Te di la mano

16.09.2026

Autor: Nuria Pérez

Editorial: Salamandra

Número de páginas: 253

ISBN: 9788410340046

Categoría: 📚 Novela histórica y de memoria · identidad, colonialismo y crítica social

Valoración: ✰✰✰✰✰

Nota: esta reseña incluye enlaces de afiliado.

Argumento

Tras el éxito de No tocarás, Nuria Pérez construye en Te di la mano una novela que comienza en 1908, a orillas del río Maringa, en el Congo, con Makasi, una mujer cuya voz parece destinada a perderse entre las muchas vidas que la historia ha decidido no contar. Makasi tiene, sin embargo, un sueño sencillo y enorme: conseguir que su voz llegue lejos, como llegan las voces de los personajes de los libros que la acompañan. A partir de ella, la novela emprende un largo recorrido por distintas épocas y geografías para conectar su historia con la de generaciones posteriores y, finalmente, con nuestro presente.

El viaje atraviesa las casas comunales soviéticas, las periferias de Milán, la costa irlandesa y los rascacielos de Londres, pero también recorre la historia de los materiales que han sostenido buena parte de nuestro mundo moderno, el caucho que impulsó los primeros automóviles, el cobre que permitió electrificar las ciudades y el cobalto imprescindible para buena parte de la tecnología contemporánea. Lo que parecía una historia lejana acaba revelándose mucho más próximo cuando comprendemos que detrás de los objetos, las comodidades y los avances que forman parte de nuestra vida cotidiana existen territorios, recursos y personas cuyas historias rara vez llegan hasta nosotros.

Con una escritura cercana y luminosa, Nuria Pérez une pasado y presente, memoria y actualidad, para plantear una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué relación existe entre nuestro bienestar cotidiano y las vidas que permanecen ocultas detrás de él?

Gooseopinión

Hay libros que cuentan una historia y hay libros que, además, consiguen que después de cerrarlos ya no mires exactamente igual algunas de las cosas que tienes alrededor. Te di la mano pertenece a los segundos. Nuria Pérez parte de una mujer concreta, Makasi, y de un deseo profundamente humano —que su voz llegue lejos— para construir una novela que atraviesa más de un siglo y que termina colocándonos frente a algo mucho más cercano de lo que esperábamos, nuestra propia manera de vivir, consumir y relacionarse con el mundo.

Lo fascinante es que la novela no necesita convertir su argumento en una lección de historia para conseguirlo. El caucho, el cobre, el cobalto y todos esos materiales que normalmente aparecen ante nosotros como palabras técnicas o materias primas adquieren aquí una dimensión completamente distinta porque dejan de ser simplemente recursos y empiezan a estar vinculados a territorios, cuerpos, trabajos, desplazamientos y vidas. De repente, aquello que utilizamos todos los días deja de parecer inocente. Un automóvil, una ciudad electrificada, un teléfono o cualquiera de los dispositivos que forman parte de nuestra rutina pueden convertirse, después de leer esta novela, en pequeñas puertas hacia historias que estaban ahí mucho antes de que nosotros reparásemos en ellas.

Ese es el gran acierto con el que Nuria nos sorprende cada vez que su voz emerge entre las ondas y esta vez en formato lectura con Te di la mano; en lugar de hablarnos únicamente de un pasado que creemos lejano, consigue demostrar hasta qué punto ese pasado sigue instalado en nuestro presente. La historia colonial no aparece como un episodio cerrado que podamos contemplar desde la comodidad de la distancia, sino como una de las raíces de muchas de las estructuras económicas y materiales que todavía sostienen nuestro mundo. El libro nos obliga a mirar esa continuidad sin necesidad de levantar el dedo acusador, porque quizá resulte mucho más eficaz mostrarnos las conexiones que decirnos directamente qué deberíamos pensar.

La figura de Makasi funciona además como algo más que el origen de la historia. Su deseo de que su voz llegue lejos, de que pueda existir más allá del lugar que le ha tocado ocupar, conecta con una de las ideas más poderosas de la novela, quién tiene derecho a ser recordado y quién consigue que su historia sobreviva. Durante siglos, millones de vidas han quedado fuera de los grandes relatos porque no fueron consideradas suficientemente importantes para formar parte de ellos. Te di la mano intenta recuperar algunas de esas voces y ponerlas en relación con las nuestras, hasta conseguir que esa distancia entre «ellos» y «nosotros» empiece a resultar bastante más difícil de sostener.

