El secreto de Victor Black

16.05.2026

Autor: Alexandre Escrivá

Editorial: Alfaguara

Número de páginas: 358

ISBN: 9788410496255

Categoría: 🕵️‍♂️ Novela · thriller psicológico y criminal

Valoración: ✰✰✰✰

Nota: esta reseña incluye enlaces de afiliado.

Argumento

En El secreto de Víctor Black, Alexandre Escrivá arranca con una escena diseñada para fijarse en la memoria: el asesinato brutal de Natalie Fischer, cuyo cuerpo aparece cosido a puñaladas y rodeado de mantis religiosas.

El crimen no es solo violento, es reconocible.

El inspector William Parker identifica rápidamente un patrón: el modus operandi coincide con el de Víctor Black, un asesino en serie ya condenado y encerrado en el corredor de la muerte en la prisión de San Quintín. El problema es evidente: los detalles específicos de sus crímenes nunca fueron públicos.

La investigación se bifurca entonces en dos direcciones inquietantes: o bien Black no es quien creían, o alguien ha accedido a una información que debería haber permanecido oculta.

A medida que Parker se adentra en el caso, la desaparición de la hija del matrimonio, Sharon, añade una nueva capa de tensión. Y el centro de gravedad del relato se desplaza hacia los encuentros entre el inspector y Black, donde comienza un juego psicológico marcado por la manipulación, la mentira y una inteligencia que parece ir siempre un paso por delante.

Gooseopinión

Leer El secreto de Víctor Black es entrar en un terreno muy reconocible dentro del thriller contemporáneo: asesino en serie, investigador obsesivo, crimen simbólico y un antagonista que no solo mata, sino que piensa mejor que los demás.

La pregunta no es si funciona. Es cómo lo hace y hasta dónde llega.

Alexandre Escrivá construye la novela apoyándose en una estructura sólida: un crimen inicial potente, un enigma bien planteado y un eje central —la relación entre Parker y Black— que articula toda la tensión narrativa. En ese sentido, el libro cumple con precisión lo que se espera de él.

Pero lo interesante aparece cuando se observa más de cerca ese juego psicológico.

El personaje de Víctor Black responde a un arquetipo muy claro: el asesino brillante, ególatra, capaz de convertir cada conversación en un tablero de ajedrez. Es un tipo de personaje que funciona porque genera fascinación inmediata, pero también porque exige algo al autor: sostener esa inteligencia sin caer en el cliché.

Y ahí es donde la novela oscila.

Hay momentos en los que Black resulta realmente inquietante, especialmente cuando el texto deja espacio a la ambigüedad, cuando no explica del todo sus motivaciones y permite que el lector complete el vacío. En esos pasajes, el personaje tiene peso.

Sin embargo, en otros momentos, su construcción se acerca demasiado a lo reconocible dentro del género. Esa brillantez calculada, esa superioridad constante, corre el riesgo de volverse previsible si no se tensiona lo suficiente.

Con Parker ocurre algo similar, pero desde el lado opuesto. Su figura como inspector funciona narrativamente —es el punto de entrada del lector—, pero en algunos tramos se percibe más como vehículo de la investigación que como personaje completamente desarrollado. Su conflicto interno, que podría haber añadido una capa interesante, aparece, pero no siempre se explota con toda la profundidad que promete.

Lo que sí destaca es el uso del símbolo.

Las mantis religiosas no están ahí solo para impactar visualmente. Funcionan como elemento perturbador, como firma, pero también como insinuación de algo más: una violencia que no es únicamente física, sino casi ritual, casi estética. Ese tipo de detalle eleva la propuesta, porque introduce una dimensión más inquietante que el simple crimen.

La novela se mueve dentro de los códigos del thriller sin romperlos del todo. Y eso tiene una doble lectura. Por un lado, garantiza ritmo, tensión y una lectura ágil. El libro engancha, avanza con fluidez y mantiene el interés. Por otro, limita su capacidad de sorpresa real.

Porque cuando el lector reconoce demasiado bien las reglas del juego, también intuye sus posibles movimientos. Y aunque la novela intenta introducir giros y desestabilizar certezas, en algunos momentos la sensación de déjà vu es inevitable.

Aun así, hay algo que sostiene la lectura: la dinámica entre cazador y presa, donde nunca queda del todo claro quién ocupa cada lugar.

Y ahí el libro encuentra su mejor versión.

No tanto en el misterio en sí, sino en la tensión psicológica que se genera alrededor de él. En esa sensación de que la verdad no solo está oculta, sino que puede haber sido manipulada desde el principio.

Recomendado para...

Lectores que disfrutan de thrillers psicológicos con asesinos carismáticos y juegos mentales, en la línea de El silencio de los corderos de Thomas Harris o La chica del tren de Paula Hawkins, donde la tensión se construye tanto desde la investigación como desde la manipulación emocional y narrativa.


Una novela eficaz, bien construida y con momentos de verdadera inquietud, que funciona mejor en su dimensión psicológica que en su capacidad de reinventar el género.

Y ahora tú...

¿Qué inquieta más: que un asesino siga actuando… o que alguien haya entendido demasiado bien cómo hacerlo?

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