Nunca muere

12.09.2026

Autor: Miriam Reyes

Editorial: La Bella Varsovia

Número de páginas: 57

ISBN: 9788433948854

Categoría: 🧠 Poesía contemporánea, la anatomía del duelo y una obsesión lingüística · la palabra no era un adorno para embellecer el dolor; era la única herramienta para reconstruir una conciencia rota

Valoración: ✰✰✰✰

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Argumento

¿Cómo se vuelve a articular el lenguaje cuando lo impensable revienta tu realidad y te deja a solas con un cadáver emocional que se niega a desaparecer?

Miriam Reyes construye en Nunca muere un viaje poético descarnado y sin concesiones que arranca en un territorio liminar, el duelo y la reconexión con el "yo" herido tras la muerte violenta o simbólica de hierbamala. El poemario no avanza en línea recta, sino que se retuerce en meandros, simulando el fluir errático de una conciencia escindida que transita entre el plano consciente y las aguas turbias del inconsciente. Las protagonistas de esta deriva caminan por un sendero tortuoso, sembrado de trampas psicológicas, cargando con el peso del miedo y unidas por una tarea imperiosa que deben resolver juntas para evitar el naufragio definitivo.

El motor formal y la gran singularidad de este libro radica en la obsesión de buscar una lengua virgen y exacta con la que llamar a las cosas por su verdadero significado. Ante la insuficiencia del lenguaje cotidiano para nombrar el trauma, Reyes acude al Diccionario de uso del español de María Moliner. El rodeo de la definición lexicográfica se convierte así en la única estrategia de avance posible, el andamio sobre el que la autora sostiene los versos para diseccionar los mecanismos de defensa, la disociación y el silenciamiento que operan en el sujeto roto. A través de una poesía de una sensorialidad vibrante, la obra funciona como una invitación a leer con todo el cuerpo, entregándose a un modo de comprensión que desborda los límites de la razón pura para aprender, finalmente, a convivir con aquello que se resiste a morir.

Gooseopinión

Esto va a hacer pupita, la poesía actual me asusta y me cansa a partes iguales. Me asusta porque gran parte de lo que se edita hoy se debate entre dos extremos insoportables, o un sentimentalismo pop y facilón que confunde los aforismos de taza de café con el misterio del verso, o una pirotecnia hermética y vanguardista que solo busca el aplauso de cuatro académicos en un salón cerrado. Parece que nos hemos olvidado de que la poesía no se escribe para rellenar un hueco estético en las redes ni para demostrar lo listos que somos; se escribe porque no te queda más remedio, porque hay algo dentro que quema y el silencio ya no es una opción, Miriam Reyes te coge por las solapas desde la primera página y te demuestra lo que de verdad significa escribir desde el estremecimiento.

Lo que me ha fascinado de Nunca muere es que no busca tu compasión ni adorna la herida para que resulte fotogénica en Instagram. La autora entra al matadero del duelo con el pulso tembloroso pero con los ojos abiertos. Esa idea de acudir a María Moliner en mitad del naufragio me parece una de las decisiones más desgarradoras e inteligentes que he leído en mucho tiempo. Reyes entiende que cuando la realidad salta por los aires, lo primero que se pudre son las palabras. Buscar el auxilio del diccionario no es un capricho filológico; es la necesidad desesperada de aferrarse a una definición, a un límite físico, a algo sólido que te recuerde que el mundo sigue ahí fuera mientras tu cabeza se disocia para no volverse loca. 

Este libro me ha dolido y me ha ganado por completo en su exigencia física.

Los poemas no se leen con los ojos; se leen con la boca el estómago. Sientes el peso de esas mujeres que caminan cargadas y con miedo, compartes esa parálisis de la conciencia escindida que prefiere silenciar antes que nombrar lo insoportable. La autora huye de la metáfora amable y te obliga a transitar el meandro, el rodeo, el balbuceo de quien no sabe y busca. Hay una verdad tan cruda en su forma de mirar al monstruo de frente que el poemario se convierte en un refugio incómodo pero absolutamente necesario. Es literatura de trinchera que no pretende curarte el dolor, sino enseñarte las reglas del juego para aprender a convivir con él, y precisamente por esa naturaleza circular y obsesiva, el libro te exige un peaje que puede agotar.

