The country of housewife's book

Autor: Lucy H. Yates
Editorial: Persephone Books
Número de páginas: 213
ISBN: 9781903155707
Categoría: 📚 Manual doméstico · vida cotidiana · costumbres inglesas · cocina y jardinería · documento de época
Valoración: ✰✰✰✰
Argumento
Llamarlo «manual doméstico» es correcto, pero se queda bastante corto. Porque The Country Housewife's Book es, en realidad, una puerta directa a una forma de vida inglesa que hoy nos resulta tan lejana que por momentos parece inventada.
Lucy H. Yates escribe en 1936 para la mujer que vive en una casa de campo y tiene que encargarse de todo lo que hace que esa casa funcione. Y cuando digo todo, quierodecir TODO. Cocina. Jardín. Huerto. Flores. Conservas. Despensa. Organización de la casa. Aprovechamiento de los alimentos. Planificación según las estaciones. Y una cantidad de conocimientos prácticos que probablemente hoy nos permitirían presentarnos a un concurso de supervivencia rural con cierta ventaja.
El libro está organizado alrededor de esa vida doméstica en la que las estaciones marcan el ritmo de la casa. Lo que se planta, lo que se recoge, lo que se cocina, lo que se conserva y lo que hay que preparar depende del momento del año. Nada parece ocurrir por casualidad. Y, sobre todo, nada parece desperdiciarse. Lo que produce el jardín acaba en la cocina. Lo que sobra se conserva. Lo que puede aprovecharse, se aprovecha. La casa funciona como un pequeño ecosistema. Y alguien tiene que conseguir que funcione. Ese alguien, en el universo de Yates, es la country housewife
Gooseopiniónc
Voy a empezar por la pregunta que me ha acompañado durante prácticamente toda la lectura,¿PERO ESTA MUJER CUÁNDO DESCANSABA? Porque una cosa es imaginar la vida en una casa de campo inglesa en los años treinta, y otra muy distinta es que Lucy H. Yates te enseñe la letra pequeña.
Nosotros vemos la casa preciosa, el jardín, las flores, la cocina inglesa, las estaciones, la despensa, la vida rural... Yates te enseña las horas de trabajo que hacen posible todo eso. Y entonces la bucólica casa de campo empieza a parecer un poco menos bucólica. No porque el libro quiera desmontarla, todo lo contrario, Yates está explicando las cosas con una naturalidad maravillosa. Esto se hace así. Esto se prepara entonces. Esto se planta aquí. Esto se recoge allá. Esto se conserva de esta manera... Pues claro, como si fuese lo más normal del mundo saber hacer todo eso. Y es aquí donde encontramos uno de los mayores encantos del libro, estamos leyendo conocimientos que en su momento eran cotidianos y que hoy se han convertido, en muchos casos, en auténticas rarezas. Ahora podemos comprar fresas en enero. Podemos encontrar prácticamente cualquier alimento en cualquier época del año. Podemos comprar una salsa ya preparada. Podemos pedir comida. Podemos tener un supermercado a cinco minutos. Y podemos, por supuesto, buscar en internet cómo demonios se planta un tomate. La country housewife de 1936 no tenía Google, tenía que saberlo, y si no lo sabía, probablemente tenía que averiguarlo de otra manera. Esto hace que el libro resulte mucho más interesante de lo que podría parecer por su título. Porque sí, estamos ante un manual de tareas domésticas, pero también estamos ante un documento sobre cómo se organizaba la vida cotidiana. Y eso me interesa muchísimo más.
Hay algo especialmente fascinante en los libros de este tipo, que no necesitan explicar que están describiendo una época, simplemente lo hacen. Y mientras Yates habla de cocina, jardín, conservación o economía doméstica, nosotros vamos reconstruyendo un mundo entero. Un mundo en el que las estaciones tenían un peso real sobre la vida, en el que el jardín no era simplemente un lugar bonito donde poner unas tumbonas, en el que producir alimentos, conservarlos y aprovecharlos formaba parte de la organización de la casa, en el que saber qué hacer con cada cosa era una forma de conocimiento. Y también, inevitablemente, un mundo en el que una enorme cantidad de ese trabajo recaía sobre las mujeres. Yates no se detiene a hacer una crítica social, no es ese su objetivo, precisamente por eso el libro resulta tan revelador. Ella no necesita decirnos "esto supone muchísimo trabajo", simplemente empieza a enumerarlo. Y nosotros hacemos las cuentas. Y las cuentas dan miedo.
Lo que más me ha gustado es que no estamos ante una fantasía de vida rural. No es una novela de una casa maravillosa en los Cotswolds donde todo huele a pan recién hecho y nadie tiene que limpiar nada. Es un manual. Y los manuales tienen una virtud extraordinaria, ya que nos enseñan lo que normalmente queda fuera de plano. La novela te enseña el salón, este libro te enseña la despensa. La novela te enseña el jardín, este libro te explica qué demonios haces con lo que has plantado. La novela te enseña una mesa preciosa, este libro te recuerda que alguien ha tenido que comprar, preparar, cocinar, conservar, recoger y organizar todo lo que llega hasta esa mesa; y eso es lo que convierte The Country Housewife's Book en una lectura casi antropológica, porque estamos viendo la infraestructura de una vida.
