Homo mediaticus

08.06.2026

Autor: Carlos A. Scolari

Editorial: Ariel

Número de páginas: 262

ISBN: 9788434440647

Categoría: 📡 Ensayo divulgativo · medios, tecnología y evolución cultural

Valoración: ✰✰✰✰

Nota: esta reseña incluye enlaces de afiliado.

Argumento

En Homo mediaticus, Carlos A. Scolari plantea una historia de la humanidad contada no solo a través de sus grandes hitos políticos o biológicos, sino mediante la evolución de sus sistemas de comunicación, tecnologías y medios de representación.

Desde las pinturas rupestres hasta los dispositivos digitales, pasando por quipus, tablillas, sistemas de escritura y artefactos olvidados, el autor propone una genealogía mediática donde cada soporte refleja una forma concreta de organización social, de transmisión simbólica y de relación con el mundo.

El libro funciona como un museo imaginario de "fósiles mediáticos", mostrando que los medios no desaparecen del todo, sino que mutan, se transforman y reaparecen bajo nuevas formas. Así, la historia de la comunicación se convierte también en una historia cultural, antropológica y política de la especie humana.

Gooseopinión

Leer Homo mediaticus es encontrarse con una idea especialmente fértil que quizá la historia humana pueda entenderse mejor si en lugar de seguir únicamente guerras, imperios o revoluciones, seguimos las huellas de cómo hemos comunicado, registrado y compartido sentido. Y, de entrada, Carlos A. Scolari parte con una ventaja importante, su planteamiento resulta genuinamente atractivo. Porque desplazar la evolución hacia una arqueología de medios y tecnologías no solo es original en lo divulgativo, sino que permite reformular preguntas muy básicas sobre qué nos hace humanos.

La metáfora de los "fósiles mediáticos" funciona especialmente bien. Tiene fuerza narrativa, claridad conceptual y una capacidad evidente para conectar pasado remoto y presente digital sin caer —al menos en principio— en la trampa fácil de pensar la tecnología como una sucesión lineal de progreso inevitable. Ahí el libro acierta en recordar que los medios no aparecen de la nada ni sustituyen del todo a sus predecesores, sino que se reconfiguran, mutan, reaparecen. 

Uno de los aspectos más interesantes del libro está en su voluntad no eurocéntrica. Esto no es menor. Replantear la historia mediática desde múltiples centros culturales permite desafiar una genealogía demasiado acostumbrada a convertir la experiencia occidental en norma universal. Quipus andinos, tablillas de Isla de Pascua o sistemas simbólicos no europeos no funcionan aquí solo como curiosidades, sino como parte constitutiva de una historia más plural de la significación humana. Si el libro sostiene bien esa promesa, gana muchísimo en relevancia cultural.

Pero también se enfrenta a riesgos claros. El primero es la amplitud. Cuando un ensayo quiere abarcar desde las pinturas rupestres hasta el iPod, el peligro de la simplificación está siempre presente. La clave está en cómo Scolari consigue mantener densidad analítica sin convertir ciertos periodos o tecnologías en meros ejemplos ilustrativos. Porque el formato divulgativo suele exigir síntesis, sí, pero una síntesis excesiva puede reducir complejidades históricas y culturales a un recorrido demasiado elegante y realmente no es le caso.

El segundo riesgo tiene que ver con el tono. Este tipo de ensayos, cuando funcionan bien, logran combinar claridad con profundidad; cuando no, pueden deslizarse hacia una especie de fascinación didáctica donde todo encaja demasiado perfectamente. La historia de los medios, sin embargo, está llena de discontinuidades, pérdidas, imposiciones, desigualdades de acceso y luchas de poder. No basta con narrar evolución tecnológica; también importa analizar quién controla los medios, quién queda fuera y qué imaginarios sostienen esas transformaciones.

Y ahí está quizá una de las preguntas más importantes: ¿hasta qué punto Homo mediaticus se queda en la genealogía de los soportes y hasta qué punto entra en las tensiones políticas y sociales de cada ecosistema mediático? Porque la historia de la comunicación nunca ha sido neutral. Cada tecnología implica formas concretas de poder, vigilancia, memoria y exclusión.

Aun así, el planteamiento tiene una potencia innegable. Hay algo muy sugerente en conectar un signo grabado hace cuarenta mil años con un hashtag contemporáneo. No porque sean equivalentes, claro, sino porque ambos responden a una necesidad profundamente humana como es dejar marca, inscribirse, compartir, intervenir en una red simbólica colectiva. Esa continuidad es una intuición poderosa y probablemente uno de los mayores logros del libro consiguiendo desarrollarla sin caer en analogías demasiado simplistas.

Homo mediaticus es uno de esos ensayos que funcionan especialmente bien como herramienta de relectura del presente. No solo por lo que cuenta del pasado, sino porque obliga a mirar nuestros propios dispositivos y plataformas con más perspectiva histórica. Y eso, en una época obsesionada con lo nuevo, ya es bastante valioso.

Puede que el libro corra el riesgo de abarcar demasiado, pero  mantiene el equilibrio entre erudición, claridad y complejidad, y su propuesta resulta no solo estimulante, sino intelectualmente muy útil. Porque pensar la humanidad a través de sus medios no es solo revisar tecnologías: es preguntarse cómo hemos aprendido a construir realidad compartida. Y pocas preguntas hay más serias que esa.

Recomendado para...

Lectores que disfrutan de ensayos culturales, tecnológicos y antropológicos que conectan historia, comunicación y evolución social, especialmente interesados en comprender el presente digital desde una perspectiva histórica amplia


Un libro ambicioso y estimulante que promete repensar la historia humana desde sus formas de comunicación, con especial valor si logra sostener su amplitud sin perder complejidad crítica.

Y ahora tú...

¿La historia de la humanidad la han cambiado más las grandes conquistas… o las formas en que aprendimos a contarnos quiénes éramos?

Share