Al estructurar el poemario en torno al rodeo perpetuo y al mecanismo de la definición de diccionario, el texto puede volverse en su tramo central excesivamente denso y laberíntico. Hay momentos en los que el meandro se repliega tanto sobre sí mismo que corres el riesgo de quedarte atrapada en el bucle de la disociación de Miriam, perdiendo el hilo conductor del viaje. Hay un par de pasajes donde la insistencia en el silencio y el bloqueo es tan repetitiva que dan ganas de sacudir el libro y decirle: sal ya de la definición, Miriam, rompe el diccionario y déjame ver la luz o el desenlace, que me estoy ahogando contigo en esta deriva. El hermetismo de algunos fragmentos es tan cerrado que si no entras con el cuerpo predispuesto al dolor, corres el peligro de quedarte mirando el poema desde la distancia, como quien observa un accidente a través de un cristal limpio.

A pesar de esa circularidad que a veces asfixia el ritmo, el libro es un monumento a la honestidad literaria. No hay trampa ni cartón ni postureo lírico. Reyes se entrega sin red a un estremecimiento racional que te vuela la cabeza porque se niega a dar respuestas fáciles. Terminas el libro comprendiendo que el duelo no es una etapa que se supera con el tiempo y un par de lecturas de autoayuda sobre el papel, sino que es un huésped eterno, una sombra que se instala en el centro de la habitación y con la que no te queda más remedio que aprender a negociar el espacio, sabiendo que lo que dolió de verdad, nunca muere.

Recomendado para...

Lectores exigentes de poesía contemporánea que buscan una voz madura, afilada y sensorialmente vibrante, capaces de habitar la incomodidad del duelo y la obsesión por el lenguaje sin necesidad de finales felices o redenciones edulcoradas.

Como lectura complementaria que dialoga desde las entrañas con esta deconstrucción del dolor, la memoria familiar y el peso de lo que se hereda y nunca se extingue, es imprescindible acudir a «Clavícula» de Marta Sanz. Mientras Reyes te ofrece la reconstrucción del trauma a través de la precisión quirúrgica de la palabra y el diccionario, Sanz te regala la crónica visceral de cómo el dolor físico se convierte en el lenguaje del cuerpo ante la crisis existencial, formando un mapa de lectura brutal sobre las cicatrices que nos definen.


Un poemario de una intensidad sensorial sobrecogedora y un rigor lingüístico implacable que utiliza el diccionario como la última trinchera frente a la disociación del trauma; un texto de largo recorrido que rechaza la lírica complaciente para ofrecer una crónica honesta, descarnada y profundamente humana sobre la necesidad de nombrar el dolor para aprender a convivir con lo que permanece.

El veredicto de Halford

A Halford este viaje por los meandros del alma, los silencios y las definiciones de María Moliner le ha parecido de una solemnidad que impone respeto. Él, que es un ratón de iglesia y ha pasado un siglo escuchando el eco de los lamentos y las ausencias entre los muros de piedra, sabe mejor que nadie que hay dolores que se quedan flotando en el aire para siempre y que la memoria es un huésped que nunca muere. Ha movido sus bigotes de madera al leer la búsqueda de una lengua exacta; dice que cuando el mundo de los hombres se resquebraja, buscar refugio en el peso de las palabras antiguas es la única forma de no perder la dignidad. Eso sí, coincide conmigo en el matiz crítico, en el tramo medio, cuando el poema se encerraba demasiado en su propio laberinto y el rodeo se volvía excesivo, Halford ha torcido el lomo y he tenido que vigilar que no se me camuflara entre la textura de las agendas. Le da su bendición de sacristía nombrándolo una obra honda y afilada como un corte de folio, idónea para leer en el silencio absoluto de tu escritorio, mientras dejas que tu pluma anote las verdades que te dejan sin respiración.

Y ahora tú...

Si tuvieras que acudir hoy al diccionario para buscar la definición exacta de ese dolor silencioso que arrastras en tu rutina, ¿qué palabra elegirías para llamarlo por su verdadero significado?

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