El Panamá. Vida fuera de la ley

Autor: Iñaki Domínguez
Editorial: Ariel
Número de páginas: 364
ISBN: 9788434439955
Valoración: ✰✰✰✰✰
Argumento
El Panamá. Vida de un fuera de la ley es una biografía literaria y social que reconstruye la vida de José Manuel Cifuentes, conocido como "el Panamá", figura legendaria de la delincuencia urbana madrileña en los años 1980. A través de estas páginas, Domínguez traza no solo la trayectoria personal de un individuo fuera de la ley, sino también el retrato de una España en plena transición: una sociedad marcada por la violencia, las drogas, las bandas callejeras y las transformaciones culturales de una juventud que buscaba escapar de la miseria y la marginación con medios extremos.
La narrativa se adentra en los ambientes de los quinquis de los barrios bajos, la Ruta del Bakalao, la música rock y los atracos nocturnos, mostrando cómo la vida de "el Panamá" encarna una generación entera que vivió al filo de la legalidad y la supervivencia. Su figura, a la vez temida y admirada, se compara con otros íconos del hampa urbana como El Vaquilla, El Pirri o Dieguito El Malo, personajes que han quedado grabados en la memoria sociocultural española.
Gooseopinión
Cultura marginal, memoria y lo que preferimos no recordar
Hay libros que no intentan salvar a nadie. Tampoco condenar. Se limitan a mirar. El Panamá. Vida de un fuera de la ley pertenece a esa estirpe poco cómoda: la de los textos que se acercan a la marginalidad sin convertirla en espectáculo ni en moraleja. No se leen del todo tranquilos. No porque sean violentos o explícitos, sino porque obligan a mirar un lugar que, como sociedad, solemos esquivar. Cuando lo terminas, no te deja una opinión cerrada, sino una incomodidad persistente. Y eso, para mí, es una virtud.
Iñaki Domínguez escribe sobre José Manuel Cifuentes, "el Panamá", figura legendaria de la delincuencia madrileña de los años ochenta. Pero el libro no va realmente de un delincuente. Va de una época, de una generación y de una forma de estar en el mundo cuando el mundo ya te ha cerrado la puerta. El Panamá no aparece como héroe ni como villano. Aparece como alguien que vivió donde casi nadie quería mirar.
Fue delincuente, guitarrista, figura nocturna, mito de barrio. Pero, sobre todo, fue un cuerpo arrojado a los años ochenta españoles: una década que hoy se recuerda con neón y nostalgia, pero que para muchos significó heroína, violencia, cárcel, barrios sin futuro y una libertad mal entendida que siempre se pagaba cara. Domínguez no lo convierte en monstruo ni en leyenda. Lo observa como se observa una grieta: sabiendo que lo importante no es solo lo que se ve, sino lo que deja entrever.
El libro dialoga inevitablemente con la mitología quinqui —El Vaquilla, El Pirri, el cine de Eloy de la Iglesia—, pero lo hace desde otro lugar. Aquí no hay romanticismo, ni glamour, ni épica de la perdición. Tampoco esa mirada indulgente que convierte la marginalidad en estética. Domínguez no embellece nada, pero tampoco juzga. Se limita a contar y a observar. Y eso resulta mucho más incómodo que cualquier leyenda bien contada.
Mientras leía, pensaba mucho en cómo recordamos los ochenta. En la Movida, la noche, la música, la libertad recién estrenada. Y en todo lo que queda fuera de ese relato. El Panamá funciona como un recordatorio constante de que no todo el mundo vivió esa década como una fiesta. Para muchos fue una sucesión de pérdidas, violencia y callejones sin salida.
Una de las cosas que más me ha llamado la atención del libro es cómo trata la cultura. La música, la noche, las guitarras, los bares, las discotecas… no están ahí como simple decorado. Son parte de una identidad. El Panamá no delinque en el vacío: delinque desde un lugar simbólico, desde una escena, desde una estética que le da sentido a una vida que, de otro modo, sería puro derrumbe. La cultura no salva, pero acompaña. Y a veces eso es lo único que hay.
Comparado con otros relatos sobre marginalidad, este libro no escribe desde el exceso ni desde la épica del derrumbe. No busca la frase brillante ni la brutalidad por la brutalidad. Hay distancia, pero no frialdad. Se nota que a Domínguez le interesa entender más que impresionar. Quizá por eso funciona tan bien como ejercicio de memoria: no intenta cerrar el pasado, ni darle sentido, ni convertirlo en lección. Lo deja abierto, incómodo, sin redención.
Al final, El Panamá no habla solo de un fuera de la ley. Habla de una sociedad que decide quién entra en el relato y quién se queda fuera. De cómo construimos la memoria cultural: Qué recordamos con cariño, qué convertimos en mito y qué preferimos olvidar porque no encaja con la imagen que nos gusta tener de nosotros mismos.
Al terminar el libro queda una sensación muy Gooseando: la de haber caminado por una ciudad que ya no existe, pero cuyas sombras siguen ahí. Porque el Panamá no es solo un nombre propio; es la prueba de que hubo —y hay— personas para las que la ley, el futuro y la promesa democrática llegaron tarde o nunca llegaron. Y quizá por eso este libro incomoda: porque no habla solo del pasado, sino de todo lo que preferimos no mirar cuando pensamos que una época fue "libre" solo porque ahora la recordamos con música de fondo.
A quién recomendaría este libro?
✔ Lectores interesados en la historia
social de España reciente.
✔ Quienes gustan de biografías de personajes
marginales con contexto cultural.
✔ Aficionados a la crónica urbana, antropología
cultural y estudios sociológicos.
✔ Público
curioso sobre los años
80 y la cultura alternativa de esa década.