¡Esas palmas, coño! Memorias supervivientes de un Siniestro Total

17.07.2026

Autor: Miguel Costas

Editorial: Roca Editorial

Número de páginas: 351

ISBN: 9791387905262

Categoría: 🎸 Memorias musicales y supervivencia punk · Vigo, excesos y desencanto generacional

Valoración: ✰✰✰✰

Nota: esta reseña incluye enlaces de afiliado.

Argumento

En ¡Esas palmas, coño!, Miguel Costas reconstruye en primera persona el recorrido vital y musical de uno de los nombres fundamentales del punk y rock irreverente español. Desde una infancia humilde en el Vigo de calles embarradas hasta los escenarios multitudinarios de los años dorados del rock nacional, el músico recorre décadas de excesos, amistades, resacas, tensiones creativas y supervivencia emocional con una mezcla constante de humor, crudeza y memoria sentimental.

Lejos de unas memorias complacientes o excesivamente mitificadoras, Costas reconstruye el ascenso de Siniestro Total desde el caos improvisado de la escena gallega hasta convertirse en una de las bandas más reconocibles y corrosivas del panorama español. El libro atraviesa no solo la explosión musical de los ochenta y noventa, sino también las fracturas internas, las pérdidas personales, los conflictos con la industria y la decisión de abandonar el grupo en pleno éxito.

Entre anécdotas delirantes, conciertos sudorosos, guitarras destrozadas y noches interminables, el relato termina convirtiéndose en algo más amplio que la simple autobiografía de un músico. Costas habla también de clase social, de precariedad, de la resaca emocional de toda una generación y del desgaste que produce sobrevivir a una vida vivida permanentemente al límite.

Más que unas memorias nostálgicas, ¡Esas palmas, coño! funciona como el testimonio de alguien que atravesó el punk español desde dentro y que, después de ganarlo y perderlo casi todo, sigue mirando el pasado sin demasiada épica impostada y con bastante menos miedo a decir ciertas verdades.

Gooseopinión

Hay memorias musicales que funcionan como lavado de imagen retrospectivo y otras que todavía conservan olor a camerino, cerveza derramada y decisiones bastante malas tomadas de madrugada. ¡Esas palmas, coño! pertenece claramente al segundo grupo. Y eso es precisamente lo que vuelve tan atractivo el libro de Miguel Costas, esa sensación constante de que quien escribe ya no necesita construir un personaje porque bastante tuvo con sobrevivir al que fue durante décadas.

Lo primero que sorprende es el tono. Costas escribe exactamente como una esperaría que hablara alguien salido de Siniestro Total: entre el cachondeo, la retranca gallega, la fanfarronería punk y momentos inesperadamente vulnerables que aparecen cuando menos lo esperas. El libro funciona muchísimo mejor cuando deja de intentar ordenar "la gran historia del rock español" y se convierte simplemente en la voz de un tipo mirando hacia atrás sin demasiadas ganas de embellecer el desastre. Y ahí está probablemente su mayor acierto. Porque ¡Esas palmas, coño! no idealiza del todo aquella generación musical. Hay nostalgia, claro, pero también bastante conciencia del desgaste físico, emocional y personal que dejaron aquellos años. Costas parece entender algo tan importante como que muchas veces el mito del rock oculta historias bastante menos glamourosas de precariedad, adicciones, tensiones internas y soledad.

Lo más interesante del libro está precisamente en cómo conecta la historia de Siniestro Total con una transformación mucho más amplia de España. El Vigo que describe Costas no es únicamente un escenario musical; es una ciudad obrera, áspera y profundamente cambiante donde la música aparece casi como válvula de escape generacional. El punk aquí no surge como pose estética importada, sino como respuesta bastante lógica a una mezcla de aburrimiento, rabia y ganas de reírse absolutamente de todo. Y eso se nota muchísimo en el humor. El libro entiende muy bien que Siniestro Total nunca funcionó solo por la música, sino también por una forma muy concreta de ironía española, corrosiva y absurda, capaz de mezclar cultura popular, gamberrismo y comentario social sin solemnidad alguna. Costas recupera bastante bien ese espíritu, especialmente cuando habla de los primeros años, donde todo parecía improvisado, precario y peligrosamente divertido. Además tiene algo tan valioso como el ritmo oral. No parece escrito desde la distancia elegante de quien revisa cuidadosamente su legado cultural, sino desde la memoria viva de alguien que todavía recuerda bares, conciertos, broncas y noches concretas con una mezcla de lucidez y neblina alcohólica bastante creíble. Eso hará que muchas anécdotas funcionen incluso cuando el lector no conozca profundamente toda la historia de la banda

Resulta especialmente interesante cómo aparece el tema de la supervivencia. El subtítulo no es casual. Estas memorias están atravesadas constantemente por la sensación de haber salido vivo —más o menos entero— de una época donde muchísima gente terminó destruida por excesos, ego, adicciones o desgaste emocional. Por eso los momentos más potentes del libro no son necesariamente los más míticos, sino aquellos donde Costas deja entrever el coste humano detrás del personaje punk.

Tampoco cae completamente en la nostalgia idealizada de "todo tiempo pasado fue mejor". Hay cariño hacia aquella escena musical, sí, pero también conciencia de sus contradicciones, sus masculinidades bastante salvajes, sus dinámicas autodestructivas y cierta sensación de haber vivido demasiado deprisa. Y eso le da bastante profundidad inesperada. porque debajo de las guitarras, el alcohol y el humor bruto aparece continuamente una pregunta silenciosa; ¿qué queda de uno mismo después de haber pasado media vida interpretando el papel de tipo duro, gamberro e indestructible?

En algunos momentos el libro puede dispersarse un poco entre anécdotas o referencias muy internas de la escena musical española, pero incluso ahí conserva autenticidad. Nunca parece calculado. Y en unas memorias musicales eso vale muchísimo más que la perfección estructural.

¡Esas palmas, coño! funciona como retrato muy humano de una generación musical que ayudó a desmontar solemnidades culturales en la España posfranquista mientras sobrevivía como podía al caos, la fama y sus propias contradicciones. No es un libro limpio, elegante ni especialmente preocupado por parecer importante, por eso resulta tan vivo, porque Miguel Costas escribe como quien ya entendió que algunas historias no necesitan quedar bien para merecer ser contadas.

Recomendado para...

Lectores que disfrutan de memorias musicales como Cosas que los nietos deberían saber de Mark Oliver Everett, Born to Run de Bruce Springsteen en su dimensión más humana o libros sobre la Movida y el rock español alejados de la nostalgia edulcorada. También resultará especialmente atractivo para lectores interesados en la escena gallega, el punk ibérico y las historias culturales donde música, clase social y supervivencia personal se entrelazan constantemente.


Unas memorias divertidas, salvajes y sorprendentemente honestas sobre lo que ocurre cuando el ruido de las guitarras se mezcla con las cicatrices reales de toda una vida.

Y ahora tú...

¿Cuántos músicos sobreviven realmente al personaje que tuvieron que construir para poder subirse a un escenario?

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