El reto de ser humanos

27.09.2026

Autor: César Bona

Editorial: Ariel

Número de páginas: 292

ISBN: 9788434440821

Categoría: 🧠 Ensayo de educación y desarrollo personal · competencias humanas en la era de la IA

Valoración: ✰✰✰✰

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Argumento

La inteligencia artificial está cambiando a una velocidad difícil de seguir muchas de las tareas que hasta hace poco considerábamos exclusivamente humanas. Escribe, resume, traduce, genera imágenes, responde preguntas, analiza información y empieza a intervenir en ámbitos cada vez más amplios de nuestra vida. Ante este escenario, la pregunta que plantea César Bona no es tanto qué serán capaces de hacer las máquinas dentro de unos años, sino qué necesitamos aprender nosotros para seguir siendo capaces de pensar, crear y relacionarnos con autonomía.

En El reto de ser humanos, Bona identifica ocho competencias que considera fundamentales para desenvolverse en este nuevo contexto: atención, curiosidad, creatividad, comunicación, metacognición, pensamiento crítico, convivencia y liderazgo. El recorrido parte de habilidades que pueden parecer cotidianas, pero que resultan mucho más complejas de lo que aparentan. Prestar atención, por ejemplo, no consiste simplemente en mirar o escuchar; implica ser capaces de dirigir nuestra mente en un entorno diseñado para reclamarla constantemente.

A partir de estas ocho dimensiones, el libro propone herramientas y estrategias destinadas tanto a adultos como a familias y educadores. La intención no es preparar a las personas para competir con la tecnología, sino fortalecer aquellas capacidades que permiten utilizarla sin delegar completamente en ella nuestra capacidad de decidir, interpretar, crear o relacionarnos con los demás.

El recorrido conecta así educación y vida cotidiana, planteando que aprender a convivir con la inteligencia artificial también exige aprender a conocernos mejor, cuestionar la información que recibimos, sostener la atención, formular buenas preguntas, aceptar diferentes perspectivas y asumir la responsabilidad sobre nuestras propias decisiones.

Porque quizá el verdadero reto de esta revolución tecnológica no consista en conseguir que las máquinas sean cada vez más inteligentes, sino en evitar que nosotros dejemos de ejercitar precisamente aquello que nos permite serlo.

Gooseopinión

Hay una pregunta que sobrevuela cualquier conversación sobre inteligencia artificial y que normalmente aparece formulada de una manera bastante poco tranquilizadora ¿qué trabajos nos va a quitar la IA? César Bona propone cambiarla por otra que, personalmente, me parece bastante más interesante, ¿qué capacidades necesitamos conservar y desarrollar nosotros mientras la tecnología cambia todo lo demás? Porque llevamos un tiempo hablando de inteligencia artificial como si el gran problema fuese conseguir que las máquinas no nos adelanten. Y quizá estamos mirando en la dirección equivocada. Una máquina puede escribir un texto en segundos, responder a una pregunta, generar una imagen o resumir un libro, pero eso no significa que nosotros tengamos que competir con ella haciendo exactamente lo mismo. El verdadero desafío consiste en saber qué queremos preguntarle, cuándo debemos desconfiar de su respuesta, qué hacemos con aquello que nos proporciona y, sobre todo, qué decisiones seguimos queriendo tomar por nosotros mismos.

En esta cuestión es donde El reto de ser humanos encuentra su territorio. Bona coloca en el centro ocho competencias que no parecen especialmente futuristas porque, en realidad, son profundamente humanas, atención, curiosidad, creatividad, comunicación, metacognición, pensamiento crítico, convivencia y liderazgo, resultando tan pertinentes en un momento en el que estamos fascinados por todo lo que la tecnología puede hacer.

La atención es un buen ejemplo. Nunca hemos tenido tantas herramientas para ahorrar tiempo y, al mismo tiempo, tan poca facilidad para conseguir que nuestra cabeza permanezca cinco minutos seguidos en una sola cosa sin que aparezca otra notificación, otra pestaña, otro vídeo o esa irresistible necesidad de comprobar qué ha ocurrido mientras no mirábamos el teléfono. Si la tecnología es cada vez mejor capturando nuestra atención, aprender a dirigirla voluntariamente se convierte casi en una forma de autonomía.

