Por qué lo llaman liderazgo cuando quieren decir comunicación

Autor: Noemí Boza
Editorial: LID
Número de páginas: 178
ISBN: 978841021314
Valoración: ✰✰✰
Argumento
En Por qué lo llaman liderazgo cuando quieren decir comunicación, la autora presenta las actitudes y habilidades de lo que denomina liderazgo bombón, esencia de la tan deseada autenticidad. Entre las habilidades bombón, la comunicación destaca como poderosa herramienta, capaz de multiplicar las oportunidades de toda trayectoria profesional.
A través de su experiencia como periodista y empresaria, la autora nos ofrece una visión poderosa y enérgica: liderar bien es un viaje de aprendizaje continuo, donde comunicarnos mejor con nosotros mismos y con los demás es siempre una apuesta segura. Más allá de mostrar el poder de la comunicación en el arte del liderazgo, estas páginas nos guían para despertar nuestra iniciativa y desarrollar una actitud vital emprendedora.
Salpicado de experiencias personales y de la sabiduría de grandes líderes empresariales, este texto inspirador y ameno muestra cómo la auténtica comunicación puede transformar nuestras vidas y carreras y cómo el liderazgo bombón se refleja en cada interacción y decisión.
Dirigido a todos aquellos que buscan enfrentar nuevos desafíos, evolucionar en su carrera y disfrutar de una vida más plena, este libro es una invitación a liderar desde la autenticidad y a comunicar mejor para convertirnos en líderes verdaderamente irresistibles.
Gooseopinión
Uno de esos libros que llegan para poner nombre a una intuición que muchos llevamos tiempo rumiando: gran parte de lo que hoy se vende como liderazgo no es más que un problema —o una carencia— de comunicación. El libro se mueve en el territorio de la empresa, el management y la cultura organizacional, pero su lectura trasciende con facilidad ese marco y termina interpelando a cualquier lector que haya participado alguna vez en un grupo humano, profesional o creativo.
Lo que más me interesó del planteamiento es su desmitificación del liderazgo. Aquí no encontramos la figura heroica, carismática y visionaria que tantas veces se glorifica en discursos empresariales, sino algo mucho más terrenal: personas que hablan, escuchan (o no), transmiten ideas, silencios, miedos y expectativas. El libro acierta al señalar que muchos conflictos atribuidos a "falta de liderazgo" son, en realidad, fallos de lenguaje, de escucha y de transmisión del sentido.
Desde mi lectura, uno de los puntos fuertes del ensayo es que rebaja la épica y sube la responsabilidad. Liderar no aparece como un talento innato ni como una cualidad casi mística, sino como una práctica cotidiana profundamente ligada a cómo se construyen los mensajes, cómo se gestionan las conversaciones difíciles y cómo se articula un relato común. En ese sentido, el libro resulta casi incómodo: obliga a dejar de culpar a abstracciones y a mirar de frente nuestras propias formas de comunicarnos.
El estilo es claro, directo y funcional, muy alineado con el tipo de lector al que se dirige LID, pero sin caer en el tono excesivamente motivacional que suele saturar este tipo de publicaciones. Hay una voluntad evidente de hacer pensar más que inspirar, de desmontar conceptos inflados y devolverlos a su dimensión práctica. No es un libro para quien busque frases subrayables de autoayuda, sino para quien esté dispuesto a cuestionar el vocabulario que usamos para describir el poder, la influencia y la autoridad.
Personalmente, lo que más me resonó fue la idea de que nombrar mal las cosas no es inocente. Llamar liderazgo a lo que es comunicación genera expectativas irreales, frustración y jerarquías mal entendidas. El libro invita a recuperar la precisión del lenguaje como una forma de ética: decir lo que es, asumir responsabilidades y dejar de esconder la falta de diálogo detrás de palabras grandilocuentes.
Dicho esto, también creo que el libro se mueve dentro de unos márgenes relativamente seguros. Su crítica es lúcida, pero no radical; cuestiona el discurso dominante sin dinamitarlo del todo. Para algunos lectores esto será una virtud —claridad, orden, aplicabilidad— y para otros, un límite. A mí me dejó con la sensación de que abre puertas interesantes, aunque no siempre se atreve a cruzarlas por completo.
En conjunto, Por qué lo llaman liderazgo cuando quieren decir comunicación es una lectura inteligente, útil y bastante honesta. No promete soluciones mágicas ni fórmulas universales, pero sí ofrece una mirada más precisa y menos mitificada sobre cómo funcionan las relaciones de poder y sentido en los entornos profesionales. Un libro que, sin grandes aspavientos, invita a hablar mejor, escuchar más y llamar a las cosas por su nombre.
Una reflexión clara y necesaria, muy bien enfocada, aunque contenida. Destaca por su lucidez conceptual más que por su ambición literaria o teórica.