regresar. Que los personajes importen más allá del caso concreto. Que la nueva investigación sea también una excusa para seguir viviendo un rato en ese mundo.
No diría que El llanto de los muertos sea una novela perfecta; tiene algunos mecanismos reconocibles del género y ciertos giros que pueden resultar familiares para quienes hayan leído bastante thriller nórdico. Tampoco busca la profundidad psicológica de los mejores exponentes de la novela negra contemporánea Pero tampoco creo que haya que pedirle eso.
Läckberg juega en otro terreno.
El suyo es el del misterio adictivo, los secretos familiares, los pueblos pequeños llenos de historias y los personajes a los que quieres seguir acompañando de libro en libro. Y dentro de ese terreno funciona, ya que una vez que queremos saber qué ocurrió aquella noche, resulta bastante difícil dejar a Sofie enterrada en el pasado.
Y hay algo que resume muy bien la novela. El mal no necesita desaparecer para permanecer oculto. A veces simplemente necesita que nadie siga haciendo preguntas. Treinta años después, alguien vuelve a preguntar. Y eso es suficiente para empezar a removerlo todo. Ahí está la esencia de El llanto de los muertos: una historia sobre una desaparición, sí, pero también sobre la memoria, el silencio y la manera en que una comunidad aprende a convivir con aquello que nunca consiguió explicar. Y quizá por eso el título funciona tan bien, porque los muertos no necesitan hablar para seguir estando presentes...
A veces basta con que alguien recuerde que alguna vez estuvieron allí.
Recomendado para...
Lectores habituales de Camilla Läckberg y de Los crímenes de Fjällbacka, evidentemente, pero también para quienes disfrutan de los thrillers en los que el misterio criminal se mezcla con secretos familiares, relaciones antiguas y heridas que llevan décadas abiertas.
Es una buena elección si os gustan las investigaciones que avanzan entre pasado y presente y los escenarios aparentemente tranquilos en los que, cuanto más conocemos a sus habitantes, más sospechamos que nadie es exactamente quien parecía.
No sería mi recomendación principal para alguien que busque una novela negra especialmente dura o experimental. Aquí manda el entretenimiento, el misterio y la continuidad de los personajes. Y en eso Läckberg sabe perfectamente lo que está haciendo.
Y ahora tú...
Treinta años después de una desaparición, alguien vuelve a abrir el caso. La pregunta parece sencilla: ¿realmente quieres saber la verdad? Porque descubrir qué ocurrió puede hacer justicia a quien desapareció. Pero también puede destruir la vida que quienes sobrevivieron construyeron después.
Y ahí está una de las preguntas que deja esta novela: ¿Hay secretos que deberían permanecer enterrados porque el precio de descubrirlos es demasiado alto?
Yo soy bastante partidaria de abrir la tumba. Luego ya veremos qué hacemos con lo que encontremos.