Lo mismo ocurre con la curiosidad. Una inteligencia artificial puede proporcionarnos una respuesta en segundos, pero eso no significa que sepamos formular la pregunta adecuada. Y ahí aparece una diferencia que yo creo que es fundamental, el tener acceso a una cantidad gigantesca de información no equivale a tener criterio para decidir qué merece nuestra atención. La curiosidad no consiste únicamente en acumular respuestas, sino en querer comprender, relacionar ideas y seguir preguntando cuando la primera explicación no nos convence.

La creatividad plantea algo parecido. Durante mucho tiempo hemos asociado crear con producir algo original, aunque la creatividad (ya lo dijo John Cleese) tiene más que ver con la capacidad de establecer conexiones que antes no estaban juntas, de imaginar alternativas y de atreverse a salir de la respuesta evidente. La IA puede generar combinaciones sorprendentes y producir contenidos a una velocidad imposible para una persona, pero eso no elimina la necesidad de decidir qué merece ser creado, para qué y con qué intención.

Y aquí entra una de las competencias que me parece especialmente importante en el contexto actual: el pensamiento crítico, cuanto más fácil resulta generar información, más difícil puede resultar distinguir qué información merece nuestra confianza. Ya no basta con preguntarnos si algo está escrito correctamente o si parece convincente. Tenemos que aprender a contrastar, contextualizar, detectar contradicciones, reconocer nuestros propios sesgos y aceptar que una respuesta perfectamente redactada puede ser completamente equivocada.

La metacognición, quizá la palabra menos cotidiana de las ocho, conecta precisamente con esa capacidad de observar cómo pensamos. Saber qué sabemos, qué no sabemos, por qué creemos lo que creemos y qué mecanismos utilizamos para tomar decisiones. En un mundo en el que podemos obtener respuestas inmediatas para casi cualquier cosa, reconocer nuestros límites se convierte en una habilidad bastante más valiosa de lo que parece.

Pero lo que más me interesa de la propuesta de Bona es que no reduce el futuro a una cuestión de competencias profesionales. Porque podríamos aprender a utilizar todas las herramientas tecnológicas del mundo y seguir teniendo un problema bastante más antiguo, no saber convivir.

La comunicación, la convivencia y el liderazgo introducen una dimensión que a veces desaparece cuando hablamos de inteligencia artificial como si todo fuese productividad. Las personas no necesitamos únicamente saber hacer cosas; necesitamos saber escucharnos, resolver conflictos, trabajar con quienes piensan diferente, construir relaciones y asumir responsabilidad sobre nuestras decisiones. Ninguna revolución tecnológica elimina esa necesidad. Si acaso, puede hacerla todavía más evidente.

Existe, no obstante, una cuestión educativa especialmente relevante. Si sabemos que muchas de las tareas que hoy utilizamos para evaluar el aprendizaje pueden ser realizadas por una máquina, quizá tengamos que preguntarnos qué queremos enseñar realmente. Si un alumno puede obtener una respuesta perfecta en segundos, la pregunta deja de ser únicamente si sabe responder y pasa a ser si sabe pensar sobre la respuesta. Si puede generar un texto, importa más que nunca que pueda defender una idea, cuestionarla, relacionarla con otras y aportar una mirada propia. Y eso nos afecta también a los adultos. Resultaría bastante cómodo pensar que este es un libro para padres y profesores porque son ellos quienes tienen que preparar a los niños para el futuro. Pero nosotros también estamos dentro de ese futuro. También tenemos que aprender a convivir con herramientas que van a modificar nuestra forma de trabajar, informarnos, comunicarnos y crear. Y tampoco estaría mal recordar que los adultos somos, queramos o no, el modelo que tienen delante muchas de las generaciones que pretendemos preparar.

