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Todos estábamos vivos

16.09.2020 11:57

 

    El 9 de febrero de 1980 es la fecha del pistoletazo del comienzo de la denominada “Movida Madrileña”.

    El evento del día es un concierto homenaje, en la Escuela de Caminos de la Universidad Politécnica, a “Canito” batería de “Tos”, uno de tantos grupos de música que han surgido en la noche madrileña.

    Todos deben estar allí, Adela, Diana, Teo, Ric, Aldo, incluso Siberia, reina punk de la noche madrileña.

    Este concierto marcará un antes y un después para todos nuestros personajes. Ya nada volverá a ser como antes. A todos les va a marcar de una manera distinta pero hará que sus vidas tengan otro significado a partir de ese momento.

 

GOOSEOPINION

 

    Brutal!. Con el famoso concierto homenaje de “la escuela de caminos de la universidad politécnica” como telón de fondo y punto de partida de la novela, Enrique Llamas se ha marcado una brutalidad de relato que nos llevará a los más bajos instintos de las personas y nos hará un recorrido por el incipiente Madrid de los 80. Esas noches madrileñas tan manidas en sinfines de novelas y relatos, pero que en este nuevo escenario lleva a relatar lo más oscuro; aquello que está en boca de todos y nadie se atreve a revelar, o no se han atrevido anteriormente.

    De todos es sabido que la denominada “movida madrileña” acercó a los jóvenes a un círculo vicioso de drogas y alcohol, quizá por el hecho de haber estado tanto tiempo anclados en una dictadura. Pero quizá ese círculo, esas noches de desenfreno habían empezado mucho antes, y la casualidad de que un joven de ventipocos años perdiera la vida de una manera tan trágica y en una fecha tan significativa como lo hizo “Canito” (batería del incipiente grupo musical “Tos” que derivó tras esta repentina muerte a “los secretos” – uno de los grupos por antonomasia de los denominados surgidos de la movida) fue lo que hizo que los jóvenes quisieran beberse, fumarse y meterse de golpe la década de los 80 recién estrenada (el accidente referido fue la madrugada del 1 de enero de 1980 cuando, tras una salvaje fiesta de nochevieja, se dirigían hacia un chalet de la sierra madrileña a seguir la marcha).

    Esto es solo una anécdota que le da pie al autor a poner en escena a personajes tan diversos, pero tan reconocidos en esas noches madrileñas, como las niñas bien que quiere romper con un viciado círculo familiar, al muchacho salvaje, sediento de querer formar parte de un grupo musical – de cualquier manera posible, y bajo cualquier precio- a trasnochados con vida totalmente diferente cuando amanece… y modernos, sobre todo muchos modernos (tenías que ser moderno para vivir y estar dentro de la movida - eso es lo que nos han vendido siempre- )

     Durante las 278 páginas y 13 capitulos (mas una postdata) – igual el 13 no es numero aleatorio y nos predice de la suerte de los personajes- Enrique Llamas nos lleva de la mano por las noches más sórdidas de Madrid. Por unos personajes ficticios codeándose con personajes reales del momento en el que se desarrolla la acción y fundamentales para crear el mito de “la movida madrileña”. Veremos deambular a Enrique Urquijo, a Ana Curra, a Las Costus… nos va a pasear por Malasaña, la plaza del Dos de Mayo, la calle Espíritu Santo; nos adentra en ese Madrid que nunca dormía; en los secretos de la sala “El Sol” de “El Penta” de “la vía láctea”…. Vamos a ir viendo como la degradación va cargando el ambiente y los personajes, unos personajes con un bagaje personal de partida bastante intenso.

    Una mezcolanza de sentimientos nos va a sobrecoger el corazón y vamos a vivir y sentir en nuestro propio cuerpo la putrefacción de todo aquello que nos quieren vender como un “soplo de libertad” que llegó a una España mortecina en blanco y negro que realmente lo que trajo consigo fue más muerte aún, eso sí, rodeada de rosas puñetas, mallas, pelos cardados, hombreras y glam, mucho glam (aderezado con todo tipo de sustancias)

    El descubrimiento de las drogas; ¡Ay! Cuantas veces he leído, justificando aquella época, que “es que nadie nos dijo ni nos habló de lo que eso conllevaba y las consecuencias que podían tener a largo plazo”

    Es un relato sobre las personas que ya no nos pueden contar por ellas mismas esas vivencias.

    Es un alegato a la vida, pero también un advenimiento a lo que iban a ser los años posteriores.

    Historias entremezcladas con odios antigüos y odios heredados, envidias, necesidades afectivas, necesidades vitales, miedos, dudas, descubrimientos, desconocimientos, irresponsabilidades ...

    Empieza con el concierto homenaje a Canito y finaliza con el incendio de “Alcalá 20” (mítica sala madrileña) en 1983. Tres años en la vida de los personajes condensados realmente en menos de un mes, el que transcurre desde la citada nochevieja de 1980 al 9 de febrero de 1980 fecha del concierto homenaje que los compañeros de Canito quisieron darle (Enrique, Javier y Álvaro Urquijo). Nos baja a los infiernos, sí, pero también nos mantiene en un halo de esperanza.

    Te deja con el corazón en un puño la mayoría de las veces, quizá en las partes que se sale del argumento y reflexiona sobre lo que fue aquella época. Ningún padre debería enterrar a sus hijos, pero en esa época, no pocos fueron los que así hicieron, quizá preguntándose qué ocurrió para que eso pasara.

    ¿Una época de desinformación? Quizá. ¿una época de salvaje rebeldía? pero sobre todo una época dorada para la música española, para todos aquellos jóvenes ávidos de una libertad no permitida hasta entonces sin miedo a las consecuencias que marcó un antes y un después (igual que a los personajes que ven pasar sus vidas a través de estas páginas)

     Probablemente he divagado bastante en lo que es en sí la historia de los protagonistas ficticios (recalca el autor esta ficción para que nadie se lleve a engaño, de la misma manera que declara su necesidad de creérnoslo, puesto que quizá la señorita Adela no existió con ese nombre pero si quizá con otro y todo lo que le ocurre, realmente es, o no, tan esperpéntico en esa época de desenfreno), pero creo firmemente que estos son solo anecdóticos para recordar que “todos estamos vivos” aunque por el camino se hayan quedado bastantes cadáveres.

    Una lectura brutal, como he dicho anteriormente, con todos los ingredientes necesarios para conocer una “movida madrileña” que hasta el momento nadie se había atrevido a contar tan abiertamente.

    De lectura ágil y trepidante, una vez que te adentras en sus páginas es difícil no terminar, como me ha pasado a mí, en el mismo día con ella.

 

VALORACIÓN: 10/10

 

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