Haruki Murakami. El séptimo hombre y otros cuentos
Argumento
El séptimo hombre y otros cuentos reúne nueve relatos de Haruki Murakami trasladados al lenguaje de la novela gráfica, en una adaptación que busca conservar la atmósfera desconcertante, melancólica y ligeramente desplazada que caracteriza al autor japonés. Los cuentos que componen el volumen se mueven, como es habitual en Murakami, en esa zona incierta donde la realidad cotidiana empieza a resquebrajarse sin previo aviso.
Aquí aparecen desapariciones imposibles, mujeres atrapadas en estados mentales fuera de la lógica común, criaturas fantásticas que irrumpen con absoluta naturalidad y personajes solitarios que reciben, de repente, una oportunidad, una amenaza o una revelación que altera su existencia. Un hombre puede desaparecer entre dos plantas de un edificio; una rana gigantesca puede pedir ayuda para salvar Tokio; una camarera puede encontrarse, justo el día que cumple veinte años, ante la posibilidad de formular un único deseo.
La adaptación de Jean-Christophe Deveney y P.M.G.L. no intenta "explicar" Murakami, sino traducir su universo a una puesta en escena visual que conserva sus rasgos esenciales: la mezcla de tragicomedia, extrañeza, humor seco, intimidad y dimensión fantástica. El resultado es un volumen que funciona tanto como puerta de entrada al imaginario murakamiano como relectura gráfica de algunos de sus cuentos más emblemáticos.
Gooseopinión
Leer El séptimo hombre y otros cuentos es entrar en un doble territorio de adaptación: no solo se trasladan unos relatos al cómic, sino que se intenta traducir una forma muy concreta de extrañeza literaria a un lenguaje visual. Y ese desafío no es menor. Murakami no depende únicamente de las tramas que cuenta, sino del tono que crea: esa sensación de que lo cotidiano está apenas separado de lo imposible por una membrana muy fina. La pregunta, entonces, no es solo si los relatos funcionan como cómic, sino si el cómic es capaz de sostener esa vibración inestable entre intimidad, ironía y rareza.
Lo más interesante del libro es precisamente su intento de hacer visible lo murakamiano sin volverlo obvio. Ese es el gran riesgo de adaptar a Murakami: convertir en demasiado literal lo que en su escritura suele operar por insinuación, clima o resonancia emocional. Deveney y P.M.G.L. evitan bastante bien esa trampa, apostando por una puesta en escena poética y barroca que no domestica del todo la rareza, sino que la acompaña. Y eso es fundamental, porque en Murakami lo fantástico nunca funciona como puro giro de guion, sino como fisura en la percepción.
El volumen tiene además la ventaja de trabajar con cuentos, un formato que encaja muy bien con la estructura de la novela gráfica breve o fragmentaria. Cada historia puede desplegar su propio clima y su propia lógica interna sin necesidad de quedar sometida a una continuidad unitaria. Eso favorece algo muy murakamiano: la sensación de que cada relato abre un pequeño túnel hacia una realidad paralela que no necesita justificarse del todo. La lógica no desaparece; simplemente deja de ser la que esperábamos.
Uno de los aspectos más sugestivos del libro es cómo articula la soledad de sus personajes. En Murakami, incluso cuando irrumpen ranas gigantes, desapariciones extrañas o deseos milagrosos, siempre hay antes —y después— una experiencia muy reconocible de aislamiento, de desconexión, de vida suspendida. Lo fantástico no reemplaza esa soledad, sino que la intensifica o la traduce de otra forma. Y ahí es donde la adaptación gráfica gana mucho, porque la imagen tiene una capacidad especial para mostrar el vacío, la repetición, la extrañeza de los interiores, la suspensión del tiempo.
Resulta especialmente interesante el equilibrio entre humor e inquietud. Murakami trabaja muy bien esa mezcla donde una situación absurda puede ser a la vez cómica, filosófica y levemente perturbadora. Este volumen es capaz de trasladar eso, no solo ilustra historias, sino que capta la sensibilidad. Y esa es, en el fondo, la verdadera medida de una adaptación literaria: no si repite fielmente el argumento, sino si sabe encontrar un equivalente formal para la experiencia que produce el texto original.
La mención a una estética "poética y barroca" resulta prometedora, porque sugiere que no estamos ante una adaptación funcional o meramente narrativa, sino ante una interpretación con personalidad. Eso le sienta bien a Murakami, que nunca ha sido un autor de superficies lisas. Sus relatos están llenos de pasadizos, símbolos privados, espacios ambiguos y una teatralidad extraña donde lo íntimo y lo fantástico conviven sin fusionarse del todo. Un dibujo demasiado literal lo empobrecería; uno demasiado enfático lo traicionaría. La gracia está en encontrar una forma de sugerir sin cerrar.
El valor del volumen está también en su capacidad de servir como entrada a un universo literario muy reconocible para lectores nuevos y como experimento de relectura para quienes ya frecuentamos a Murakami. En el primer caso, muestra la riqueza atmosférica de sus cuentos. En el segundo, permite ver qué ocurre cuando esas historias pasan del ritmo de la prosa al espacio de la viñeta, del monólogo interior a la composición visual, del silencio narrativo a la imagen detenida.
El séptimo hombre y otros cuentos es una propuesta especialmente atractiva porque entiende que adaptar a Murakami no consiste en volverlo más claro, sino en darle otra forma a su ambigüedad. Y ahí radica su interés: en comprobar que algunas historias no pierden su misterio cuando cambian de lenguaje, sino que encuentran nuevas maneras de desplegarlo.
Recomendado para...
Lectores que disfrutan de novelas gráficas literarias, de relatos donde lo cotidiano se agrieta hacia lo fantástico y de universos narrativos marcados por la melancolía y la extrañeza, en la estela de lecturas como After Dark o Hombres sin mujeres del propio Murakami, Black Hole de Charles Burns por su atmósfera inquietante, o La llegada de Shaun Tan por su potencia visual y emocional.
Un volumen sugerente y visualmente muy estimulante que convierte los cuentos de Murakami en una experiencia gráfica capaz de conservar su rareza, su humor y su íntima sensación de desajuste con el mundo.
Y ahora tú...
¿Qué hace más inolvidable una historia extraña: lo fantástico que ocurre… o la herida cotidiana que ya estaba ahí antes de que todo empezara a torcerse?
