Mañana seguiré viva
Argumento
Mañana seguiré viva es una novela que explora la fragilidad emocional, la memoria y la reconstrucción personal tras una experiencia de pérdida y desarraigo. A través de una voz íntima y contenida, Marta Pérez-Carbonell construye el retrato de una mujer que intenta recomponerse en un presente suspendido, marcado por la enfermedad, el duelo y la conciencia constante del propio cuerpo.
La novela no avanza por grandes acontecimientos, sino por capas de pensamiento, recuerdos y observaciones cotidianas. El tiempo se dilata, el pasado irrumpe sin aviso y el futuro se reduce a una promesa mínima: seguir viva un día más. En ese espacio intermedio, el texto indaga en la identidad, el amor, la escritura y la forma en que habitamos el dolor.
Gooseopinión
Mañana seguiré viva es una novela que se sostiene en el filo de lo que no se dice. Marta Pérez-Carbonell opta por una escritura contenida, precisa, casi clínica por momentos, que rehúye el dramatismo explícito para centrarse en la experiencia interior del desgaste, de la espera y de la supervivencia emocional.
Lo que resulta especialmente significativo es la manera en que el cuerpo ocupa el centro del relato. No como objeto narrativo, sino como territorio de conciencia. El cuerpo enfermo, vulnerable, observado, se convierte en el punto desde el que se reorganiza el mundo. A partir de ahí, la novela reflexiona sobre cómo cambia la percepción del tiempo, de las relaciones y del propio lenguaje cuando la vida deja de darse por sentada.
La estructura del texto acompaña esta sensación de suspensión. No hay una progresión clásica ni un arco narrativo evidente. La historia avanza a través de fragmentos, pensamientos, escenas mínimas que se encadenan más por resonancia emocional que por causalidad. Esta elección puede resultar exigente para algunos lectores, pero es coherente con el estado mental de la narradora: cuando todo se tambalea, el relato también lo hace.
Uno de los mayores aciertos del libro es su honestidad. Pérez-Carbonell no embellece el dolor ni lo convierte en aprendizaje inmediato. Tampoco busca una épica de la resistencia. La supervivencia aparece aquí como algo modesto, incluso incómodo: seguir adelante no siempre es heroico, a veces es simplemente inevitable. Esa renuncia al consuelo fácil dota al texto de una profundidad poco complaciente.
La escritura es sobria, muy cuidada, con una atención especial al ritmo y a la precisión léxica. Cada frase parece medida, como si decir de más pudiera romper el delicado equilibrio del relato. Esta contención estilística refuerza la intensidad emocional: lo que no se verbaliza pesa tanto como lo que se nombra.
En el fondo, Mañana seguiré viva es una novela sobre la identidad en crisis. Sobre quiénes somos cuando desaparecen las certezas, cuando el futuro se reduce y el pasado se vuelve un lugar al que regresar constantemente. También es una reflexión sobre la escritura como forma de resistencia: escribir no cura, pero permite ordenar el caos, darle una forma transitable.
No es un libro pensado para devorar ni para evadirse. Es una lectura que pide silencio, atención y cierta disposición a acompañar a la narradora sin exigirle resoluciones claras. A cambio, ofrece una mirada honesta y profundamente humana sobre la vulnerabilidad, el duelo y la persistencia.
Una novela íntima y exigente, sostenida por una prosa contenida y lúcida, que aborda el dolor sin concesiones y convierte la supervivencia cotidiana en materia literaria.
