Libro azul con mosca

23.09.2026

Autor: Luis Mario

Editorial: Reservoir Books

Número de páginas: 185

ISBN: 9791387740696

Categoría: ðŸª° Relatos, literatura del absurdo, poesía · pequeñas trampas para una realidad que no termina de comportarse

Valoración: ✰✰✰✰

Nota: esta reseña incluye enlaces de afiliado.

Argumento

¿Son relatos? ¿Son cuentos? ¿Son pequeñas piezas de realidad que alguien ha decidido desmontar y volver a montar de otra manera? Libro azul con mosca parece negarse desde el principio a contestar demasiado rápido. Su punto de partida está en aquellas moscas que los pintores europeos de los siglos XV y XVI incorporaban a sus cuadros con un realismo tan preciso que podían engañar al espectador y hacerle creer que el insecto estaba realmente sobre la superficie del cuadro.

Luis Mario recoge ese trampantojo y lo convierte en mecanismo literario. Sus moscas son pequeñas anomalías que aparecen en medio de lo cotidiano para desplazarlo apenas unos centímetros. Nada parece completamente imposible, pero algo ha dejado de funcionar como debería.

Así aparecen un hombre que consigue sacar de la tierra la última patata antes que las anteriores, unas margaritas capaces de ofrecer respuestas que nada tienen que ver con el tradicional "me quiere, no me quiere", una mujer que se traga un mirlo o una pintora hiperrealista que retrata un tumor que no aparece a simple vista. También hay grifos, gotas idénticas, ecuaciones, conversaciones y objetos cotidianos que empiezan a comportarse como si hubieran descubierto que las reglas que los gobernaban eran solamente una sugerencia.

Lo que hace Luis Mario con todo ello es utilizar el lenguaje para alterar nuestra percepción. Las palabras dejan de ser únicamente herramientas para describir el mundo y empiezan a convertirse en una forma de desmontarlo, retorcerlo y volver a enseñárnoslo desde un ángulo que no habíamos considerado.

Gooseopinión

Hay libros que intentan contarte una historia y otros libros como Libro azul con mosca  que prefieren hacerte dudar de si aquello que acabas de leer ha ocurrido realmente, haciéndolo desde un lugar bastante más interesante que el simple surrealismo por el surrealismo, ya que  la trampa está en nuestra propia manera de mirar.

La imagen de la mosca pintada resulta perfecta para entender lo que propone Luis Mario. El objetivo de aquellas moscas hiperrealistas era engañar al ojo. Aquí el engaño funciona de otra manera:,el texto nos presenta una situación reconocible, introduce una pequeña desviación y espera a que nosotros hagamos el resto. La anomalía no necesita gritar que es absurda. Puede ser una patata que aparece antes de que hayamos sacado las anteriores, una gota que es siempre exactamente la misma o una margarita que responde algo que no debería responder. El mundo sigue ahí. Lo que ha cambiado es nuestra relación con él; siendo esto probablemente una de las cosas más estimulantes del libro. Luis Mario no necesita construir universos fantásticos. Le basta con coger el nuestro y tocar una pieza. Una sola. Lo suficiente para que todo lo demás empiece a tambalearse.

Hay mucho humor en ese procedimiento, pero no es un humor construido para provocar una carcajada inmediata. Es más bien ese momento en el que lees una frase, sigues adelante y, dos segundos después, piensas: "Espera. ¿Qué coño acaba de pasar aquí?". La risa aparece entonces acompañada de cierta incomodidad, porque muchas de estas situaciones tienen algo de perfectamente absurdo y, al mismo tiempo, algo de inquietantemente lógico.

El lenguaje juega un papel fundamental. Las palabras no están simplemente contando cosas extrañas, son parte de la extrañeza. Luis Mario flirtea con asociaciones, significados, literalidades y estructuras para conseguir que aquello que debería ser imposible termine adquiriendo una especie de coherencia interna. Y cuando el lector acepta esa nueva lógica, la trampa ya está cerrada.

