Turistopía. El mundo como souvenir

13.09.2026

Autor: Cayo Sastre

Editorial: Lince

Número de páginas: 205

ISBN: 9791399138528

Categoría: 🪿 Ensayo · turismo, capitalismo, ciudades y gentrificación · cuando viajar también puede convertirse en una forma de consumir el mundo

Valoración: ✰✰✰✰

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Argumento

¿Y si el turismo no fuera simplemente una de las industrias más importantes de nuestro tiempo, sino una de las mejores formas de entender hacia dónde está evolucionando nuestra sociedad?

Esa es la pregunta que está detrás de Turistopía. Cayo Sastre imagina un futuro en el que la expansión ilimitada del turismo ha terminado por transformar completamente las ciudades y las relaciones entre quienes las habitan y quienes las consumen. En esa futura Turistopía aparecen dos grupos: los outdoors, turistas permanentemente en movimiento que convierten el mundo en experiencia y souvenir, y los indoors, quienes permanecen al otro lado del escaparate y trabajan para que esa experiencia sea posible.

Pero el futuro que plantea Sastre no resulta especialmente fantástico porque buena parte de sus elementos ya están aquí. La saturación de los centros históricos, la sustitución de viviendas por alojamientos turísticos, la transformación del comercio de barrio, la conversión de espacios públicos en escenarios para visitantes o la adaptación de los servicios de una ciudad a las necesidades del turista forman parte de una realidad que ya conocemos. Madrid, Barcelona, Venecia, Roma, Londres o París aparecen así como síntomas de algo más amplio, la transformación de la ciudad en producto turístico.

El ensayo amplía después la mirada. La escapada, la movilidad permanente, los aeropuertos, las ciudades diseñadas para circular y consumir, la uniformización de los espacios y hasta la idea de una ciudad "ikeaizada" forman parte de un mismo proceso. El turismo deja de ser entonces una actividad que hacemos de vez en cuando para convertirse en una lógica que empieza a organizar buena parte de nuestra vida económica, urbana y social.

Y ahí está la pregunta incómoda que plantea Turistopía, si seguimos convirtiendo lugares en productos y experiencias en mercancías, ¿qué quedará de los lugares cuando todos podamos consumirlos pero cada vez menos personas puedan vivir en ellos?

Gooseopinión

Lo interesante de Turistopía no es que Cayo Sastre haya inventado un futuro distópico especialmente imaginativo. Es, precisamente, que no necesita imaginar demasiado. Basta con mirar alrededor.

La ocurrencia de dividir esa futura sociedad entre outdoors e indoors funciona porque lleva hasta el extremo una desigualdad que ya podemos reconocer. Unos viajan, consumen, fotografían, comen, compran y acumulan experiencias; otros trabajan para que todo eso pueda suceder. La etiqueta tiene algo de caricatura, pero es una caricatura bastante eficaz, cuando una idea resulta incómoda porque se parece demasiado a la realidad, probablemente ha cumplido su función.

Sastre no se limita a hablar de turistas. El turismo aparece como la consecuencia de algo bastante más profundo como la conversión de la experiencia en mercancía. Ya no basta con tener cosas; queremos vivir experiencias. Y viajar se ha convertido en una de las experiencias más deseables, fotografiables y comercializables. El problema aparece cuando esa búsqueda individual de felicidad se convierte en una maquinaria económica que necesita cada vez más consumidores, más destinos y más movimiento. Ahí Turistopía conecta bastante bien con el trabajo anterior de Sastre en McMundo. Si aquel libro utilizaba el consumo para observar una sociedad cada vez más uniforme, aquí el turismo se convierte en una especie de continuación lógica ya que podemos viajar miles de kilómetros para terminar encontrando las mismas tiendas, los mismos restaurantes, los mismos apartamentos turísticos y, en ocasiones, hasta la misma experiencia que podríamos haber tenido en cualquier otra ciudad.

Y eso es lo más potentes del libro. El turista busca lo diferente mientras el sistema turístico trabaja para que todo se parezca.