Por eso El reto de ser humanos me parece más interesante cuando deja de hablar de la IA como amenaza y empieza a hablar de nosotros como responsabilidad. La tecnología no tiene por qué convertirnos en seres menos humanos. Pero tampoco va a impedirlo por nosotros. Podemos utilizarla para pensar mejor o para dejar de pensar; para ampliar nuestra curiosidad o para aceptar la primera respuesta que aparezca; para liberar tiempo y utilizarlo de manera consciente o para llenar cada minuto disponible con más estímulos, siendo esta la cuestión de fondo; la IA puede hacer cada vez más cosas por nosotros, pero eso no significa que debamos dejarle decidir cuáles queremos seguir haciendo nosotros. Porque si una máquina puede escribir, dibujar, calcular, resumir, traducir y producir respuestas cada vez más sofisticadas, quizá nuestra ventaja no esté en intentar demostrar que podemos hacerlo más rápido. Quizá esté en algo mucho más difícil de automatizar: saber qué merece la pena hacer.  

Por ejemplo, yo podría haber redactado esta reseña perfectamente con IA, pero sigo prefiriendo hacerlo de la manera tradicional, y ahora entenderéis por qué El reto de ser humanos no ofrece una defensa nostálgica de lo humano frente a la tecnología. Agradeciendo este hecho, ya que no se trata de apagar los ordenadores y volver a escribir cartas con pluma -que a mi parecer sería lo más bonito que nos pudiera ocurrir como sociedad- mientras esperamos que pase el apocalipsis tecnológico. Se trata de algo bastante más sensato, utilizar las herramientas que tenemos sin entregarles también nuestra capacidad de criterio, nuestra curiosidad, nuestra creatividad y nuestra responsabilidad.

Al final la pregunta no es si la inteligencia artificial será más inteligente que nosotros en determinadas cosas. Probablemente ya lo es. La pregunta verdaderamente interesante es qué queremos hacer nosotros con nuestra inteligencia cuando ya no necesitemos utilizarla para hacer todo lo que una máquina puede hacer por nosotros.

Recomendado para...

Familias, educadores y personas interesadas en comprender cómo afrontar la educación y el desarrollo personal en un contexto marcado por la inteligencia artificial, pero también para cualquier adulto que quiera detenerse a revisar habilidades que damos por supuestas hasta que descubrimos lo fácil que resulta perderlas. Es una lectura especialmente interesante para quienes se preguntan cómo educar en un mundo de pantallas, cómo enseñar pensamiento crítico sin matar la curiosidad, cómo recuperar la atención o cómo utilizar la tecnología sin permitir que termine tomando decisiones que deberían seguir siendo nuestras.


La inteligencia artificial puede aprender a hacer cada vez más cosas; el verdadero reto es que nosotros no olvidemos cómo pensar, crear y decidir por nosotros mismos.

El veredicto de Halford

Yo tengo una duda después de leer este libro y es si estamos preparando a nuestros hijos para convivir con la inteligencia artificial o si, en realidad, estamos intentando preparar a la inteligencia artificial para convivir con nosotros. Porque llevamos años diciendo a los niños que tienen que prestar atención, tener curiosidad, pensar por sí mismos, comunicarse bien y aprender a convivir, mientras nosotros estamos mirando el móvil mientras cenamos, preguntándole a una máquina hasta cómo redactar un mensaje de WhatsApp y diciendo "no sé, búscalo en Google" cada vez que alguien hace una pregunta complicada. Así que igual el reto de ser humanos empieza por una cosa bastante menos futurista que hablar de robots, conseguir que los adultos dejemos de comportarnos como si tuviéramos cinco pestañas abiertas dentro de la cabeza y una de ellas estuviera reproduciendo un vídeo sin que sepamos cuál. Creo que, si las máquinas van a pensar cada vez mejor, quizá nosotros tengamos que empezar por recordar dónde dejamos el nuestro.

Y ahora tú...

Si la inteligencia artificial puede encargarse cada vez de más tareas que hasta ahora utilizábamos para demostrar que sabíamos pensar, crear o resolver problemas, ¿qué capacidad humana te gustaría asegurarte de que nunca delegarás completamente en una máquina?

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