También hay algo muy divertido en leerlo en 2026, ya que algunas cosas resultan sorprendentemente actuales; el aprovechamiento de los alimentos, la importancia de la temporada, la idea de no desperdiciar, el cultivo propio, las conservas, la relación con el jardín... Todo eso ha vuelto a aparecer en nuestra conversación contemporánea como si acabáramos de descubrirlo, Y aquí está desde 1936, solo que entonces no era una tendencia, era la vida, y eso me parece una de las cosas más curiosas del libro, nos hace preguntarnos cuánto de lo que hoy presentamos como una vuelta a lo tradicional es, en realidad, una recuperación de conocimientos que dejamos desaparecer porque dejamos de necesitarlos.
Y después está Persephone Books... sinceramente, ¿quién iba a rescatar este libro si no Persephone? Hay algo muy propio de la editorial en recuperar textos que aparentemente hablan de cosas pequeñas y demostrar que esas cosas pequeñas contienen una época entera. Aquí no tenemos una gran novela. No tenemos una historia de amor. No tenemos un argumento que avance hacia ninguna parte. Tenemos una mujer explicándonos cómo organizar una casa de campo. Y, sin embargo, detrás de cada explicación aparecen una clase social, una estructura familiar, una relación con el trabajo, una manera de comer, de cultivar, de administrar el tiempo y de entender el hogar. Eso es lo que hace que funcione tan bien como lectura.
Ahora bien: no os voy a engañar. Este no es un libro para leer buscando entretenimiento convencional. No hay que sentarse con él esperando descubrir qué ocurre en el capítulo siguiente, porque no ocurre nada. Bueno, salvo que probablemente haya que recoger algo del huerto. Pero precisamente por eso tiene otro tipo de interés para su lectura -y es lo que más me llama la atención y por eso lo compré- Es un libro para leer despacio. Para abrirlo por cualquier sitio. Para curiosear. Para descubrir una recomendación y pensar "esto lo hacía mi abuela" o "esto no lo pienso hacer ni aunque me paguen". Y también para imaginar la cantidad de mujeres que durante generaciones acumularon todos estos conocimientos sin que nadie considerase que aquello pudiera ser "cultura". Porque lo era. Era conocimiento. Era experiencia. Era trabajo. Y era, además, una forma de mantener funcionando una casa y una familia.
Y aquí aparece mi pequeña contradicción personal con el libro. Mientras lo leía -precismente en una casa de campo, en los Cotswolds, había una parte de mí que pensaba, Qué maravilla. Una casa inglesa. Un jardín. Las estaciones. La despensa. Las conservas. La cocina. Todo organizado alrededor del ritmo natural del año. Y otra parte de mí contestaba inmediatamente: Sí, precioso. ¿Y quién lo hace? Porque quiero la estética. Quiero la casa. Quiero el jardín. Quiero pasearme por él con una cesta de mimbre y un vestido ridículamente bonito, pero lo que no quiero es descubrir que después tengo que pasar tres horas haciendo conservas. Ahí ya perdemos la amistad.
Yates, por supuesto, no tiene la culpa de mi pereza contemporánea. Ella está hablando desde otro mundo. Y quizá precisamente por eso me resulta tan fascinante.
The Country Housewife's Book no pretende convertir la vida doméstica en una epopeya, pero termina haciendo algo bastante parecido. Porque al leerlo entendemos que mantener una casa en funcionamiento requería una enorme cantidad de conocimientos que hoy damos por hechos o hemos delegado en productos, servicios y tecnología. Y eso hace que este libro sea mucho más que un manual antiguo. Es un retrato de una vida cotidiana desaparecida. Una de esas pequeñas piezas que, juntas, permiten reconstruir una época. Y, como suele ocurrir con los libros de Persephone, acabas empezando por curiosidad y terminas pensando en cosas bastante más grandes como el trabajo invisible, como las mujeres que sabían hacer todas estas cosas., en cuánto hemos ganado, en cuánto hemos perdido, y en lo extraordinariamente fácil que es romantizar una vida cuando solo vemos la parte bonita.
Recomendado para...
Lectores que disfrutan de los libros sobre la vida cotidiana, las costumbres inglesas, las casas de campo, los jardines, la cocina, la historia doméstica y las pequeñas ventanas hacia épocas desaparecidas.
También para lectores de Persephone Books que quieran salir un poco de la novela y descubrir otro tipo de recuperación dentro de su catálogo, y especialmente para quienes disfrutan de esos libros que no necesitan una gran trama porque el mundo que describen ya es la historia.
No lo recomendaría si buscáis una novela o una lectura narrativa convencional. Sí si os fascina abrir un libro y tener la sensación de haber entrado en una casa inglesa de 1936 sin necesidad de comprar un billete de avión .
Y ahora tú...
Imagina que te ofrecen una preciosa casa de campo inglesa de los años treinta. Jardín. Huerto. Despensa. Cocina maravillosa. Flores. Estaciones.Todo precioso, pero con una condición: tienes que hacer tú todo lo que Lucy H. Yates explica en este libro. ¿Te mudas? Porque yo he llegado a una conclusión bastante clara: quiero la country house.Lo de ser la country housewife ya lo negociamos.