Rivals
Argumento
En el despiadado y seductor mundo de la televisión británica de los años ochenta, conservar una franquicia televisiva puede convertirse en una guerra sin cuartel. Tony Baddingham está decidido a mantener el control de Corinium Television y para ello ficha a Declan O'Hara, una estrella irlandesa de los programas de entrevistas cuyo talento puede revitalizar la cadena… o hacerla estallar desde dentro.
A la tensión profesional se suma la llegada de Cameron Cook, una productora brillante, ambiciosa e implacable encargada de llevar el programa de Declan. El problema es que entre ambos la quÃmica inicial se parece bastante al odio. Mientras las cámaras intentan fabricar éxito, detrás de los focos crecen las rivalidades, los deseos cruzados, las traiciones, las alianzas interesadas y las maniobras de poder.
En ese escenario aparece Rupert Campbell-Black, exdeportista, polÃtico, aristócrata descarado y seductor profesional, capaz de alterar cualquier habitación con solo entrar en ella. A su alrededor, matrimonios, amantes, ejecutivos, aristócratas, periodistas y aspirantes a estrellas se mueven en un tablero donde la cama y la sala de reuniones son casi extensiones del mismo campo de batalla.
Con una mezcla de glamour, humor, sexo, veneno social y exceso ochentero, Rivals construye una novela coral sobre la ambición, el espectáculo y la manera en que el poder convierte la vida privada en otra forma de programación televisiva.
Gooseopinión
Hay novelas que no entran en una habitación sino que irrumpen con una copa en la mano, un escote imposible, una frase venenosa y la absoluta certeza de que alguien va a acabar fatal antes de que termine la noche. Rivals es exactamente ese tipo de libro. Descarado, excesivo, adictivo y lleno de personajes que se comportan de forma espantosa con una convicción casi admirable.
Jilly Cooper no escribe desde la contención. No pretende hacerlo. Su territorio natural es el del exceso, mansiones, caballos, aristócratas insoportables, ejecutivos voraces, adulterios, fiestas interminables, ambiciones profesionales y deseos que entran arrasando por donde deberÃan pedir permiso. Y, sin embargo, debajo de esa superficie de frivolidad deliciosa hay una mirada bastante más afilada de lo que podrÃa parecer. Rivals funciona porque entiende muy bien que la televisión de los años ochenta no era solo entretenimiento. Era poder. Quien controlaba una cadena controlaba imagen pública, relato, reputación, influencia y dinero. La pelea por la franquicia televisiva permite a Cooper construir una guerra social donde todos quieren algo, conservar privilegios, ascender, vengarse, seducir, dominar, escapar o demostrar que son más listos que los demás.
El mayor acierto de la novela está en su energÃa coral. Este no es un libro de un solo protagonista, sino de ecosistemas humanos envenenados. Declan, Cameron, Rupert, Tony y el resto de personajes se mueven dentro de una red de deseo, competencia y humillación donde cada gesto puede convertirse en arma. La novela avanza casi como una gran fiesta donde sabemos que, tarde o temprano, alguien va a romper una copa, un matrimonio o una reputación.
Rupert Campbell-Black es, por supuesto, una de las grandes fuerzas de atracción del libro. Guapo, arrogante, obscenamente seguro de sà mismo y moralmente discutible en demasiados frentes, pertenece a esa categorÃa de personajes que serÃan insoportables en la vida real y peligrosamente magnéticos en la ficción. Cooper sabe exactamente lo que hace con él: no lo vuelve ejemplar, pero tampoco permite que el lector ignore su poder narrativo.
Cameron Cook resulta especialmente interesante porque introduce una tensión más contemporánea dentro de un mundo profundamente masculino. Es competente, dura, ambiciosa y consciente de que tiene que moverse en un entorno donde los hombres confunden poder profesional, deseo sexual y derecho a ocupar todo el espacio. Su presencia permite que la novela no sea solo una sucesión de lÃos sentimentales, sino también una historia sobre mujeres intentando imponer autoridad en un tablero diseñado por y para hombres.
