La reina sin imperio. Europa, el declive de la civilización que dominó el mundo

14.09.2026

Autor: Eduardo Olier

Editorial: Ariel

Número de páginas: 578

ISBN: 9788434440807

Categoría: 🪿 Ensayo histórico y geopolítico · Europa, poder, identidad y decadencia · una partida que quizá llevamos demasiado tiempo jugando con las reglas de otros

Valoración: ✰✰✰✰✰

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Argumento

Hay una imagen que resume muy bien la propuesta de Eduardo Olier, Europa como una reina que sigue ocupando una posición privilegiada en el tablero, pero que ha perdido buena parte de la capacidad para decidir cómo se juega la partida. El continente que durante siglos estuvo en el centro de la política mundial se encuentra ahora ante una paradoja; conserva una enorme influencia histórica, económica y cultural, pero cada vez tiene más dificultades para traducirla en poder estratégico propio.

La reina sin imperio explica cómo hemos llegado hasta aquí recorriendo más de dos mil años de historia europea. El viaje comienza en los mitos fundacionales del Mediterráneo y pasa por Grecia y Roma, el cristianismo, la expansión del islam, la Paz de Westfalia, la Revolución francesa y los imperios coloniales, hasta llegar a las dos guerras mundiales, la Guerra Fría y la construcción de la Unión Europea.

El objetivo no es hacer una historia general de Europa. Olier utiliza ese recorrido para seguir la evolución de las distintas formas de poder que han permitido al continente ocupar una posición central, la política, la economía, la tecnología, la energía, la capacidad militar y también la construcción de una identidad compartida.

El problema aparece cuando esa historia desemboca en el siglo XXI. Estados Unidos continúa siendo el principal aliado y garante de seguridad de Europa, Rusia representa una amenaza directa y China ha adquirido un peso económico y tecnológico que modifica por completo el equilibrio mundial. Mientras tanto, la propia Europa arrastra sus contradicciones, como el envejecimiento demográfico, la dependencia energética, burocracia, las dificultades para construir una política exterior común y una identidad europea que no siempre consigue imponerse sobre los intereses nacionales.

La pregunta que recorre el ensayo es, en definitiva, bastante incómoda ¿puede Europa volver a ser protagonista de su propia historia o está condenada a convertirse en una potencia que conserva el prestigio de lo que fue mientras otros deciden lo que será?

Gooseopinión

Lo primero que tengo que decir de La reina sin imperio es que no es un libro pequeño. No lo es por sus 560 páginas, aunque también, sino por la ambición de la pregunta que intenta responder. Olier no quiere explicar simplemente qué le ocurre hoy a la Unión Europea; quiere buscar las raíces históricas de una pérdida de centralidad que, según su planteamiento, viene de mucho más atrás, y justo esa perspectiva histórica es precisamente una de las cosas que más me interesan del libro. Resulta fácil hablar de la debilidad europea mirando solamente las últimas décadas: la dependencia de Estados Unidos, la guerra de Ucrania, la relación con China, la crisis energética o la dificultad de los Veintisiete para actuar como una sola potencia. Mucho más interesante es preguntarse qué recorrido histórico ha llevado a Europa hasta una posición en la que tiene recursos, población, riqueza y conocimiento, pero no siempre consigue convertirlos en autonomía estratégica.

La metáfora de la reina funciona porque introduce desde el principio una cuestión fundamental, el poder no consiste solamente en tener piezas sobre el tablero, sino en poder moverlas. Europa continúa teniendo un peso enorme en el mundo, pero su capacidad para imponer condiciones o defender sus propios intereses de manera autónoma es bastante más discutible. Esa diferencia entre influencia y poder efectivo es uno de los asuntos que hacen que el ensayo resulte especialmente pertinente.

Olier no entiende la decadencia exclusivamente como una cuestión militar. La tecnología, la energía, la economía, la demografía y la capacidad industrial forman parte de la misma ecuación. Y aquí entramos en uno de los grandes problemas europeos; durante mucho tiempo hemos podido permitirnos pensar que nuestro modelo político y social estaba suficientemente consolidado como para que el resto del mundo tuviera que adaptarse a él. El siglo XXI está demostrando que el mundo no funciona necesariamente así.