Me gusta también que el ensayo no se quede exclusivamente en el discurso de "los turistas están destruyendo las ciudades", porque sería demasiado fácil. El problema no es que alguien quiera conocer Roma, Venecia o Barcelona. El problema es qué eso está ocurriendo precisamente cuando una ciudad empieza a organizarse fundamentalmente para quienes vienen de paso y no para quienes viven allí; cuando una vivienda deja de ser vivienda para convertirse en alojamiento, cuando una tienda deja de responder a las necesidades del barrio porque resulta más rentable vender recuerdos, cuando el espacio público se convierte en decorado y la vida cotidiana empieza a estorbar al visitante.

Ahora bien, no todo me convence por igual. La propia estructura del libro, según su recorrido de capítulos, apuesta mucho por la acumulación de escenarios y proyecciones temporales: 2060, la turistopía global, 2071… Es una estrategia atractiva para visualizar el problema, pero también puede hacer que algunas de las ideas resulten más contundentes como provocación que como análisis sociológico estrictamente desarrollado. Y yo creo que ahí está la principal virtud y, al mismo tiempo, el pequeño límite de Turistopía: es más eficaz cuando te obliga a mirar de otra manera algo que creías cotidiano que cuando intenta convencerte de que ya conoce exactamente el futuro. Porque, para ser sinceros, no necesitamos esperar a 2060, ya tenemos ciudades en las que encontrar piso se ha convertido en una carrera de obstáculos, barrios en los que los vecinos conviven con apartamentos turísticos, centros históricos convertidos en escenarios de consumo y ciudades que compiten entre sí por atraer cada vez más visitantes mientras intentan gestionar las consecuencias de haberlos atraído.

Y lo peor y más triste de todo es que nosotros podemos estar a ambos lados de la ecuación. Somos turistas cuando viajamos y habitantes cuando volvemos a casa. Queremos conocer lugares, pero también queremos que nuestro barrio siga siendo nuestro barrio. Queremos viajar barato, pero nos preocupa que nuestra ciudad se vuelva inhabitable. Queremos experiencias y, al mismo tiempo, nos quejamos de que todas las ciudades se parezcan cada vez más. Sastre no nos deja demasiado cómodos en ninguna de las dos posiciones. Y este planteamiento, en un ensayo sobre turismo, me parece bastante más interesante que limitarse a decirnos dónde está el problema.

Turistopía no es un libro contra viajar. Es un libro contra la idea de que podemos convertir el mundo entero en un producto turístico sin que eso transforme aquello que estamos intentando disfrutar. Y  da en el centro de la diana.

Recomendado para...

Lectores que disfrutan de los ensayos que utilizan un fenómeno cotidiano para hablar de problemas bastante mayores. Si te interesaron McMundo, del propio Cayo Sastre, o libros como La sociedad del cansancio de Byung-Chul Han, aunque desde perspectivas muy diferentes, aquí encontrarás otra manera de mirar nuestra relación con el consumo, el espacio y la vida contemporánea.


No es un libro contra el turismo, es más bien una bofetada a la idea de que viajar nos hace mejores personas por defecto y una invitación a dejar de mirar el mundo como destino para preguntarnos qué hacemos —y qué dejamos— cuando llegamos a él.

El veredicto de Halford

A ver, yo no soy muy de turismo. Mi idea de conocer mundo consiste en cambiar de agujero cuando alguien empieza a sospechar dónde vivo. Pero este libro tiene un punto, si todo el mundo quiere venir a verlo todo, alguien tendrá que quedarse limpiándolo todo después. Y sospecho que esos indoors no son precisamente los que están haciéndose las fotos delante de la fuente. Ross dice que hay que reflexionar sobre el modelo turístico. Yo digo que primero podríamos empezar por dejar de alquilar media ciudad para venir a hacerse un selfie. Cuatro quesos. Y uno de ellos es de proximidad.

Y ahora tú...

¿En qué momento viajar dejó de ser conocer un lugar para convertirse en consumirlo?

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