Hay algo muy hermoso en la forma en que el libro utiliza la escritura y los libros como hilo conductor. Makasi encuentra en ellos una posibilidad de trascender su propia circunstancia, y esa idea termina funcionando como una especie de declaración de principios de la propia novela, escribir también puede ser una forma de tender la mano hacia alguien que todavía no conocemos, hacia alguien que vivió mucho antes que nosotros o hacia alguien cuya historia habría desaparecido si nadie hubiera decidido contarla. El título adquiere así un sentido que va mucho más allá de la anécdota y termina convirtiéndose en una imagen de transmisión, de memoria y de vínculo.

La novela tampoco se limita a señalar las contradicciones del mundo contemporáneo. Lo verdaderamente interesante es que consigue introducirlas dentro de nuestra vida cotidiana. No hace falta estar hablando de grandes decisiones políticas ni de enormes conflictos internacionales para sentir el efecto de lo que cuenta; basta con mirar aquello que tenemos sobre la mesa, lo que llevamos en el bolsillo o aquello que utilizamos sin preguntarnos demasiado de dónde viene. Y quizá esa sea una de las formas más eficaces de provocar una reflexión: conseguir que una historia siga trabajando en nuestra cabeza cuando ya hemos dejado de leerla, y Nuria siempre lo consigue (por lo menos conmigo).

Te di la mano es una novela sobre la memoria, pero también sobre la responsabilidad de mirar. Sobre las vidas que quedan escondidas detrás de aquello que damos por hecho y sobre la facilidad con la que una sociedad puede disfrutar de las consecuencias de una historia sin querer demasiado conocer sus orígenes. Y lo hace desde una perspectiva especialmente valiosa porque no pretende ofrecernos una cómoda absolución ni una culpabilidad prefabricada. Lo que propone es algo más incómodo, saber un poco más, mirar un poco mejor y aceptar que nuestra historia está mucho más conectada con otras de lo que nos gustaría pensar. Cuando terminas el libro la pregunta no es únicamente qué ocurrió en el Congo en 1908, ni qué relación tuvieron aquellos acontecimientos con el mundo que vino después. La pregunta acaba siendo qué hacemos nosotros con todo aquello que ahora sabemos.

Recomendado para...

quienes buscan una novela histórica capaz de escapar de los límites de una época concreta y conectar pasado y presente, pero también para lectores interesados en la memoria, el colonialismo, la explotación de los recursos naturales, la desigualdad y las historias de mujeres que durante demasiado tiempo han quedado fuera del relato. Es un libro para quienes disfrutan de las novelas que, además de contar una buena historia, modifican ligeramente la mirada con la que volvemos a nuestro propio mundo, y para quienes alguna vez se han preguntado qué hay detrás de las cosas que utilizamos, de la comodidad que damos por sentada o de esa tecnología que parece haber aparecido mágicamente en nuestras manos.


Una mujer del Congo, un siglo de historia y todo aquello que el mundo moderno prefiere que no miremos cuando llega hasta nuestras manos.

Veredicto de Halford

Yo solo digo que después de leer este libro uno empieza a mirar el móvil con cierto respeto. Porque antes era un móvil, claro; sirve para llamar, perder el tiempo, hacer fotos y descubrir que alguien que no conoces está de vacaciones en un sitio precioso. Pero ahora resulta que detrás de esa cosa que llevas en el bolsillo hay una historia de materiales, territorios, personas y vidas que se remonta muchísimo más lejos de lo que te apetecía pensar mientras estabas mirando vídeos de gatos. Así que aquí estoy, intentando no pensar demasiado en todo lo que tengo alrededor porque, como empiece a preguntarme de dónde viene cada cosa, voy a acabar mirando hasta la tostadora con cara de «¿y tú qué me estás ocultando?». Y lo peor es que probablemente la tostadora también tenga una historia que contar. Halford dice: cinco estrellas, pero a partir de ahora se niega a llamar «objeto cotidiano» a nada.

Y ahora tú...

Después de conocer las historias que pueden esconderse detrás de aquello que forma parte de nuestra vida cotidiana, ¿hay algún objeto que tengas ahora mismo delante y que ya no puedas mirar exactamente de la misma manera?

Y, sobre todo, ¿cuánto quieres saber de aquello que sostiene tu manera de vivir cuando descubrirlo puede obligarte a mirar de frente una historia que hasta ahora preferías considerar demasiado lejana?

Share