Me gusta especialmente que el libro no esté interesado en explicarnos sus mecanismos. No hay una voluntad constante de decirnos qué significa cada anomalía ni de colocar una moraleja al final de cada pieza. Algunas situaciones simplemente están ahí, como esas moscas pintadas que parecen estar sobre el cuadro hasta que recordamos que nunca estuvieron allí. O quizá sí.

Y entramos en una de las partes más poéticas del libro, porque detrás del absurdo hay una mirada muy atenta hacia las cosas pequeñas. Una gota de agua. Una patata. Una flor. Un pájaro. Un retrato. Una palabra. Elementos que normalmente atraviesan nuestra percepción sin detenerla y que aquí adquieren una presencia extraña. El libro nos obliga a mirar dos veces. Aunque creo que esa misma característica puede convertirse en su principal barrera para determinados lectores. No es un libro que busca una narración tradicional ni que recompensa necesariamente la lectura apresurada. Hay textos que funcionan mejor por su imagen o por el mecanismo lingüístico que por una historia convencional, y algunas piezas pueden resultar más herméticas o menos satisfactorias dependiendo de cuánto entremos en ese juego. Si una necesita que cada relato tenga planteamiento, desarrollo, desenlace y una explicación final, probablemente aquí va a querer lanzar el libro por la ventana. Y quizá sería una pena. Porque Libro azul con mosca pide precisamente lo contrario, no intentar arreglarlo. Tenemos que aceptar que una margarita pueda contestar "a treinta grados la ropa de color", que una ecuación pueda aparecer donde no corresponde, que una pintora pueda ver lo que otros no ven, que una gota pueda ser siempre la misma gota, que una mujer pueda tragarse un mirlo y que, después de leerlo, nuestra principal preocupación no sea tanto cómo ha ocurrido como preguntarnos por qué, durante unos segundos, nos ha parecido completamente normal.

Esto lo consigue el libro, desplaza la frontera entre lo absurdo y lo cotidiano.

Y aquí encuentro una relación muy bonita con la literatura. Escribir también consiste, en cierta medida, en hacer visible aquello que estaba delante de nosotros y no estábamos viendo. Luis Mario lo lleva a un extremo mucho más juguetón, no se limita a mostrarnos otra realidad, sino que altera la nuestra lo justo para que tengamos que volver a mirarla. No es un libro para devorar.Es un libro para  tropezarse con él. Y, después, mirar a la mosca. Por si acaso.

Recomendado para...

Lectores que disfrutan de la literatura del absurdo, el humor extraño y los libros que juegan con el lenguaje más que con la estructura narrativa convencional. Si te gustan Julio Cortázar, Daniil Jarms o Borges cuando se pone a jugar con la lógica, aquí encontrarás un territorio cercano, aunque Luis Mario construye su propio mecanismo y apuesta especialmente por la anomalía mínima: esa pequeña grieta que convierte lo cotidiano en otra cosa.

El veredicto de Halford

Yo no tengo ningún problema con las moscas. Bueno, depende de dónde estén. En mi iglesia, por ejemplo, algunas tenían bastante criterio y otras se empeñaban en aterrizar justo donde estaba intentando comer. Pero esto de pintar una mosca para engañar a alguien me parece una pérdida de tiempo considerable. Si quieres una mosca, yo te consigo una. Gratis. Lo que ya no me gusta tanto es que el libro empiece a hacer que las cosas normales parezcan raras, porque uno necesita ciertas certezas para vivir tranquilo. Una patata debe salir después de otra patata. Las margaritas no deberían hablar. Y los mirlos, por favor, que permanezcan donde la naturaleza los ha colocado

Y ahora tú...

¿Y si muchas de las cosas que llamamos "absurdas" solo nos lo parecen porque hemos aprendido demasiado bien cómo debería funcionar la realidad?

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