Hay, sin embargo, una cuestión que me parece importante señalar. El propio título ya contiene una tesis: Europa está en declive. Y aunque el recorrido histórico permite comprender mejor cómo se construyó el poder europeo y cuáles son hoy sus debilidades, el marco interpretativo de "ascenso y decadencia" puede resultar en algunos momentos demasiado cerrado. Europa ya no es el centro del mundo, pero tampoco es una civilización irrelevante ni una potencia completamente acabada. Sigue teniendo una enorme capacidad económica, científica, cultural y normativa.

Precisamente por eso, creo que lo más interesante del libro no está tanto en decidir si debemos aceptar o rechazar la palabra "decadencia", sino en utilizarla como provocación para hacernos una pregunta bastante más útil ¿qué quiere ser Europa ahora que ya no puede dar por hecho que será lo que siempre fue? Ya que el verdadero problema europeo no es haber perdido un imperio,  esseguir comportándonos, en algunos aspectos, como si todavía lo tuviéramos.

La reina sin imperio consigue que la historia deje de parecer algo que ocurrió hace siglos y se convierte en una herramienta para leer el presente. Grecia, Roma, los imperios europeos, las guerras mundiales, la Guerra Fría y la construcción de la Unión Europea no aparecen solamente como capítulos de una cronología, sino como distintas maneras de organizar el poder y de responder a una misma pregunta: quién decide.

El libro obliga a mirar de frente una contradicción que Europa lleva años intentando esquivar. Queremos autonomía, pero dependemos de otros para nuestra seguridad, queremos soberanía tecnológica, pero buena parte de las grandes plataformas y tecnologías estratégicas proceden de fuera, queremos independencia energética, pero durante décadas construimos una economía profundamente dependiente de recursos externos, queremos actuar como una potencia global, pero seguimos teniendo dificultades para ponernos de acuerdo sobre qué intereses queremos defender conjuntamente. Eso no significa que el futuro esté escrito. Y es en este punto donde el título resulta más sugerente que su propia conclusión; una reina sin imperio sigue siendo una reina. La cuestión es qué hace con las piezas que todavía tiene.

La reina sin imperio es, por tanto, un ensayo ambicioso, documentado y deliberadamente incómodo. Puede resultar discutible en algunas de sus interpretaciones y su diagnóstico de la decadencia europea invita al debate, precisamente porque no es una tesis neutra. Pero quizá tampoco pretende serlo. Y agradezco, personalmente, que un ensayo histórico y geopolítico tenga una tesis que pueda discutirse. Porque si algo necesita Europa ahora mismo, además de muchas cosas bastante menos literarias, es precisamente volver a discutir qué quiere ser.

Recomendado para...

Lectores que estén interesados en historia europea, geopolítica y relaciones internacionales, especialmente si disfrutaron de El eje del mundo que viene, de Juan Luis López Aranguren, o de ensayos sobre el nuevo equilibrio entre Estados Unidos, China, Rusia y Europa. También puede interesar a quienes busquen una mirada histórica amplia sobre la construcción y transformación del poder europeo.

El veredicto de Halford

A mí eso de que Europa fue una gran potencia y ahora está un poco perdida me parece bastante humano. Uno empieza creyéndose el rey del barrio y acaba preguntándole al vecino si puede dejarle el cargador. El libro es largo, pero reconozco que tiene mérito intentar explicar dos mil años de historia sin que se te caiga ninguna civilización encima. Eso sí, después de 560 páginas, espero que Europa tenga claro qué quiere ser, porque yo ya tengo bastante decidido dónde quiero vivir. 

Y ahora tú...

¿Crees que Europa está realmente en decadencia o simplemente está atravesando el incómodo proceso de aprender a vivir en un mundo en el que ya no ocupa el centro?

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