Lo que nunca fue nuestro
Argumento
En Lo que nunca fue nuestro, Laura K. Roma sitúa la historia en una Barcelona atravesada por tensiones muy actuales: la gentrificación, el turismo masivo, la pérdida de arraigo y la sensación de que la ciudad que una vez fue hogar empieza a dejar de pertenecer a quienes la habitan. En ese contexto se cruzan dos personajes que, en apariencia, no podrÃan estar más predispuestos a detestarse.
Él llega a Barcelona empujado por una culpa que no sabe cómo manejar y para cumplir un sueño que, en realidad, no es suyo. Su mudanza no responde al entusiasmo ni al deseo de reinventarse, sino a una especie de deuda emocional. Ella, en cambio, lleva tiempo atrapada en una vida que siente ajena y en una rabia que no termina de apagarse: la pérdida personal, la precariedad de sus aspiraciones y la transformación de su barrio la han dejado viviendo en una ciudad que cada vez reconoce menos. Su sueño de convertirse en chef de alta cocina choca con un entorno donde todo parece ponerse en contra.
La convivencia forzada entre ambos —marcada por la hostilidad, los roces y la voluntad casi infantil de hacerse daño mutuamente— se convierte en el núcleo de una historia donde la enemistad inicial es solo la superficie de algo más profundo. Bajo el choque entre "el guiri" y la vecina que lo detesta se esconde una verdad menos evidente: ambos viven dominados por emociones que los han desfigurado por dentro. La rabia y la culpa, como sugiere la propia novela, pueden ser formas distintas de una misma devastación.
Gooseopinión
Leer Lo que nunca fue nuestro es entrar en una novela que parece querer hacer dos cosas a la vez: contar una historia de choque afectivo entre dos personajes heridos y, al mismo tiempo, convertir la ciudad en un cuerpo en disputa. Y eso la vuelve especialmente interesante. Porque aquà Barcelona no es un simple decorado urbano ni un escenario fotogénico para una historia romántica con tensión inicial. Es un lugar atravesado por el conflicto, por la pérdida de pertenencia y por una pregunta muy reconocible en muchas ciudades contemporáneas: ¿qué ocurre cuando el sitio donde creciste deja de sentirse tuyo?
Lo más potente del planteamiento está precisamente ahÃ: en que el antagonismo entre los dos protagonistas no se sostiene solo en la quÃmica de los opuestos o en el recurso clásico de la vecindad conflictiva, sino en un trasfondo emocional y polÃtico más complejo. Ella no odia a "los guiris" como simple prejuicio ligero o caricaturesco, sino porque proyecta sobre esa figura todo un proceso de expropiación Ãntima: la ciudad transformada en producto, el barrio vaciado de memoria, los lugares propios convertidos en escaparate y el sueño personal arrinconado por una lógica económica que avanza sin pedir permiso. Su rabia no es simpática ni necesariamente justa en todos sus gestos, pero tiene historia.
Él, por su parte, introduce una variación muy interesante sobre la figura del extranjero. No llega como conquistador luminoso ni como idealización del otro cosmopolita, sino como alguien también fracturado, sosteniéndose a duras penas dentro de una vida que siente prestada. Eso impide que la novela se quede en una lectura demasiado fácil del conflicto. Si ambos comparten algo, no es solo espacio, sino un tipo de desorientación. Los dos habitan vidas que sienten desplazadas. Los dos están intentando sobrevivir a una pérdida, aunque cada uno la traduzca de forma distinta. Y ahà está una de las claves más fértiles de la historia: el reconocimiento mutuo no nace de la afinidad, sino de la herida.
La relación entre rabia y culpa, que la contraportada formula con bastante acierto, es el verdadero eje emocional del libro. Son dos emociones muy distintas en apariencia, pero ambas tienen algo en común: fijan al sujeto en un pasado del que no consigue salir. La rabia mira hacia fuera buscando responsables; la culpa mira hacia dentro buscando reparación imposible. Y las dos pueden convertirse en formas de anestesia, en maneras de seguir viviendo sin tener que afrontar del todo el vacÃo. Que la novela junte a dos personajes definidos por esas energÃas opuestas pero hermanas es una decisión narrativa muy inteligente, porque permite que el vÃnculo entre ellos vaya más allá del simple "enemies to lovers" o de la comedia de fricción.
Otro aspecto especialmente sugerente es la dimensión gastronómica a través del deseo de ella de convertirse en chef de alta cocina. La cocina, cuando aparece en una novela asÃ, nunca es solo una profesión soñada: suele ser también una forma de afirmar identidad, de construir un espacio propio y de reclamar una autorÃa sobre la propia vida. En un contexto donde todo parece quitarle lugar, querer cocinar al más alto nivel se convierte casi en un gesto de resistencia. Este desarrollo dota al personaje una densidad muy interesante.
Lo que nunca fue nuestro se sitúa en una zona especialmente fértil de la narrativa romántica o sentimental contemporánea: aquella que no se conforma con la atracción y el malentendido, sino que deja entrar el contexto social, la precariedad urbana, el duelo y la rabia polÃtica en la construcción de los personajes. Y eso le da más espesor. Porque amar o acercarse al otro en un libro como este no significa solo superar prejuicios o abrirse emocionalmente, sino también aprender a mirar el dolor del otro sin convertirlo en caricatura.
Esta novela es una historia donde la tensión afectiva nace de una colisión muy contemporánea: la de las ciudades que expulsan, los sueños que llegan tarde y las personas que se vuelven insoportables porque no saben cómo seguir sosteniendo lo que han perdido. Una de esas historias donde la relación entre dos personajes importa tanto como el mundo herido que los ha fabricado.
Recomendado para...
Lectores que disfrutan de novelas contemporáneas con tensión emocional, ciudad en conflicto y personajes atravesados por el duelo y la frustración, en la estela de lecturas como Normal People de Sally Rooney por su carga emocional, Un amor de Sara Mesa por su incomodidad relacional o ciertas comedias románticas contemporáneas que dejan entrar la precariedad y la herida social en el vÃnculo.
Una novela que utiliza la fricción entre dos personajes opuestos para hablar también de ciudades perdidas, sueños aplazados y de cómo la rabia y la culpa pueden llegar a parecerse más de lo que querrÃamos admitir.
Y ahora tú...
¿Qué duele más: perder a una persona… o sentir que también has perdido el lugar donde aprendiste a ser quien eras?