Ahora bien, Rivals es un libro muy de su época. Y eso se nota. Se nota en el tratamiento del sexo, en algunos comportamientos masculinos presentados con una ligereza que hoy puede resultar incómoda, en la forma de mirar ciertos cuerpos, en determinadas dinámicas de poder y en un humor que a veces roza zonas bastante discutibles. Leerlo hoy exige aceptar esa distancia, pero no para disculparlo todo, sino para entender que parte de su atractivo y parte de sus problemas nacen del mismo lugar. Es un producto ferozmente ochentero. Aunque serÃa un error reducirlo a "culebrón de ricos comportándose mal". Cooper tiene un talento enorme para el ritmo, para el diálogo, para el retrato social venenoso y para crear escenas que parecen escritas con una copa de champán en una mano y una navaja en la otra. La novela se lee con una mezcla de fascinación, horror y placer culpable, aunque quizá lo más divertido sea admitir que el placer no es tan culpable. Porque Rivals sabe ser escandalosa, pero también sabe ser muy entretenida. Y eso, en una novela de este tipo, no es un mérito menor. Hay libros que prometen diversión y luego se pierden en tramas sin pulso. AquÃ, en cambio, todo empuja hacia delante, las rivalidades profesionales, las tensiones sexuales, los odios personales, las venganzas y esa sensación permanente de que nadie está a salvo de hacer el ridÃculo o de cometer un error monumental.
Lo más sabroso del libro es su manera de retratar la clase alta británica sin reverencia. Hay lujo, sÃ, pero también vulgaridad emocional. Hay tÃtulos, casas, modales, caballos, dinero y conexiones, pero Cooper no parece impresionada por nada de eso. Al contrario, disfruta mostrando que, bajo la capa de sofisticación, mucha gente elegante puede comportarse con una mezquindad absolutamente campechana. La novela también habla de la televisión como fábrica de apariencias. Lo que se emite importa, pero lo que ocurre entre bambalinas importa más. Los programas, las entrevistas, las audiencias y las decisiones empresariales funcionan como fachada de una batalla mucho más primitiva: quién manda, quién desea a quién, quién humilla a quién, quién gana dinero y quién logra salir en pantalla con la sonrisa intacta. No es una novela fina en el sentido delicado del término. Es otra cosa. Es brillante a su manera, exagerada, chismosa, feroz, sexual, competitiva y casi indecentemente entretenida. Puede irritar, puede resultar excesiva y puede dejar al lector levantando una ceja más de una vez. Pero también tiene ese don rarÃsimo de los libros que no piden permiso para engancharte.
Rivals es una novela deliciosa para quien acepte su pacto: entrar en un mundo de privilegio, deseo y ambición donde casi nadie se porta bien, casi todo el mundo quiere ganar y la televisión funciona como espejo deformante de una sociedad obsesionada con mirar y ser mirada. Porque aquà las rivalidades no se resuelven solo en los despachos. También se negocian en las fiestas, en las camas, en los silencios, en los platós y en esa sonrisa perfecta que alguien mantiene justo antes de clavar el cuchillo.
Recomendado para...
Lectores que disfrutan de las sagas corales llenas de escándalos, sátira social, lujo, deseo y personajes moralmente discutibles. Puede encajar con quienes hayan leÃdo a Jackie Collins, las novelas más desatadas de la propia Jilly Cooper, o quienes disfruten de historias tipo Succession por su retrato de poder, ambición familiar y gente rica portándose fatal. También gustará a quienes buscan una lectura entretenida, venenosa y muy británica, con televisión ochentera, aristocracia y mucho caos sentimental.
Una novela descarada, adictiva y gloriosamente excesiva perfecta para leer sabiendo que nadie está a salvo, ni en la cama ni en la sala de reuniones.
Y ahora tú...
Cuando todo el mundo quiere ganar, seducir y salir en pantalla con la mejor luz, ¿queda alguien capaz de distinguir el amor verdadero de una estrategia de poder?
